Sophia - Despliega el Alma

Sophia 20 años

12 noviembre, 2019

Anselm Grün: “La espiritualidad es la fuerza que nos impulsa a vivir”

El monje Anselm Grün es uno de los referentes espirituales más destacados del mundo actual. Su propuesta es sencilla: conocer nuestro interior para experimentar la paz. En el aniversario N°20 de Sophia, recuperamos esta entrevista que sigue tan vigente como el día que se la realizamos.


Foto: Wikimedia Commons.

Por Agustina Lanusse.

Lo que el monje benedictino alemán Anselm Grün propone podría resumirse así: regresar a ese núcleo sagrado que está dentro de uno para encontrar la verdad, la libertad, y así poder experimentar la paz. Ya sea que hable de espiritualidad, de la importancia de la meditación diaria, de cómo alcanzar armonía en nuestra vida o de cómo superar la famosa crisis de los 40, la propuesta original de este autor espiritual cristiano de 61 años -uno de los más leídos en la actualidad y guía de infinidad de personas-, está vinculada a volver a tomar contacto con lo más íntimo de nosotros mismos. Algo que pareciera sencillo, pero que, sin embargo, la mayoría de las veces olvidamos.

Sus palabras y sus obras llegan desde la propia experiencia de la meditación y también de ser un constante trabajador. Como benedictino, vive en la abadía que él dirige en Münsterschwarzach, Alemania, y se levanta diariamente a las 4.40 de la mañana para dedicarle a la oración las tres primeras horas del día.

“La crisis nos lleva a ponernos en contacto con aquel que realmente soy”, explica Grün en una entrevista con Sophia. Estuvo en Buenos Aires para presentar su libro “¿Por qué a mí? El misterio del dolor y la justicia de Dios”, y ofreció seis conferencias que fueron escuchadas por 7500 personas.

–El objetivo que propone en muchos de sus escritos es lograr la paz interior. ¿Cómo alcanzarla en un mundo y en un país donde se vive lo contrario: crisis, violencia, inseguridad y fragmentación social?

–Uno debe definirse separadamente del mundo, aunque esté en íntimo contacto con él. Lo importante es lograr un espacio interno, llegar a ese núcleo sagrado en el cual no penetra la violencia externa. Hay que llegar a ese centro imperturbable de uno. La fuerza para transformar el mundo, nuestra sociedad, viene del propio centro. Desde allí puedo provocar cambios importantes. Por eso, necesito distanciarme siempre de la realidad que me rodea si quiero que mis acciones tengan un impacto positivo.

Foto: Pexels.

–Para usted, que lleva una vida espiritual, ¿qué significa la espiritualidad?

–La palabra “espiritualidad” viene del latín spiritus, que significa “vivir desde el espíritu hacia la trascendencia”. La espiritualidad es el fuego sagrado que está muy dentro de nosotros y nos impulsa a anhelar, a vivir. Yo hablo de la importancia de recuperar una nueva espiritualidad. En mi infancia, la búsqueda de lo trascendente estaba relacionada con alcanzar ideales muy altos y difíciles; había que ser una persona correcta en todo. Realmente me encontré con mi espiritualidad auténtica cuando descubrí a los padres del desierto (la patrística); ellos hablan de la espiritualidad vivida desde dentro. Esto me ayudó a poder registrarme en la profundidad, a percibir qué me pasa a mí, cómo me siento yo, a integrar mis emociones. De este modo, Dios pasa a estar dentro y no fuera de uno. Porque produce un cambio que integra lo sombrío de nuestra existencia. La espiritualidad nos permite el desarrollo de la persona por medio de la confianza de Dios. Por eso, la espiritualidad para mí implica llegar a ser aquel que realmente soy, y no ponerme máscaras morales o ideales que no me corresponden realmente. La espiritualidad debiera ser un camino para la libertad; liberarme de los mandatos, ataduras y expectativas de los demás.

“Lo importante es lograr un espacio interno, llegar a ese núcleo sagrado en el cual no penetra la violencia externa”

–¿Cómo comienza ese camino espiritual?

–“Desde abajo”, desde las caídas, imperfecciones y limitaciones normales de la naturaleza humana, y este camino solo se realiza desde la experiencia del encuentro del hombre consigo mismo. Comenzar una espiritualidad desde abajo significa que el amino hacia Dios está siempre basado en el propio conocimiento. A Dios se va por la observación atenta y el sincero conocimiento de uno mismo. El partir “desde abajo” enseña que puede conocer la voluntad de Dios en mí, mi vocación, mi verdadera identidad, sólo cuando tengo el valor de descender a mi realidad, de ocuparme de mis pasiones, de mis impulsos, de mis necesidades y mis deseos, y que el camino hacia Dios va a través de mis debilidades, de mi impotencia. En mi impotencia reconozco lo que Dios quiere de mí, lo que él puede hacer de mí cuando me llena de su gracia, más que para lo que demás -y yo mismo- pretenden de mí, y abro un espacio para eso. El conocimiento de nuestras emociones, nuestros temores y nuestra inmadurez es la condición necesaria para tratarlos debidamente; es poner luz en esa oscuridad, recuperarlos de la sombra para integrar el camino de la evolución de la conciencia personal para el encuentro de la propia verdad, vocación e identidad, núcleo central del desarrollo de la personalidad.

­–¿Qué lo que más le inquieta del hombre occidental hoy? ¿Cuál es su búsqueda?

–Que cada día más avanzamos hacia una sociedad violenta. Pero hay una gran búsqueda espiritual en Occidente. El hombre trata de encontrarle un sentido más profundo a su vida; quiere conocer la fuente de su existencia y contar con relaciones humanos que lo plenifiquen. Hay un renacer espiritual no ligado estrictamente a la religión.

–Uno de los temas en los cuales ha indagado es en la crisis de los 40-50 años. ¿Por qué surge?

–entre los motivos centrales de esta crisis se encuentra el hecho de que, en la primera mitad de la vida, vivimos muy unilateralmente. Desde chicos nos educan para lograr objetivos, estamos muy ocupados por nuestra autoafirmación, debemos fortalecer nuestra personalidad. Por eso, polarizamos nuestras fuerzas en pos de esos logros y reprimimos un enorme potencial que hay dentro: nuestra sombra (sentimientos, emociones, anhelos, búsquedas). En la mitad de la vida emergen otros aspectos de la vida que estaban relegados. A los 40 muchos se plantean: logré una buena carrera profesional, formé una familia, ¿pero esto es todo? Allí comienzan los replanteos, aparecen los aspectos reprimidos y el interés por integrar lo inconsciente a lo consciente.

“El hombre trata de encontrarle un sentido más profundo a su vida; quiere conocer la fuente de su existencia y contar con relaciones humanos que lo plenifiquen”.

–Cómo se manifiesta?

–A través de sueños que intranquilizan, enfermedades psicosomáticas o un simple estado de insatisfacción y tedio constante donde nada nos satisface. Por lo general, en la mujer se da más temprano que en el hombre porque ella está más en contacto con su mundo emocional. El varón suele ocultar las primeras señales de crisis que experimenta y se refugia en el trabajo. Pero a través de una enfermedad o una crisis laboral, estalla.

–¿Qué mecanismos usamos para tapar la crisis?

–Es difícil afrontar la crisis porque suele ser dolorosa y los hombres le huimos al dolor. En general, el escape se produce de tres maneras: negándonos a dirigir la mirada hacia nuestro interior; aferrándonos formalmente a lo externo y preocupándonos por nuestras actividades; o buscando cambios pendulares. Es entonces cuando echamos por la borda valores que hasta el momento de la crisis tuvieron vigencia, y se producen separaciones o cambios abruptos de profesión.

–¿Cuál es la oportunidad que presenta la crisis?

–Es una gran oportunidad para dejar de vivir unilateralmente. La crisis nos coloca ante la exigencia del autoconocimiento, nos invita a sumergirnos en el fondo de nuestra alma, donde está escondido nuestro ser más íntimo. Este proceso duele pues nos arranca todas las máscaras de la cara y descubre lo que hay de auténtico en nosotros. Si antes de los 40 nos definíamos exclusivamente por el trabajo, ahora empezamos a darnos cuenta de muchas otras dimensiones de nuestra persona. Redescubrimos la naturaleza, nuestra alma; nos hacemos más permeables a una espiritualidad nueva. La crisis nos lleva a ponernos en contacto con aquel que somos realmente. El desafío consiste en aceptarnos y reconciliarnos con quienes somos. Ahora se nos exige la introversión en lugar de la expansión, el integrar las contradicciones en lugar de eliminarlas. Sobrevive aquel que es capaz de morir a ciertas cosas, al paso del tiempo, quien acepta el atardecer de su vida, lo inevitable de la muerte como última meta. Encuentra vida quien es capaz de soltar las riendas y dejar al ser divino conducir su barco; aquel que se entrega y confía en un ser superior que lo llevará a la verdadera libertad.

Una versión más extensa de esta nota se publicó en el N° 62 de la edición impresa de Sophia, en junio de 2006.

Hacé click en este enlace si querés leer más sobre Anselm Grün.

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