Sophia - Despliega el Alma

Inspiración

8 septiembre, 2020

Apostar por la vida

Un cuaderno es testigo de aquello que comenzó durante los últimos días de febrero y que la autora de este texto anotó en él sin saber que ese pequeño dato cambiaría por siempre el rumbo de su vida y el de toda la humanidad...


Por Mari Paz López Santos

Suelo llevar en el bolso un pequeño cuaderno con bolígrafo enganchado en las anillas. Compañero de viaje por la vida, me ayuda a retornar, a no olvidar. Anoto alguna frase que escuché, me sorprendió y me hizo pensar por un instante antes de seguir mi camino.

Pero la función real que cumple mi cuaderno es confiarle mis ideas. Esas que surgen a la velocidad de un destello en el momento más inoportuno: en el coche a punto de ponerse rojo el semáforo, el autobús llegando a la parada, o cuando alguien me requiere para algo y no puedo dejarle con la palabra en la boca. En cuanto puedo anoto a toda máquina la idea antes de que se difumine en mi cabeza.

Sus hojas son un almacén de notas, con letra terrible, donde quedan custodiadas ideas que de no estar anotadas corren el riesgo de desaparecer. En ocasiones tienen a bien volver, pero no siempre. Por eso, la fidelidad de mi pequeño cuaderno la valoro infinito. En su seno las ideas toman cuerpo y permanecen a la espera de que vuelva.

Eso me ocurrió hace unos meses y aquí copio literal lo que escribíy he leído hace unos días:

25 febrero 2020. Leo en el kiosco de prensa: ‘La OMS* pide al mundo que se prepare para una pandemia”… sigo de camino. Esperando el autobús miro la publicidad de una película francesa: Lo mejor está por llegar, con foto de dos hombres riéndose y un comentario sobre la película: ‘Una apuesta por la vida’

Imposible imaginar lo que se avecinaba en menos de tres semanas. Ahora ya lo sabemos. Lo vivido individual y colectivamente es la experiencia de todos en lo mismo, aunque no de la misma manera ni con la misma comprensión.

La dura experiencia de la enfermedad, el dolor y la muerte sin el recurso a mano del control sobre un algo desconocido y empoderado que se ríe de nuestras ex-seguridades y  ex-controles, dejándonos menguados, ateridos y encorvados; sin poder utilizar los recursos afectivos elementales: el abrazo, el beso, la caricia, el apretón de manos, la sonrisa visible, la carcajada amplia… ¡menos mal que los ojos hacen un buen trabajo y estamos aprendiendo!

La OMS avisó de un gran peligro, así está anotado en mi cuaderno. ¿Hay alguien desde alguna institución con solvencia que nos ponga en guardia de que lo mejor estaría por llegar si empezamos a romper los moldes de la “antigua normalidad”? No escucho voces en ese sentido.

Pero no podemos quedarnos mirando a las alturas y esperando que nos lo den hecho. Tenemos que empezar a mirar el horizonte y creer que lo mejor está por llegar…  aunque cueste. ¿Verdad?

No queda otra que avanzar sin quedarnos metidos en la gruta del miedo, cerrando los ojos ante una realidad que no va a ser la que conocíamos.

De forma creativa hay que dejar de lado el individualismo de sálvese quien pueda, quitar la etiqueta de lowcost a la vida de la gente, hacer un riguroso uso del dinero común cortando las vías de escape hacia el charco fangoso de la corrupción, educar en valores individuales y sociales, esto no es barra libre de derechos y absentismo de obligaciones.

Desde una creatividad no violenta denunciar el mal uso de la palabra, la información, la comunicación en la política, los medios periodísticos, las redes sociales y también en las conversaciones de pasillo, de caña o café.

Creo que ha llegado el tiempo de apostar por la vida. Y para ello es inevitable reflexionar si estamos dispuestos a ser cada vez más quienes creamos firmemente en la unidad como pieza clave en el camino que tenemos por delante; el cuidado de unos por otros como herramienta que nos hará fuertes; el cambio en la forma de consumir será una revolución pacífica pero contundente en beneficio de la humanidad y de la naturaleza.

Para una seria apuesta por la vida habrá que mirar hacia atrás viendo lo que no se puede repetir, lo que hay que cambiar.

No va a ser fácil, pero será una apuesta ganadora si pensamos en una vida mejor no para unos a costa de otros; ni siquiera para muchos, ha de ser para todos.

Gentileza Eclesalia.net

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