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Psicología

5 agosto, 2019

Automaltrato: ¿cómo impacta lo que nos decimos?

Tener una opinión sobre nosotros mismos es imprescindible para aprender, reparar errores y sanar. Pero muchas veces, a la hora de evaluarnos, entablamos diálogos interiores que nos hacen doler. Claves para aprender a respetarnos.


Foto: Juan Pablo Arenas (Pexels).

Por Graciela Figueroa

A través de nuestros diálogos interiores establecemos una relación con nosotros mismos. Esa voz repite, una y otra vez, aquello que ya escuchamos a lo largo de nuestra historia y nos dejó huellas muy profundas. Y es tal el impacto que esa conversación produce, que puede fortalecernos o debilitarnos.

Nuestro diálogo interior reproduce muchos de los contenidos de nuestro pasado y los actualiza. Algunos nos han sido propicios, han consolidado nuestros talentos. Pero otros no.

¿Qué consecuencias tiene aquello que nos decimos en nuestro ánimo, en nuestra vida? 

Si cuando nos equivocamos o no cumplimos con nuestras propias expectativas, por ejemplo, lo que más escuchamos son frases del tipo: “¡Cómo podés ser tan tonta!”, “¿Por qué te presentaste a concurso si sabías que no podías ganarlo?, “¡Mejor quedate en casa y no hagas nada más!”, “¡Qué #*@…!”, el efecto que se produce es un aumento del dolor, de la inseguridad  y un progresivo deterioro de nuestra identidad.   

“Si una persona atraviesa una situación de pérdida, una separación o enfermedad y además se automaltrata a través de lo que se dice, añade sin desearlo ni saberlo dolor al dolor. Y su clima interno, que ya alberga un alto nivel de malestar, se suma al padecimiento de la situación que está viviendo…”.

Cuando lo que nos decimos nos descalifica, acusa, reprende o reprocha, ese diálogo interno crea dificultades y tristezas.

Si una persona atraviesa una situación de pérdida, una separación o una enfermedad y además se automaltrata a través de lo que se dice, añade sin desearlo ni saberlo dolor al dolor. Y su clima interno, que ya alberga un alto nivel de malestar, se suma al padecimiento de la situación que está viviendo.   

Supongamos que me equivoqué en algo y eso me apena, y además escucho mi voz interior que dice: “¡Pero siempre hacés todo mal!”. ¿Me ayuda en algo eso que digo? ¿Me predispone a aprender? ¿Qué necesitaría escuchar cada vez que me equivoco o que algo me resulta difícil de concretar?

El efecto de lo que nos decimos es máximo. Tanto para herirnos como para sanarnos. Y no sólo es importante lo que nos decimos sino también cómo lo hacemos: ¿de qué manera nos sentimos al ser tratados así?

Les sugiero destinar tiempo a responderse esa pregunta, porque en la respuesta habita la información que necesitamos para construir bases sólidas a la hora de hablarnos de un modo que nos ayude, en lugar de complicarnos o herirnos más.

Aprender a respetarnos

En esa continua comunicación entre yo y yo se manifiesta con nitidez “lo que opino de mí”… Y, como ya sabemos, ¡se trata de una opinión que nos afecta muchísimo! Para decirlo con sencillez extrema: en cada uno de nosotros hay un aspecto interior que realiza (por ejemplo, el que ahora me hace escribir este artículo) y otro que evalúa (el que dice qué y cómo lo escribo).  Estos dos aspectos están en interacción continua, como los movimientos de sístole y diástole del corazón. 

Entonces, ¿cómo se siente la que escribe al escuchar a la que evalúa u opina?

Opinar o evaluar interiormente es imprescindible para aprender, para reparar errores y para sanar. Pero esta función se puede ejercer de diferentes maneras, por lo que es necesario observar cómo nos evaluamos. Hay modos de opinar y de evaluar que derrumban, que dañan, pero también hay otros que fortalecen, acompañan y ayudan a reparar. 

Foto: Juan Pablo Arenas (Pexels).

Qué pena que esta vez no nos salió como esperábamos… Tomemos ahora un descanso y luego enfoquemos nuestra energía en ver qué podemos aprender para que la próxima tengamos mejores recursos”, es una buena frase para demostrar de qué manera opera el autorespeto.

Si persistimos en el interés y el respeto por descubrir, encontraremos un tesoro de profunda sabiduría.   

“Enfocar esa conversación interior es el primer y definitivo paso para iniciar una experiencia que nos asombra una y otra vez: nuestra capacidad de crear vínculos interiores y exteriores que no aprendimos, que vamos creando y que pueden superar en amor, cooperación y respeto a lo recibido”.

Suelo preguntar a quienes me consultan: “¿Le dirías a un amiga querida que reconoce haberse equivocado en algo significativo de su vida, lo que vos te decís cuando te equivocás?“. Y siempre me responden que por supuesto que no, porque eso la haría sentir peor. Inmediatamente, se sorprenden con su respuesta.

Nuestra conversación interior no es elegida: se parece más a un programa que está activo y del que muchas veces no somos conscientes. Enfocar esa conversación interior es el primer y definitivo paso para iniciar una experiencia que nos asombra una y otra vez: nuestra capacidad de crear vínculos interiores y exteriores que no aprendimos, que vamos creando y que pueden superar en amor, cooperación y respeto a lo recibido.

La generosidad  y maravilla de la vida que nos creó está allí manifestada.

La Sabiduría andina nos regala el Ayni: vínculos con todo lo que existe de reciprocidad, cooperación, ayuda al otro… ¿Y si realizamos esa práctica en nuestro interior también? Ofrecer–nos a todos un “cuidado mutuo” basado en el amor y sus acciones: compasión, respeto, protección, reciprocidad, ternura, atención. ¿Qué les parece la propuesta? 

Graciela Figueroa es Counselor, Formadora en Autoasistencia Psicológica® y Especialista en Emociones y Diálogos interiores. Info: autoasistenciagracielafigueroa@gmail.com

ETIQUETAS diálogo dolor duelo maltrato pérdida psicología sabiduría separación Vínculos

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