6 de abril de 2026
Al frente de la clase, Beatriz Leveratto despliega su gran talento: acercar a las personas al lenguaje de los astros. Desde hace casi tres décadas dirige una escuela de astrología y tarot cuya matrícula de inscriptos este año se disparó. En esas mesas largas donde cada vez más alumnos la escuchan con curiosidad y asombro, estudiaron también sus dos hijas, Florencia y Luciana Brizuela, quienes hoy dan clases junto a ella. Un destino compartido que, sin buscarlo, la encontró.
El camino no fue llano. A sus 28 años, recién separada y único sostén de dos nenas chiquitas, tenía que ganarse la vida. Fue secretaria en un importante laboratorio y cuando formó pareja con un compañero de trabajo, la echaron a ella, pero no a él. De un modo misterioso, esa crisis le abrió la puerta hacia su nueva vida. Estudió tarot, después astrología y, frente a esa pasión que la encendía, la gente comenzó a pedirle que enseñara.
En 1999 fundó Consideral, una escuela ubicada en Belgrano que tiene la fachada pintada de planetas y de estrellas. Años más tarde conocería a Alejandro Lodi, un navegante incansable de la poesía del cosmos con quien vivió una experiencia tan dura como transformadora: juntos tuvieron a Zoe, que murió en el parto y cuya partida inspiró en ambos un espíritu de profunda misión y trascendencia. Beatriz se emociona al recordar cómo abocarse a su primer libro: Tarot Arcanos Mayores y Menores (Kier), la acompañó a transitar el duelo: “Era llorar y escribir para que pasen los días”.
El tiempo la ayudó a sanar y despertó en ella la vocación de seguir escribiendo. Astrología desde Cero (Kier), el libro que acaba de publicar, es su primera guía para principiantes. “Quisiera que cada vez más personas descubran la astrología y encuentren un camino más genuino, más vital —señala sobre cómo esta herramienta de autoconocimiento puede ayudar a transitar la vida con mayor consciencia—. La carta natal es un mapa, un viaje hacia uno mismo donde se expresa el potencial, pero también las sombras, y donde vibran las personas y las situaciones con las que nos encontramos y podemos darnos cuenta de los patrones —a veces nocivos— que seguimos repitiendo”.
—¿Cómo fue para vos ese viaje iniciático de encontrarte con la astrología?
—En verdad mi primer acercamiento fue comprar un mazo del Tarot de Marsella, leer el librito que traía y ponerme a practicar. Después me anoté en una escuela y como las clases ya habían comenzado, llegué siendo “la nueva” y me tiraron las cartas a mí. Me impactó toda la información que fue apareciendo, cosas que recién se ven en varias sesiones de terapia. Después me anoté en astrología, pero tenía miedo de que fuera una truchada, así que me dije que solo iba a pagar el primer mes. Al final, terminé estudiando durante ocho años.
—¿Llegar a la enseñanza fue un camino natural?
—Sí, primero fue un grupo chico. Después participé como astróloga en varios programas de televisión. Poco a poco, la gente se fue acercando, aunque nunca quise convencer a nadie. Lo mismo les digo a mis alumnos, que no traten de convertir a los escépticos, sino de guiar a quienes están en la búsqueda. Hace años que ya no hago cartas natales, me cansé un poco de que los consultantes me pidieran las respuestas a mí, en vez de reconocerse parte del proceso. “¿Voy a volver con mi ex?”, te preguntan. Pero la astrología no puede decirte lo que te va a pasar, solo te puede ayudar a despertar.
—¿Y qué es lo que ocurre durante ese viaje?
—A mí me parece que entender de qué se trata ya es sanador. Cada carta natal es una partitura más compleja o más fácil de tocar. Lo que importa es cómo se ejecuta y con qué instrumento, porque si naciste con talento para la flauta ¿para qué tocar la guitarra? A la vez, es una semilla: si fuiste concebida como un roble, pero por ser mujer te dijeron que tenías que ser un jazmín, al final no vas a ser ni una cosa ni la otra. Reconocer cuál es tu energía te ayuda a que te dé el sol para que puedas florecer.

—En tu libro decís que “estamos hechos de cielo”. ¿Qué quiere decir?
—Que hay algo misterioso en ese primer aliento que damos separados del útero materno. Uno inhala la energía del cosmos, que todo el tiempo está vibrando y sonando. Claramente no estamos separados de él. Pero el desarrollo científico nos hizo creer que no había ninguna conciencia más allá de la humana. Entonces nos quedamos solos en un universo desanimado, desalmado. Yo, en cambio, creo que hay un propósito en el cielo y que la astrología te lleva de regreso a eso que sos y que quizás habías olvidado.
—¿Sentís que al enseñar estás dando un servicio?
—He visto llegar a muchas personas en crisis y fui testigo de su transformación. Tanto la astrología como el tarot te reconectan con la vida para invitarte a aceptar lo que sos y a no luchar más para encajar en ningún lado. Es una herramienta muy poderosa que, para mí, se debería enseñar en los colegios. Al ser un lenguaje simbólico, aunque no la comprendas igual te pasan cosas, como con la música: te interpela, te emociona, te transforma.
Pero no solo de cambios individuales se trata esta historia, sino de que la humanidad entera deberá abandonar su crisálida. Un proceso que, con la conjunción de Neptuno y Saturno en el grado cero de Aries, que tuvo lugar en febrero, hizo visible la tensión que existe entre un mundo que quedó viejo y otro que pugna por nacer. “Saturno es el último planeta visible del sistema solar. Y cuando se encuentra con alguno de los que solo se ven con un telescopio, como Urano, Neptuno y Plutón —que en astrología se llaman transpersonales— se visibiliza información importante para la conciencia humana”, describe y brinda otro ejemplo: cuando Saturno y Plutón se encontraron, en enero de 2020, la pandemia sacudió todos nuestros cimientos.
—La sensación es que no sabemos hacia dónde nos conduce todo esto.
—Claro. Quedamos con los canastos de la mudanza llenos, pero sin tener todavía la llave del nuevo mundo que vamos a habitar. Hay una gran incomodidad, porque ya no somos los mismos. Y esta conjunción es un catalizador de esa sensibilidad, de ese caos, de ese desborde que sin duda nos mostrará un orden mundial diferente. La última vez que Neptuno pasó por Aries, hace 164 años, cambiaron muchas cosas, ¡se abolió la esclavitud! Hoy, lo conocido se está desmoronando: el capitalismo y el comunismo ya no son parte de un orden incuestionable.
—¿Qué hacemos frente a ese no saber?
—Siempre digo que está bueno no tener las cosas demasiado claras. Porque ¿para qué, si no podemos controlarlas? Cuando Urano, el rayo de Zodíaco, ingrese al signo de Géminis a fines de abril, todo se va a acelerar hasta límites impensados. Urano es el loco, el creativo, y en Géminis se siente a gusto, porque es un signo de aire. Habrá algo de liviandad, de ese no controlar. Sumado a la conjunción de Neptuno y Saturno, es un tiempo que propone muchas cosas. En principio, tomar conciencia de que todos somos como un océano de humanos conectados a través del alma.
—¿Será un regreso a lo espiritual?
—Sí, pero a lo espiritual desde otro lugar. No a través del dogma ni de la ortodoxia, sino desde el amor, la presencia, la solidaridad. Cada vez más personas están levantando la mirada hacia el cielo para darse cuenta de que no solo se trata de vivir para pagar los impuestos, sino de recuperar el sentido de la vida. Una vez me consultó un hombre de 80 años que había trabajado toda la vida vendiendo seguros de autos. Alrededor de sus 40, tuvo la posibilidad de ilustrar en una revista, que era lo que amaba. Pero no se animó a dar el salto, dejó pasar la oportunidad por miedo.
—Ya que traés el tema, ¿qué reflexión te merece el miedo?
—Todos tenemos miedo. A mis alumnos les digo que no esperen no tenerlo para asumir el riesgo de dejar una pareja o un trabajo donde la pasan mal, para lanzarse a construir algo nuevo. La fantasía es creer que, cuando uno no tenga miedo, se va a animar. Y es al contrario: se trata de avanzar aunque no haya certezas, esa es la energía disponible para este año.

—Un año que reducido a una sola cifra da el número uno, El Mago del tarot. ¿Qué nos dice eso?
—El Mago invita a iniciar sabiendo que todo es un gran hechizo y que lo que pasa depende de cómo uno lo ve. Ante cada escenario, el observador decide si pone el foco en lo bello o en lo horrible, porque toda realidad conlleva a una decisión. Desde el tarot, este año propone un reseteo, lo mismo que en el plano astrológico. Es tiempo de un nuevo comienzo, y la pregunta es esta: ¿Cómo querés que sea tu vida? No le pidas que conteste a tu familia ni a tus amigos. Cada uno deberá encontrar su respuesta. Pero no solo para hacer lo que quiere, sino también para encontrarse más amorosamente con otros.
—Por último, de cara a este nuevo conflicto bélico mundial, ¿qué debemos preguntarnos?
—Habría que preguntarse cómo fue que nos metimos otra vez en este quilombo. Porque, más allá de lo que hagan Trump o Putin, la cuestión es el daño que esta sociedad que se supone racional, lógica y cientificista pero separada del alma colectiva nos hace con sus luchas de poder y sus guerras. Por eso, el llamado de Neptuno es a conectarnos desde lo sensible, desde lo empático, y el de Saturno dejar atrás las viejas estructuras. A finales de junio Júpiter, el planeta más grande del sistema solar, entra en Leo y la esperanza es que encontremos un fuego sagrado. Es verdad que da la impresión de que todo está ocurriendo demasiado rápido… Por eso, quiero ser como el piloto que te avisa que tenés que soltar tu café antes de la tormenta para que, aunque haya turbulencias, vos no te quemes. Acompañar ese despertar de la consciencia es lo que me llena el alma.
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Hermosa mi Maestra Bea! un placer escuchar la profunda decodificación de las almas que transitamos su Escuela (sitio sagrado de un saber muy sublime) y de las de la sociedad en general. Eterna gratitud por el espacio que ha creado y el compartir de sus saberes mágicos!