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Artes

1 agosto, 2016 | Por

Bailar a metros del suelo

Hoy es habitual ver a artistas flotando en el aire, pero cuando Brenda Angiel se colgó de un arnés por primera vez, hace veinticinco años, había un largo camino por recorrer. Desde entonces, con una estética propia, esta bailarina y coreógrafa revitalizó la danza contemporánea y el tango aquí y en el mundo.


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Foto: Estefanía Landesmann.

Bailar sobre las paredes, suspendida por sogas y arneses, abrazarse con otros en el aire y separarse solo para seguir moviéndose con saltos hipnóticos es algo de lo mucho que ha hecho Brenda Angiel a lo largo de más de dos décadas. En escenarios de teatros y en espacios no convencionales, como fachadas de edificios –siempre a varios metros del suelo–, la bailarina y coreógrafa renovó formatos y géneros, y asegura que busca sorprenderse a sí misma en primer lugar. Aburrirse, jamás.

Brenda Angiel se apasionó con la danza contemporánea cuando era muy joven, lleva años dirigiendo y dando clases, y bailó y baila a veces todavía. Atrás en el tiempo, dio sus primeros pasos en el mundo del teatro-danza junto a Ana Itelman, para más tarde incursionar en las manifestaciones artísticas de los mejores coreógrafos del mundo.

“Hacía coreografías y bailaba en el suelo hasta que descubrí que podíamos hacerlo en el aire, cambiar el piso”.

A los 22 años viajó a Nueva York para abrir su cabeza, y allí tomó clases con el mayor referente que tiene hasta hoy, el coreógrafo Alwin Nikolais. A Buenos Aires regresó tres años después, en 1991, y montó incontables puestas, además de compartir con otros lo que había aprendido, como docente en el Centro Cultural Rojas.

Claro que por entonces no se imaginaba que en 2012 volvería a pisar un escenario de Broadway –con 8cho, su espectáculo de tango aéreo– ya consagrada, o que viajaría para dictar master classes, hasta terminar, en 2013,  estrenando un espectáculo en colaboración con otro gran coreógrafo, Doug Varone, en la Brooklyn Academy of Music.

Su hoja de ruta es intensa, y el reflejo de las paredes de su estudio (con notas sobre sus espectáculos) da cuenta de viajes por todo el mundo. En 2014 abrió sala propia, Aérea, en su estudio del barrio de Almagro, y por estos días viene de reestrenar el espectáculo Air Condition –donde cruzó coreografías con proyecciones en video–. En julio la obra se verá también en el Festival de Teatro de Sibiu, en Rumania.

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“Lo de la danza aérea apareció como parte de un proceso; estaba preparando una obra, me puse a probar sobre una pared y vi que podíamos cambiar el piso y luego el borde del escenario hasta invadir al público. Finalmente terminamos haciendo todo colgados de sogas y arneses”, recuerda la artista que, en enero pasado, cumplió 50 años.

–¿Cómo fue desarrollar un lenguaje en el movimiento y qué cambió desde que te “colgaste” por primera vez?

–La danza aérea ya no es una novedad sino algo más cotidiano. Al principio había que descubrir cómo hacer las cosas, poner una soga cerca de la pared y ver cómo caminar, correr, ponernos boca abajo. Fui probando con distintos elementos y hoy para mí ya es casi como si los bailarines caminaran aunque estén en el aire. Cada obra marcó un desarrollo en el lenguaje y fui investigando la tecnología para hacer animaciones de proyecciones. En Air Condition los bailarines arman un caleidoscopio e interactúan con la proyección.

–¿Qué te da el aire que no te da el suelo?

–Muchas cosas, pero eso depende de cómo se ubique el bailarín. Si lo pongo con una soga elástica, tiene un vuelo y un aterrizaje, una flotación especial, y eso permite una forma de sentir el aire, el espacio, las alturas y los movimientos. Si se ubica sobre la pared, cambia la perspectiva y hay otra velocidad, otras energías. Lo que se siente ahí arriba es una seudolibertad, en realidad, porque estás atado a una soga que te deja hacer pero que te restringe un poco también.

–¿Innovar sigue siendo una preocupación? ¿Por dónde pasa la búsqueda ahora? 

–Siempre que encaro algo, busco que para mí sea una novedad. Cuando termino una obra  me parece que se acabó todo, pero después todo se asienta y dan ganas de seguir. Además, las obras se han ido modificando. A 8cho, la obra de tango, la estrené en 2009 y ya le sumé cinco partes nuevas. Lo que hacemos es inagotable porque la idea es darles una vuelta de tuerca a las cosas. Podés armar desde algo sencillo hasta algo más espectacular.

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–¿Hay una marca de Buenos Aires o de identidad en tus espectáculos?

–En el espectáculo que hicimos sobre tango sí, pero en los demás no sé. Uno crea desde la identidad de uno y algo debe de haber, pero no me interesa poner el tema porque sí. Cuando empecé a hacer el espectáculo de tango, tardé porque no quería caer en el clisé de la Argentina y el tango aéreo. Si en el piso el baile era tan lindo, ¿para qué íbamos a hacerlo en el aire? Con el tiempo le encontré el punto y quise hacer una fantasía, un sueño de tango. Dejar que el hombre pudiera agarrar a la mujer, llevarla y hacerla volar, pero también al revés, que ella pudiera llevar el mando.

–Corriste al tango del machismo y de la idea fija de que el hombre lleve a la mujer… 

–Sí. Quería sacarle el cartón al tango y que las mujeres tuviéramos otras posibilidades. El tango tradicional tiene el machismo incorporado. El hombre guía a la mujer, que se deja llevar. A mí me cuesta bailar el tango: me aburre que me estén diciendo todo lo que tengo que hacer. No poder tener  iniciativa. Por eso decidí hacer algo que pudiera funcionar a nivel estético y donde hubiera dos mujeres arriba, que es muy plástico. O que en algún momento el hombre estuviera abajo y la mujer arriba. Me olvidé del macho total, pero también de la mujer “come hombres”.

Bailar y volar

La escuela de danza aérea de Brenda Angiel brinda clases para niños y también para adultos. Además se puede cursar la carrera de intérprete y profesora en danza aérea. Para mayor información podés enviar un correo electrónico a danzaerea@gmail.com o bien comunicarte telefónicamente al (011) 4983-6980. Conocé su trabajo en www.danzaerea.com.ar

–Con la compañía, ¿hubo tiempos difíciles?

–Al ser independiente y trabajar con el exterior, atentos a los festivales y otros eventos, hay años en los que las crisis nos afectan. Pero hemos aprendido a no depender tanto del ámbito local. Acá hay cambios, de lo económico a lo político, casi constantes y una falta de apoyo a la cultura en general. En la Argentina hay talento y valores, pero los apoyos oficiales están tomados por la coyuntura política y los amiguismos, y es agotador. Los grupos que subsisten son los que viajan afuera.

–Estás casada con Daniel, que es arquitecto, y tienen dos hijas. ¿Las chicas también bailan?

–La mayor no baila y la menor sí: hace hip hop y danza área. Está muy enganchada con el hip hop, donde hay un enorme talento en la música y en la danza. Los B-Boys vienen rompiendo la danza contemporánea, tienen una forma de moverse impresionante y pasan horas entrenando e investigando.

–¿Y qué compartís con otros como docente?

–Lo de las clases es lindo y lo hago desde hace años. Ahora tenemos la escuela y los bailarines de la compañía dan clases acá. La  experiencia no es solo para  bailarines, sino también para quienes quieran venir a bailar. La idea es que experimenten otras sensaciones, y se conecten con el cuerpo, con el juego y lleguen a otras alturas. Más allá de la técnica, del trabajo de coordinación y la relación con la música, acá se generan vínculos muy potentes.

–¿De dónde nacen las ideas para tus espec-táculos y qué viene ahora?

–Voy probando, investigando y parto de una idea madre. Tengo el inicio de lo que quiero y adónde quiero llegar, y a veces falta el camino, que aparece con los ensayos. Las ideas pueden surgir de la danza pero también de una lectura, una película o un viaje. Ahora  estoy armando un espectáculo para chicos que probablemente se llame El círculo. Va a ser en 3D y va a tener una caja escénica con proyección. La idea es estrenarlo en los próximos meses. Armarlo lleva tiempo, porque en la danza no es como en el teatro, donde los actores cuentan con el lenguaje. Acá hay que generarlo de cero, y es esforzado pero también apasionante.

 Mirá parte de su espectáculo 8ocho:

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