Sophia - Despliega el Alma

Sabiduría

17 abril, 2020

Anne Baring: “El coronavirus traspasó las fronteras y hoy todos somos uno”

Una charla con la analista junguiana inglesa para entender por qué la irrupción del coronavirus es un llamado a despertar a una nueva consciencia, de la mano de la Diosa. Reflexiones de una mujer sabia, convencida de la necesidad de recuperar lo sagrado femenino para reconectar con el sentido y con la vida.


La psicoanalista junguiana Anne Baring por nuestra ilustradora Maite Ortiz.

Por Cristina Miguens y María Eugenia Sidoti. Ilustración Maite Ortiz.

Ayudar a despertar a una vida sensible. Alimentar y mantener siempre viva la llama que ilumina el alma. Acompañar a aquellos que han decidido descifrar el mensaje profundo que los habita y atender por fin la insistente llamada del inconsciente. Enseñar acerca del enorme valor que tienen los mitos en la vida actual. Y, por sobre todas las cosas, decirle al mundo, con voz suave pero potente, que es tiempo de cambiar. Que ya es hora de recuperar, de una vez por todas, lo femenino.

Anne Baring es psicoanalista junguiana, fue miembro de la International Association for Analytical Psychology. Coescribió valiosos libros: con A. Harvey The Mystic Vision y The Divine Feminine (La visión Mística y La Divinidad Femenina); con Jules Cashford The Myth of the Goddess; Evolution of an Image (El mito de la Diosa. Evolución de una imagen, Ediciones Siruela, 2005). Y luego de 20 años de investigación publicó su más reciente obra, The Dream of the Cosmos: A Quest for the Soul (El sueño del Cosmos: una búsqueda del Alma), donde intenta responder las preguntas esenciales de la vida: ¿quiénes somos y por qué estamos aquí, en este planeta?

A eso se dedica la analista junguiana inglesa Anne Baring, una mujer de 89 años que ha sabido atravesar luces y sombras buscando comprender los hechos de su tiempo y, sobre todo, de su propia vida. Hoy sus ojos miran con atención, aunque sin sorpresa, la oscura noche de la humanidad: un virus amenaza, de pronto, todas las certezas. Anne lo lamenta, sí, pero también se alegra de que este evento extraordinario pueda cambiar la historia humana para siempre.

Es sábado al mediodía (hora de Buenos Aires) y desde el living de su casa en Inglaterra recibe a Sophia través de la pantalla. Es un regalo tenerla al otro lado, pura sabiduría y amabilidad, en esa imagen adorable que se recorta sobre un biombo estilo japonés de color turquesa. Dice que se encuentra muy bien, a pesar de la pandemia. Sus afectos –su marido, su hija y su nieto– están a su lado en este difícil momento. “Nunca viví nada igual en toda mi vida, es algo extraordinario. De alguna manera, aunque es dramático y shockeante, también es positivo, porque nos da la posibilidad de preguntarnos qué significa”, comienza al atender la videollamada.

–¿Y qué cree que todo esto significa?

–Creo que que se trata de un mensaje del planeta dicéndonos que tenemos que cambiar por completo la forma en que vivimos, lo que hacemos y nuestra forma de ser. Pensar de una manera distinta, ser más conscientes y no estar tan atrapados por aquello que nos ha ido absorbiendo en los últimos siglos, o milenios. Tenemos que cambiar todas nuestras conductas. En estos momentos estoy trabajando en un curso en la web sobre cristianismo y puedo decir que ese es el mensaje que vino a darnos Jesús, pero no lo supimos escuchar. Así que el mismo mensaje está llegando nuevamente, de un modo muy fuerte y muy claro. Obviamente da miedo, porque hay riesgos y las personas van a perder a sus padres, a sus hijos o a ellas mismas. Es una situación extraordinaria, inusual, desafiante.

–Pero decía que, para usted, es una oportunidad…

–Sí, es una oportunidad para cambiar, para rever qué estuvimos haciendo. Para mirar la polución que le hemos infligido al planeta y revisar nuestra conducta. Y para apostar por una nueva forma de comportamiento global, ya no basada en el instinto de supervivencia, sino en una conexión profunda con el planeta, con el Cosmos. No es nuestra culpa, eso sucedió. Ahora se trata de cambiar de hábitos. Creo que tenemos que pensar realmente en la necesidad de cambiar.

–¿Usted cree que la gente está escuchando el mensaje?

–No. Nadie en un nivel profundo, porque se precisa una comprensión de la historia, de la psicología humana y de la necesidad de escuchar el inconsciente; realmente se trata de un mensaje que proviene del inconsciente. Y para alcanzar el alma consciente debemos comprender que hay una dimensión más profunda de la vida, de que todo aquello que tomábamos como evidente por ser nuestra forma habitual de comportarnos no es la única, sino que hay otras formas. Porque el inconsciente, al que hemos ignorado mucho tiempo, en algún momento nos dice “¡Basta! ¡Ya es suficiente!” y hay que atender la llamada de lo que Jung llamaba “el espíritu de la profundidad”. Es una hermosa expresión. En contraste, Jung nos dice que estamos viviendo con el espíritu de este tiempo, que son todas las cosas que hacemos y que nos parecen importantes, las actividades en las que nos concentramos. Hay que lograr un balance rápidamente ahí, porque esto es lo que pasa cuando una cultura se desbalancea por más de dos mil años. Ha llegado el momento de corregir el desbalance.

–¿El dolor logrará despertarnos hacia esa consciencia mayor?

–Espero que sí. Tenemos que ver lo que le hemos hecho al planeta porque nuestra pena es la pena del planeta. Y nuestros cuerpos no están separados de él; lo que sentimos y experimentamos en nuestros cuerpos es lo que está experimentando el mundo. Nuestro llanto es su llanto. Ponerlo en esos términos puede ayudar a la gente a comprender. Parece ser una amenaza para nosotros y lo tomo como una amenaza, pero es, de hecho, un llamado a despertar.

La necesidad de integrar lo femenino

Para quienes no hayan tenido la oportunidad de leer sus libros, es importante hacer un alto para abordar un concepto central en la obra y el pensamiento de Anne Baring: la transformación de la consciencia de la humanidad a través de un cambio de cosmovisión que ella explica como el paso de una primera fase lunar (femenina) a la fase solar (masculina), que significó la ruptura del estrecho vínculo que unía a los seres humanos con la naturaleza. En los próximos días se reimprimirá The Dream of Cosmos (El sueño del Cosmos), donde también explica de qué manera la pérdida de lo femenino nos llevó a una situación dramática donde reina el sinsentido.

Hace mucho tiempo, desde el  6.000 a.C. al 2.000 a.C. aproximadamente (o sea, durante unos 4.000 mil años), la fase lunar significaba una relación estrecha con el Cosmos, teníamos un profundo sentido de la fe en que la vida en comunidad en la Tierra debía estar en armonía. Entonces todos los rituales, los templos y las enseñanzas se orientaban hacia esa idea: la comunidad humana debía estar en contacto y en armonía con el Cosmos. Eso se hizo realidad en muchas enseñanzas, como las herméticas, y más adelante en la Alquimia. Jesús enseñaba lo mismo acerca del reino de los cielos: que está en medio de nosotros pero no alcanzamos a verlo. La fase lunar estaba regida por la Diosa, la Gran Madre y toda la Creación provenía de su útero, era todo uno, no había separación entre la Creadora y su Creación. La Creación era su hija. Una metáfora hermosa, tan diferente de lo que nos han contado. Por largo tiempo hubieron grandes Diosas de la era lunar: estaba Isis en Egipto, Cibeles en Anatolia (actual Turquía), Artemisa en Éfeso y, por supuesto, Inanna la gran diosa de los sumerios, en Babilonia. Hay muchas otras. Ellas cuatro realmente presidieron las culturas de esos tiempos y dieron origen a las grandes civilizaciones. Eso perduró por unos 5.000 o 6.000 años, y luego, alrededor de 2.500 a.C., todo cambió. Empezó en el Medio Oriente, donde está el problema ahora, con un gran rey que consquistó todas las tierras desde el Mediterráneo hasta el Mar Rojo”, describe.

Anne, la encantadora anfitriona de un encuentro virtual con Sophia.

“Ojalá estemos llegando a una nueva era, con el desafío de este virus y del cambio climático. Tal vez estas dos cosas unidas sean lo suficientemente poderosas para lograrlo, porque nadie cambia la consciencia porque se lo pidan. Ahora no nos queda otra opción. Tenemos que escuchar. Lo lamento mucho, pero esta es la única forma de que por fin escuchemos”.

–¿Por qué es tan importante volver sobre esto?

–Ese fue el principio de una gran conquista, que coincide con el de la Era de Bronce, cuando se construyen las armas de bronce. Toda el área del Medio Oriente entró en el hábito de la guerra hacia 2.200 años a.C. y eso continúa hasta hoy con la fabricación de nuevas armas nucleares. No hemos sabido cómo parar este patrón que, primero, está basado en la necesidad de poder de quienes manejan los países y, segundo, en el instinto de supervivencia: si no tenés poder suficiente, sos vulnerable a que te puedan atacar, ya sea una persona o un país. Esto se convirtió en un modelo profundamente inscripto en la psique humana en todo el mundo. Pasó en China, en la India, en Europa, en Medio Oriente, en Sudamérica… no hay lugar que no haya sido tocado por la lógica de la conquista, de la defensa y de las armas. Y esto sucede desde hace mucho, mucho tiempo. Ojalá ahora estemos llegando a una nueva era, con el desafío de este virus y del cambio climático. Tal vez estas dos cosas unidas sean lo suficientemente poderosas para lograrlo, porque nadie cambia la consciencia porque se lo pidan. Ahora no nos queda otra opción. Tenemos que escuchar. Lo lamento mucho, pero esta es la única forma de que por fin escuchemos.

–Usted habla de la necesidad de integrar lo Masculino y lo Femenino. ¿Tiene que ver con eso?

–Lo Femenino ha sido completamente ignorado durante la era patriarcal, la fase solar. Ha sido marginado, agredido, suprimido; lo mismo que el alma y el inconsciente. Todas esas cosas van juntas. Entonces, si tenemos una necesidad de cambiar la perspectiva, debemos buscar aquello que ha quedado afuera, preguntarnos qué fue lo que olvidamos incluir. ¿Por qué no tenemos una imagen femenina en la divinidad? ¿Por qué solo tenemos un Dios masculino? Esto pasó hace mucho tiempo, pero seguimos atascados en la misma imagen. Quizás sea tiempo de cambiar, de reunir las dos imágenes arquetípicas, la masculina con la femenina. Si nosotros hemos creado la imagen de la divinidad, entonces podemos cambiarla. No se trata de desafiar lo que existe, sino de mostrar lo que hemos excluido, lo que hemos olvidado y abandonado. Esa es la razón por la que he escrito tanto sobre María Magdalena, porque si se hubiera reconocido su matrimonio con Jesús, lo cual está bastante claro en los libros del Nuevo Testamento, nuestra cultura habría sido completamente distinta, porque tendríamos una pareja en el origen del Cristianismo. Por eso, parte de mi trabajo es volver a traer el arquetipo femenino a nuestra consciencia nuevamente. Lo femenino tiene que ver con la Naturaleza, con la tierra y con el alma, pero no solo con el alma humana que habita en nosotros, sino también con el Alma cósmica, en la que estamos inmersos y de la que somos parte.

–¿Qué tiene Sophia, la sabiduría, para enseñarnos en estos tiempos?

–Toda la tradición de la Sabiduría fue conducida por Jesús y María Magdalena y eso es precisamente lo que ellos vinieron a traer de nuevo a nuestra consciencia, porque había sido eliminada después de la primera caída del Templo de Jerusalén, en 621 a.C., cuando el principio femenino fue prohibido por los sacerdotes. Las tradiciones sapienciales nos llegan directo desde la tradición hermética en Egipto, a través de la Edad Media con la Iglesia del Santo Espíritu y la búsqueda del Santo Grial. Luego continúa con la Alquimia entre los siglos XV y XVII y los Rosacruces, personas que mantuvieron vivas esas tradiciones para nosotros. Hay mucho de eso vivo en la Iglesia Ortodoxa griega, aunque no escuchamos mucho de esto aquí. Por eso, es maravilloso lo que estamos haciendo en esta charla con ustedes: traer de nuevo la Sophia y lo que ella representa, recuperar la Sabiduría que tanta falta nos hace.

–¿Usted cree que lo Femenino está volviendo?

–Sí, yo creo que sí, que está volviendo a través de las mujeres. Cien años atrás las mujeres no tenían el  voto. En cien años hubo enormes cambios, hay muchas mujeres trabajando en puestos de relevancia y en la toma de decisiones importantes, en las Naciones Unidas y en distintas organizaciones trabajando en contra de las armas nucleares y por la paz. El Dalái Lama dijo hace unos ocho años, en una gran conferencia, que “el mundo será salvado por las mujeres de Occidente” y él es una de las personas más sabias en el mundo de hoy, quien resguarda las tradiciones de Sabiduría oriental, que es la tradición de la Diosa. Así que, si él lo dice, debe haber algo muy importante que tenemos que hacer.

–¿Qué piensa sobre el feminimo actual?

–El feminismo es una fase necesaria, pero le falta sabiduría, equilibrio y compasión. Esas tres cosas necesitan ser integradas antes de que pueda convertirse en una energía transformadora, porque se centra demasiado en el modo crítico y en alcanzar el poder, en tener alguna influencia, algo propio del paradigma masculino. Tenés que balancear con mucho cuidado lo que estás haciendo para ver si estás solo copiando eso, o si estás trayendo algo nuevo, algo sabio, algo amable al entramado de nuestras vidas.

Algunos de los libros de Anne Baring. Editorial Siruela publicó El Mito de la Diosa en español.

“Parte de mi trabajo es volver a traer el arquetipo femenino a nuestra conciencia nuevamente. Lo femenino tiene que ver con la naturaleza, con la tierra y con el alma, pero no solo con el alma humana que habita en nosotros, sino también con el Alma cósmica, en la que estamos insertos, de la que somos parte”.

–¿Qué significa este cambio de paradigma para las generaciones que vienen?

–Creo que la nueva generación está mucho más despierta y organizada que la nuestra. Ahí la tenemos a Greta Thunberg asumiendo el rol de alertar para dar a luz a una nueva civilización, un cambio que necesitamos llevar adelante. Allí hay una mujer, una joven mujer, desafiando a toda la estructura patriarcal, lo cual es extraordinario, por cierto. Pero la estructura patriarcal se va a disolver por sí sola una vez que sepamos lo que hay que hacer. No debemos atacarla, está haciendo lo mejor que puede con su nivel de entendimiento. Miremos a Donald Trump, está haciendo lo mejor que puede, aunque sea un desastre, pero él no lo sabe (se ríe). ¿Y qué te parece Jahir Bolsonaro, en Brasil? ¡Está loco! Es el responsable de destruir gran parte de los bosques que nos mantienen vivos, pero es demasiado estúpido para darse cuenta de eso. Esto debe terminar…

–¿De qué manera atravesar una profunda depresión le ayudó a usted a despertar a una mayor consciencia y cuál sería su consejo para alguien que está pasando por un momento de oscuridad?

–La depresión es una forma muy extraña de tomar contacto con tu alma, porque cuando estás deprimida no podés hacer nada. Te sentás todo el día en una habitación a llorar o a sentir pena de vos misma, tal vez castigándote, no comiendo lo suficiente, o cosas así. Pero se trata de un llamado del alma, del espíritu de la profundidad en tu interior y lo que hay que hacer es escuchar, porque una vez que comenzás a escuchar, la depresión se va. He tenido depresiones toda mi vida, pero cuando paso por un periodo depresivo siempre sé que tengo que quedarme quieta, ir a la parte más profunda de mi ser y hacerme preguntas. ¿Qué es lo que quiero? ¿Qué necesito que cambie o qué quiero expresar? Si una se sienta con un pedazo de papel y un lápiz en la mano, dispuesta a escribir las respuestas, el alma siempre las hace llegar. La gente cree que cuando está triste o deprimida tiene que ir al doctor y tomar pastillas, pero no es esa la manera en la que se va a sentir mejor. A menos que se trate de una situación muy grave, la mayor parte de las depresiones proviene de la sensación de que no se es feliz en el mundo en el que una está. Es muy estresante sentir que hay que seguir adelante y estar a tono con todos los avances y las nuevas tecnologías, es una presión tremenda. El alma dice ‘esto no me gusta, soy infeliz, por favor cambiá tu forma de vivir; cambiá de trabajo, mirá lo que estás haciendo, lo que te tironea y lo que estás dejando de lado y no te deja ser feliz’.

–Hay muchos jóvenes sintiéndose solos o perdidos por no poder encontrar el sentido. ¿Qué le gustaría decirles?

–Es muy difícil para la gente joven, porque no saben nada más allá de la cultura que están viviendo. No conocen el la historia de su pasado, ni los cambios que llegaron con la revolución científica y cómo influye en muchos sentidos, algunos buenos y otros no. Les enseñaron el concepto de que el universo es algo estático, no vivo, y de que somos los únicos con consciencia en el Cosmos, lo que es absolutamente ridículo. Los jóvenes vienen con una hoja en blanco y, al sentirse infelices en esta cultura, se preguntan qué pueden hacer. Yo les digo que tienen que ir dentro de su corazón, conectar con su alma conscientemente, poner su mano sobre el pecho y respirar profundamente tres o cuatro veces, y luego hacerle preguntas, decirle: “¿Qué es lo que te gustaría que sepa? Háblame”. Aparecerá algo tan diferente de lo que hay en Internet, en las redes sociales o en la tarea del colegio, que les brindará una perspectiva totalmente distinta de la vida y de lo que es importante, no solo en su cabeza, sino también en su cuerpo, en la parte más importante, el corazón, descuidado durante siglos por el sufrimiento de la gente en experiencias como la guerra o la conquista.    

–Además de sus libros de investigación también escribió uno para niños…

–Sí, se llama Los pájaros que volaron más allá de su tiempo y es la historia de unos pájaros a los que la Tierra les dijo: “Por favor, ¿pueden ayudarme? Estoy muy angustiada”. Algunos pájaros le respondieron que no, porque tenían otras cosas de qué ocuparse. Pero otros respondieron que sí y volaron a través de siete montañas aterradoras, tuvieron que lidiar con la muerte y enfrentar muchas tentaciones, superando el miedo y la ignorancia. Y entonces, al final de los tiempos, llegaron al Gran Ser y le preguntaron: “¿Recibiste el mensaje de la Tierra? ¿Qué mensaje le darás a ella?”. Y entonces él les respondió: “El mensaje son ustedes, porque hicieron el viaje. Ahora tienen que volver y decírselo a otros pájaros”. Los niños deben saber que tienen que ayudar a la Tierra de todas las maneras que puedan. Todos tenemos dones: algunos hacen arte, otros artesanías. Pero sea cual sea nuestro don, debemos ponerlos siempre al servicio de la vida, así como los médicos y las enfermeras comparten su don trabajando sin descanso en los hospitales intentando salvar a los enfermos.

–Después de tantos años buceando el alma de las personas, ¿cuál ha sido el descubrimiento más sorprendente para usted?

­–Saber por qué estamos aquí, eso que antecede el descubrimiento de todas las cosas. Tenemos mucho por explorar, lo cual es maravilloso, un gran don, es espíritu positivo. Tenemos que salir a descubrir por qué estamos en este planeta y comprender qué estamos haciendo en este lugar, porque nadie nos habló de eso. Es una gran pregunta, ¿por qué estamos aquí y qué deberíamos estar haciendo? Creo que la característica humana es el anhelo de descubrir y saber, pero también el anhelo de sentir, porque la búsqueda del saber está guiada por los sentimientos más profundos. No es solo lo que quiero saber, sino qué anhelo saber, con todo el corazón.

El valor de los mitos hoy

Convencida de que estas antiguas historias tienen mucho para decirnos acerca del sentido de nuestra existencia actual, Anne recomienda volver sobre los mitos y prestarles especial atención. “Hay muchos mitos maravillosos, como el mito de Perséfone. Ella hizo el descenso al inframundo, que es lo que estamos haciendo nosotros ahora, así que a través de ese mito ella nos da el patrón de aquello que debemos experimentar. También está el gran mito de la Alquimia, que restaura lo oculto dentro de la materia, aquí también, pasando por diferentes etapas, sumiéndonos en la oscuridad, en el no saber por qué estamos en la noche, para luego ver cómo aclara y todo se vuelve luminoso cuando por fin vamos comprendiendo… es maravilloso. Y también está el mito de Isis, en Egipto, rescatando a su marido Osiris y trayéndolo nuevamente a la vida, y dando a luz a su hijo Horus, que es la nueva vida, el descubrimiento, la revelación que está viniendo. Podemos traer todos estos antiguos mitos al presente”, señala.

La fase lunar, una comunión del ser humano con su entorno. Y la ruptura de la fase solar.

“Mi mayor anhelo es que la humanidad despierte. Si una cantidad suficiente de gente despierta eso tendrá un efecto sobre toda la humanidad. Necesitamos un determinado número de personas que se vuelva consciente y eso tendrá el mismo efecto que el virus: esa consciencia llegará a todas partes. Una vez que tengas esa idea, se va a esparcir como el virus”.

–¿Qué ocurre con el mito de la Cenicienta, tantas veces criticado por el feminismo?

–El de Cenicienta es un mito muy importante, lo mismo que el de la Bella Durmiente. Cenicienta es un mito acerca del alma, de la condición del alma. Ella no sabe quién es, trabaja en la casa con la madrastra malvada diciéndole todo el tiempo lo que debe hacer. Pero entonces descubre que tiene una hada madrina, que es justamente el principio de lo femenino divino que viene a rescatarla y lo cambia todo: convierte a los ratones en caballos y a la calabaza en carroza. Entonces Cenicienta va al baile y las hermanastras, que intentan quedarse con el príncipe, se calzan su zapato pero tienen los pies demasiado grandes. Ellas encarnan los falsos valores, los valores mundanos, mientras que Cenicienta tiene los valores espirituales, tanto que el hada madrina le recomienda no quedarse demasiado tiempo en ese otro lugar y volver a las doce en punto a su propio mundo. Y el de la Bella Durmiente es mi favorito, porque también trata del alma, que está dormida, y el príncipe debe atravesar los cercos de espinas que son las ideas y los sistemas de creencias atemorizantes, que se interponen con nuestra conexión con lo más profundo del alma, para llegar hasta el castillo a despertarla. Es nuestra consciencia que viene a despertar a nuestra alma, no tiene nada que ver con el feminismo. Es una historia muy profunda sobre el matrimonio sagrado entre lo femenino y lo masculino en pos de la fertilidad para dar vida. Son historias muy antiguas, muy profundas, de nuestra mitología.

–¿Por qué creé que la gente no habla habitualmente de estos temas tan hermosos?

–Porque no los conocen. Porque no saben de mitología, lamentablemente, y los mitos tienen tanto para enseñarnos. Es que nunca han oído hablar de eso, porque todo el mundo está ocupado comunicándose en las redes sociales y no hay tiempo para pensar profundamente en estas cosas. ¡Pero ahora, encerrados nuestras casas, tenemos mucho tiempo y podemos aprovecharlo!

–¿Es optimista o cree que debemos tener un poco de miedo?

–Soy optimista y creo que, si hacemos las cosas bien, vamos a poder atravesar esta situación, tanto a nivel del sistema sanitario como de la transmisión del virus. Hay algo bueno: ¿has notado cómo esto nos ha unido? Los científicos de todos los países se han puesto en contacto para compartir sus conocimientos y sus experiencias. Se están abriendo las barreras. El coronavirus traspasó las fronteras y hoy todos somos uno, hemos dejado atrás esas absurdas rivalidades. Debemos movernos más allá de esas alianzas tribales, sentirnos parte de la Vida, como una unidad global en conexión con el planeta. No estamos separados de la Tierra, somos parte de ella. Una nueva civilización está llegando y la ciencia cuántica hoy nos dice que todos estamos conectados, algo que ya se sabía en las antiguas civilizaciones. Estamos redescubriendo eso y espero que ahora se lo digan a los chicos en el colegio: todos somos parte de una unidad interconectada, sagrada.

–Anne, ¿puedo preguntarle si cree en algo?

–Sí, claro, ciertamente creo en la inteligencia del Cosmos que ha creado la vida en este planeta y nos ha traído a nosotros a Ser. No creo en la idea usual de Dios, pero sí en que hay un destino para nosotros como especie humana en este planeta y también en eso que llamamos el Espíritu Santo, que para mí es Sophia. Sé que estamos siendo guiados, pero es difícil saber de qué manera nos llega esa guía, porque no hemos sido educados para escuchar a nuestro corazón sino a los mandatos que nos dicta la cultura: que nos eduquemos y consigamos trabajo, que nos casemos y tengamos hijos. Pero no tenemos tiempo para reflexionar realmente sobre qué nos ha sido dicho y si hay algo que falta, si dejamos algo de lado. Y es eso lo que viene ahora, aquello que fue dejado de lado y que es el principio femenino, la relación con la naturaleza.

–¿Cuál es hoy su mayor anhelo?

–Mi mayor anhelo es que la humanidad despierte (hace un silencio). Si una cantidad suficiente de gente despierta tendrá un efecto sobre toda la humanidad. Necesitamos un determinado número de personas que se vuelva consciente y eso tendrá el mismo efecto que el virus: esa consciencia llegará a todas partes. Una vez que tengas esa idea, se va a esparcir como el coronavirus. Tengo un enorme respeto por los seres humanos, por quienes son, por sus esperanzas y sus logros, por su trabajo. Todo lo que hacen es extraordinario, pero hay algo que falta: un contexto más amplio, un marco de referencia mayor en el que se puedan ver insertos.

–¿Cómo despertaremos hacia esa consciencia?

–Tengo un consejo: encuentren a una persona o a un animal al que amen, y díganle “Basta con eso, ya fue suficiente”, para expresar su amor. Cuiden una planta del jardín, eso los va a conectar con su corazón y lo que surge de esa tremenda experiencia es la compasión, porque tenemos que pensar cómo ayudar a nuestros vecinos, a nuestros hijos y a nuestros padres, de una manera en la que no lo hacemos normalmente. Estamos ante una emergencia de compasión y de amor a escala masiva, y podemos hacer algo por gente de otros lugares del mundo. Esa es la llave: el amor y la compasión. 

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