24 de abril de 2025
Recuerda que sabes volar, se titula la primera escultura con la que el Museo Campo Cañuelas, recientemente inaugurado, recibe a los visitantes. Suspendida sobre el suelo natural y construida con acero corten calado, emulando el color amarronado de la “mariposa de los naranjos”, esta pieza de arte de casi tres metros de alto y más de cinco metros de ancho habla de recorrido y de transformación. El óxido del material se despega del azul del cielo, del verde de los montes plantados hace décadas y de las praderas especialmente plantadas para darle sostén visual a la pieza. El observador se sumerge así en un nuevo marco desde donde apreciar el arte y los artistas: la naturaleza.
Como parte de un proceso integral de transformación, los museos sacaron el arte al espacio “de afuera” y la Argentina no es la excepción. Outdoors, puertas abiertas, aire libre, todo lo que describa e implique verde y azul: hoy incluyen bosques, parques sin bordes, pampas salpicadas de montes. Son paisajes que liberan nuestra mente y nuestra alma, por un momento, por unas horas o por un día entero.
Pero no solo se trata de liberar la experiencia personal sino de liberar el típico concepto de museo, cerrado, impoluto, casi de templo. Desde la experiencia social, el museo se repiensa hoy como un hub: un polo en donde se entrecruzan no solo al arte y la cultura en todas sus posibles formas sino la comunidad local con los artistas, con experiencias inmersivas que eliminan las icónicas barreras y anteriores distancias, entre el hacedor y el observador.
Los modos, los ritos y los hábitos para conectar con la creación artística son procesos en constante transformación. Especialmente los hábitos, individuales o sociales, cambian. El factor común es algo nuevo, principalmente nuevas realidades a las que adaptarse. En este sentido, la pandemia motivó cambios y adaptación, uno de ellos, la necesidad de una mayor cercanía y contacto con la naturaleza.
En países como Estados Unidos y Japón, y en Europa, hay decenas de ejemplos de estos nuevos museos que buscan el diálogo entre el trabajo de los artistas y el paisaje. En Latinoamérica, en el sureste de Brasil, el Instituto Inhotim simboliza de modo sublime las nuevas relaciones entre arte y naturaleza. Con una superficie de 140 hectáreas, casi mil obras y un jardín botánico con 4.300 especies de plantas, este centro de arte contemporáneo a cielo abierto ofrece el verde y el azul que ansiamos, todos, sino todo el tiempo, en algún momento. Naturaleza infinita enmarcando piezas de arte que nos conectan con lo que no tiene, y no necesita, mucha explicación.

En el ámbito local y en línea con estas tendencias, los últimos años han dado nuevos espacios fuera de la ciudad. Malba Puertos, inaugurado en septiembre de 2024 y Museo Campo, aproximadamente un mes después, son dos ejemplos que desarrollan la fórmula arte + naturaleza de modo poético y contribuyen a redefinir la relación museo-usuario.

Malba Puertos es la nueva casa del icónico Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, Malba, uno de los museos más prestigiosos a escala local e internacional, fundado por Eduardo Costantini e inaugurado en el año 2001. Localizado al noroeste de la Ciudad de Buenos Aires, en Puertos, Escobar, el nuevo museo invita al recorrido espontáneo desde una sala a la otra y suma espacios de exhibición al aire libre enmarcados por un bosquecito de alisos.
Diseñado por Estudio Bulla, este “friso” de 150 metros de largo, ofrece tres salas abiertas que se conectan por medio de una pasarela metálica a través de la cual es posible ver la tierra, debajo, siempre cubierta por nuevos brotes. La recreación del sistema natural —el bosque y los suelos de humedal—, fue posible gracias a una búsqueda minuciosa de especies nativas del ecosistema ribereño regional, que crecieran dentro de los límites de Puertos.

Al deambular por el espacio, el visitante encuentra a su paso mariposas y pájaros que interactúan con esculturas de mediana y gran escala y con piezas dispersas a lo largo de senderos, de los bordes del lago central y en espacios de encuentro.
Museo Campo Cañuelas, localizado hacia el suroeste de la Ciudad de Buenos Aires, es el primer museo en la Argentina dedicado a grandes esculturas al aire libre. Este nuevo espacio, desarrollado por Fundación Tres Pinos, cuya primera creación fue el Museo MARCO La Boca, institución cultural con la cual trabajan en conjunto, tiene al paisaje de las pampas como principal atractivo. Ernestina Anchorena, la arquitecta paisajista a cargo, define sus viajes entre la ciudad y el campo —un recorrido obligado para llegar al sitio—, como la inspiración clave del diseño.

La elección de plantas que enmarcan cada escultura y el sendero sinuoso que conecta unas con otras surgió de la observación de las especies resilientes a sequías, grandes lluvias y sobrepastoreo. Originalmente una típica quinta suburbana, el sitio estaba cerrado con un muro que fue demolido con el objetivo reconectar el paisaje existente.
Con una colección permanente de diecisiete piezas diseñadas en su mayoría por escultores argentinos reconocidos internacionalmente, que van desde el célebre y recientemente fallecido Luis Felipe Noé hasta Gabriel Chaile, uno de los jóvenes escultores que hoy expone en diversos espacios de arte internacionales, Museo Campo ofrece una experiencia de descubrimiento inmersa en el paisaje patrimonial de las pampas.

Otros ejemplos, tales como Isla El Descanso, en el Delta del Paraná, o Bellatrix, en San Antonio de Areco, se unen a esta tendencia y ofrecen, aunque de modo más exclusivo, la posibilidad de retirarse del entorno urbano y acceder a colecciones de arte cuyas piezas se enmarcan en entornos bucólicos y con valor cultural.
Nuevos hábitos que incentivan una relación y una conciencia comprometidas con el universo natural que nos rodea. Universo que, de hecho, ha sido siempre la inspiración primera de toda expresión artística.
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Muy buena
Iré a visitar cfo viaje A Buenos Aires.
Gracias