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Biotopía, el sueño que aguarda en cada esquina

El año que acaba de empezar puede ser una página en blanco para, como dice la autora de esta columna, "recalar en lo bueno y verdadero que ya ocurre entre nosotros". ¿Empezamos por tener los pies en la tierra y los ojos en el cielo?

Por Fabiana Fondevila*

La llegada de un nuevo año siempre tiene cierto perfume a página en blanco, regalo por abrir, utopía. ¿Qué podremos lograr en el año a estrenar, que hasta ahora no hemos podido? ¿Qué podremos soltar, empezar, sostener, concretar?

De la mano de lo nuevo, viene también el balance. Si nos miramos como humanidad, inevitablemente saltan a la memoria sucesos dramáticos, aún sin resolver; preocupaciones que no desaparecerán con el cambio de dígitos, y un planeta que pide de nosotros un cambio urgente de conciencia y de conducta.

Las noticias nos recuerdan estos desafíos a diario, y es necesario que lo hagan. Pero, por diversas razones, no dan cuenta del todo: omiten informarnos de los progresos, las reparaciones, las restauraciones que ocurren a diario, sin bombos ni platillos, en todas partes del globo.

Si los desafíos y las injusticias activan, las noticias de esfuerzos nobles y exitosos nos dan fuerza para encararlos. En lugar de ansiar un “mundo nuevo”, exento de los problemas y dificultades actuales, podemos recalar en lo bueno y verdadero que ya ocurre entre nosotros, y sumar nuestra energía a esas ondas expansivas, donde más nos convoque.

Un lugar vivo

La palabra “utopía” se compone del término griego «topos» (lugar) y de su negación, «ou-» (no), y significa “ningún lugar”, “lugar que no existe”. Y si bien, como dijo el buen Galeano, lo inalcanzable de las utopías nos ha servido para caminar, creo que hoy no nos acompaña bien un término tan absoluto, como tampoco su opuesto (distopía, esa condena a la alienación sin retorno).

¿Por qué no acudir, entonces, a un término nuevo? ¡Biotopía!

Bio” significa “vida”, por lo que el término describe, literalmente, “un lugar vivo”. Y ese lugar vivo -en el que, efectiva y milagrosamente, vivimos- es por definición pujante, dinámico, resiliente. Hablar de una biotopía no es edulcorar la realidad, ni disimular el tamaño de las pruebas que esperan; es invitarnos a ver lo que hay, a hacer yunta con los árboles, los ríos, la red micelar que todo lo conecta; es confiar en la magnitud de la red; es redoblar la apuesta.

«En lugar de ansiar un ‘mundo nuevo’, exento de los problemas y dificultades actuales, podemos recalar en lo bueno y verdadero que ya ocurre entre nosotros, y sumar nuestra energía a esas ondas expansivas, donde más nos convoque»

En 1973, el psicólogo humanista alemán Erich Fromm creó el término «biofilia», para nombrar «el amor apasionado a la vida y a todo lo que está vivo».

En los 90, Janine Benyus dio nacimiento oficial a la «Biomímica», una disciplina que estudia los procesos y mecanismos de la naturaleza, para aplicarlos a problemas y desafíos humanos. Uno de sus principios regentes afirma que «La vida crea condiciones conducentes a la vida».

La biotopía es una invitación a recoger ese espíritu, a convertirnos en embajadores de esa red viva, que abarca el mundo más-que-humano y que nos da sustento, sentido y alegría.

Habitar la biotopía es reconocernos, por un lado, como individuos, con deseos individuales, y por otro, como parte de un organismo mayor, con designios y aspiraciones propias.

No necesitamos elegir: podemos atender nuestras necesidades, como un roble que busca el sol, y al mismo tiempo, entregarnos a los intercambios vitales que suceden bajo tierra, donde no hay roble sino bosque, ecosistema, organismo.

Llamaremos a ese accionar «biopraxis»: acciones conectadas y comprometidas con el mundo vivo. Aquí, una pregunta que nos puede hacer de guía: ¿Esta acción, decisión o estilo de vida que elijo, crea abundancia, libertad y posibilidades, para mí y para todos los seres que me rodean? En otras palabras, ¿crea condiciones conducentes a la vida?

Quizás la respuesta no sea siempre sencilla, pero la pregunta nos ayudará a mirar más hondo, hacia adentro y hacia fuera. Y a elegir como los embajadores de la vida que somos.

La invitación no es nueva. La pronuncian los poetas hoy, y hace milenios.

Aquí Rumi, el danzante, desde el siglo XIII:

“En algún lugar,
más allá de las ideas del bien y del mal,
hay un campo.
Nos encontraremos allí.”

Y aquí Gary Snyder, el poeta beat de lo salvaje, con su activismo de la delicadeza:

“Para escalar las cimas que vienen,
una palabra para ti,
y para tus hijos:

Permanezcan juntos,
aprendan los nombres de las flores,
pisen liviano.”

Que podamos entrar el nuevo año conscientes de la abundancia que nos rodea, y dispuestos a ser sus mejores custodios. La biotopía vive en nuestros corazones, y espera.

¡Por un 2024 de pies en la tierra y ojos en el cielo!

*Fabiana Fondevila es escritora, oradora y facilitadora de talleres de auto-transformación. Autora del libro Donde vive el asombro y creadora del sitio fabianafondevila.com.

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"La mente que se abre a una nueva idea jamás volverá al tamaño original". 

Albert Einstein