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Artes

5 marzo, 2020

Antonella Saldicco, una pasajera en tránsito

En el cine es Emilia, una chica que debe iniciar un largo viaje. En la vida real, la actriz y escritora también se encuentra en pleno movimiento y, de tanto en tanto, se pierde (y se encuentra), en los fascinantes escenarios donde transcurren su carrera y su mundo íntimo.


Antonella Saldicco nació en Estados Unidos y llegó a Argentina en 2007. Foto: Fausto Elizalde.

Por Agustina Rabaini

¿Quién no lloró o se hundió en la nostalgia al recordar a un ser querido en el lugar en el que estuvieron juntos, o al reencontrarse con un viejo amor que no pudo ser? En La muerte no existe y el amor tampoco, segundo largo del argentino Fernando Salem, Antonella Salicco es Emilia, una chica embarcada en un viaje hacia el pasado, lleno de de recuerdos y reencuentros, para regresar a los lugares familiares del pueblo remoto en el que creció, sabiendo que el trayecto esconde un viaje de regreso a sí misma.

Una experiencia nada ajena a la actriz, que en la vida real también protagoniza la búsqueda de una vida propia en una gran ciudad.

LA MUERTE NO EXISTE Y EL AMOR TAMPOCO SE PROYECTA LOS SÁBADOS A LAS 22 EN MALBA (AV. FIGUEROA ALCORTA 3415, CABA).

“Ser artista es: no sumar ni contar; madurar como el árbol que no apura su savia y se erige apacible bajo las tormentas de primavera sin temer que el verano no vuelva a llegar. El verano siempre llega. Pero solo para los pacientes, que están ahí, como si la eternidad se extendiera frente a ellos, tan despreocupada, silenciosa y vasta…”.

Son palabras traídas de la obra Cimarrón, de la escritora, dramaturga y cineasta Romina Paula, la autora de Agosto, el libro que inspiró la película que Antonella protagoniza. Con ella tomó talleres de narrativa durante cuatro años. Qué difícil, de pronto, no quedarse mirándola decir “¿Cuál es el pez que tiñe el mar?”, entre otras imágenes que suelta como si nada cuando comparte sus propios escritos literarios, con pulso firme y delicadeza al nombrar. 

Podés leer nuestra entrevista a Romina Paula haciendo clic acá.

En la edición 34º del Festival de Cine de Mar del Plata para compartir su último trabajo.

Es que Antonella Saldicco, talentosa actriz y escritora argentina, gusta de escribir cuando no actúa (o mientras tanto), tiempo en el que intenta además comprender los ciclos inestables del oficio y adorar la cultura japonesa y la sabiduría venida de oriente –sus tiempos, su estética y sus representaciones–, aunque haya crecido entre Estados Unidos y Alemania y se dedique a dar clases de conversación en inglés y alemán.

Un viaje de muchas estaciones

Saldicco nació en Florida, Estados Unidos, en 1986, y creció en Heidelberg, Alemania, donde cursó la escuela secundaria. Llegó a Buenos Aires en 2007, y aquí comenzó la Licenciatura en artes dramáticas en la Universidad Nacional de las Artes (UNA). Con los años, se formó también al lado de Federico Falco, Maricel Álvarez y actualmente cursa la Maestría en Escritura Creativa de la UNTREF.    

Hoy elige permanecer acá, el lugar de origen de sus padres y una de las ciudades más sensibles al trabajo artístico colectivo, la autogestión y la creatividad.    

En la película de Fernando Salem, que puede verse los sábados a las 22 en MALBA es Emilia, una joven médica que regresa a su pueblo natal en la Patagonia desde Buenos Aires, para esparcir las cenizas de su mejor amiga Andrea (Justina Bustos), fallecida tiempo atrás. Ese viaje de retorno al lugar de origen la hará revivir y reencontrarse con familiares y con un viejo amor, en una historia que atraviesa el dolor frente a las pérdidas, bucea en los tiempos del duelo y en lo que pudo ser y no es, con una cuota de nostalgia y honestidad que despierta identificación en el público.

La actuación y la escritura me permiten armar universos donde puedo jugar”, dice ahora Antonella en un bar, al terminar una de las funciones de la película. Desde que recuerda, siempre quiso ser actriz.

Quería actuar desde que era una nena, y no sabía de dónde venía esa expresión de deseo, pero no me soltaba. Recién con el tiempo pude entender qué tipo de actriz quería ser y ahora me gusta poder elegir los proyectos y me sorprende cómo se van enganchando entre sí”.   

La actriz junto al director, Fernando Salem, durante el rodaje de La muerte no existe…

HOJA DE RUTA Antes de protagonizar La muerte no existe y el amor tampoco, adaptación fílmica de Agosto, la novela de Romina Paula y dirigida por Fernando Salem, Antonella Saldicco protagonizó El vecino alemán, de Rosario Cervio y Martin Slifkin y Una cierta chica alemana, cortometraje dirigido por Rosario Cervio. En mayo de 2016 viajó a Berlín becada por el Instituto Goethe para participar de un workshop dictado por Akira Takayama, en el marco del festival internacional de teatro alemán Berliner Festspiele. En 2018 fue ganadora de la Beca nacional de formación de Sagai. En teatro actuó en Los Nadadores, dirigida por Laura Santos en Zelaya, Beatrix Cenci, dirigida por Alejandro Tantanian, en el Teatro Colón y Usted esta aquí, dirigida por Natalia Chami y Romina Bulacio Sak en el CC Konex.

Con el personaje de Emilia se sintió identificada.Había algo en este personaje que retorna a su pueblo natal, que me recordaba lo que me pasa a mí cuando vuelvo a Alemania, donde viví entre los 11 y los 18: necesito dar una vuelta por la plaza del centro para ver si todo sigue más o menos en el mismo lugar, encontrarme con los amigos que quedaron y ver qué cambió. Necesito volver a estar en esos espacios y también regresar”.

Luego de los vaivenes de varias mudanzas, en Buenos Aires se siente en casa. “Este es mi lugar y estoy contenta. La ciudad me gusta por el circuito que se arma de ir a la noche a ver una película, o al teatro y  poder ver lo que hacen los amigos. Además, está la escritura, las clases, y se van abriendo proyectos compartidos”.   

A lo largo de los años, también pudo viajar. En 2016 obtuvo una beca del Goethe Institute para ir a Berlín, a un encuentro en el marco del Festival Internacional de Teatro. “Fue una experiencia muy linda, porque pude tomar un taller con un japonés, Akira Takayama, y después viajé a visitarlo en Japón. Estaba montando una obra en la calle y me invitó a acompañarlo y a hacer una asistencia. En ese viaje conocí Kyoto e Hiroshima, y desde entonces tengo una pasión con ese país. Si pudiera me iría a vivir un tiempo: me interesa su literatura, el teatro, el cine, la comida; una vez por mes trato ir a comer a un japonesito, porque extraño los sabores”.

Antonella integra el staff de actores y actrices de la representante Verónica Elizalde.

En otros ratos, Antonella lee o camina por la ciudad, busca alzar los ojos hacia la luz, al aire libre y puede estar en una multitud, pero también quedarse sola y en silencio para entrar en su particular introspección.  

Entre las lecturas, me gustan algunos libros de contemporáneos argentinos. Los dos últimos que leí y me encantaron son Estás muy callada, de Ana Navajas y El nervio óptico, de María Gainza“.

Días atrás, los gestos, la tristeza y la vulnerabilidad del personaje de Emilia en la película se encontraron, en medio de la gira de promoción del film, con el público del pueblo de Veintiocho de noviembre, el lugar nevado y próximo a la montaña donde Antonella filmó junto al elenco de la película, en la provincia de Santa Cruz.   

Volver nos hizo confirmar que el personaje toca una fibra íntima en relación a las vidas posibles, los duelos, el amor y la muerte. Todo eso que en algún momento te hizo mucha ilusión, después, al intentar volver atrás o tomar contacto, te hace saber que las cosas suceden y que el tiempo pasa; que nada permanece intacto. Desde que estrenamos, muchas mujeres o chicas jóvenes nos cuentan sus pérdidas o duelos, y otros nos escriben diciendo que la peli les gustó y los entristeció al pensar en amores que tuvieron y dejaron atrás”.

Pensar en todo lo que no fue, en las vidas posibles, le sugirió alguna vez el director a Antonella al oído en medio del rodaje. Ese eco nostálgico y la sensación de pérdida sobrevuelan el film, tanto como la certeza de que el personaje seguirá su camino. Como la propia Antonella, que continúa viaje, acompañando proyectos con un pie en un avión o en la callecitas, recovecos y paisajes de Buenos Aires.

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