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Andá pa’allá, San Valentín

Lo dijo Messi, lo dice la autora de esta nota. Cada 14 de febrero llega San Valentín con su lluvia de corazones y a muchas personas les dan ganas de salir corriendo. ¿Se puede escapar del marketing del amor? ¿Cómo te hace sentir a vos?

Por María Eugenia Sidoti

Tal vez sea producto del gran movimiento planetario que señala el ingreso a la Era de Acuario. Lo cierto es que este 14 de febrero resulta imposible ignorar el tendal de corazones rotos que, por estos meses, han quedado esparcidos en todos lados. Como el de Shakira, claramente, y en estas tierras, por caso, el de la mujer de cierto muchacho del mundo del espectáculo. Pero también los de tantos otros, mujeres y varones totalmente ignotos que han sido engañados, abandonados, que están solos, que se están separando… O que incluso se casaron creyendo en las promesas de un amor cósmico y se desilusionan frente a la mundana convivencia cada día. 

Año a año, con sus cajas de bombones en forma de corazón y sus cenas a la luz de las velas, el espíritu de San Valentín busca inmiscuirse en el ADN mismo de nuestras emociones. Y, aunque intentamos resistirnos, al final sufrimos el efecto contagio y su carga viral de romanticismo comienza a circular por nuestro cuerpo. Entonces nos persuade de que debemos celebrar el amor perfecto, ese que —sabemos— no existe. Ese que arrasa con todo, nos dice, ocultando los datos más realistas de lo doméstico. ¿Qué importancia tienen esos “detalles” el día de los enamorados?

Así, la idea del enamoramiento nos encandila de frente cuando nos encontramos perdidos en la oscuridad de la ruta desierta. Y, como las liebres, nos quedamos atónitos en medio del camino sin comprender muy bien lo que nos pasa. ¿Será el verdadero amor ese camión que, a bocinazos, nos avisa que va a aplanarnos los huesos? ¿Será que debemos correr para no quedar adheridos al asfalto como stickers? ¿Será posible escapar, si el corazón late tan fuerte, las piernas se entumecen y se nubla el pensamiento? Ah, el amor…

Seamos honestos: a muchos de nosotros la posibilidad del flechazo nos habita desde que tenemos memoria. En especial a algunas mujeres criadas entre relatos de princesas pre empoderamiento. Doncellas que esperaban a sus príncipes encantados para dotarlos del poder de rescatarlas de la desventura y el hartazgo, ¡incluso de la muerte! Hoy que esas figuras estereotipadas perdieron el espesor de su batalla simbólica, el inconsciente colectivo nos reserva este regalo: el patrono del amor ha llegado para enrostrarnos la victoria de sus hermosas postales para Instagram llenas de parejas sonrientes.   

Los amores difíciles

Preguntémosle a Lucía, que es analista de sistemas y tiene 38 años, si todo lo que reluce en su pareja es publicable para esta fecha. «Hace unos meses le dije a mi novio que me gustaría buscar un bebé y él me respondió: ‘No, imposible, ahora estoy con muchos temas de laburo y además ya no sé si quiero tener hijos’. Lo que lloré…”, comparte. O hablemos con Martín, empleado estatal de 46, que tras casi veinte años de casado, dos hijos y encuentros extramatrimoniales furtivos, confiesa: “No me separo únicamente porque casi no puedo mantener una casa, así que menos voy a poder mantener dos”. O, si prefieren, pueden charlar conmigo, luchadora cuerpo a cuerpo contra el flagelo del hastío conyugal; militante de esos besos de película que suelen quedar olvidados entre los pliegues del tiempo. ¿Qué pasó ahí, santo del amor? ¿Dónde estabas los demás días del año, cuando tanto necesitaba de tus destellos para desempolvar la rutina?

Lo que mata al romance, dicen, es la realidad. No por nada, luego de la convivencia extrema que impuso la pandemia se registraron cifras récord en lo que respecta al incremento de las separaciones y el descenso de los matrimonios. Según el sitio de estadísticas Earth Web, actualmente el 40% de los matrimonios terminan en divorcio, y señala: “Las cuatro razones principales son no priorizar una relación, el narcisismo, la infidelidad y las conversaciones y discusiones no resueltas”. Otro dato: de una encuesta realizada en Estados Unidos se desprende que el 50% de las personas sueña con tener otro tipo de vida sexual. Difícil hacer una fiesta, a menos que abracemos la realidad. 

A riesgo de ser considerados contraculturales y hasta resentidos, cierto es que debemos reconocer a los que apostaron a su número de la suerte e hicieron saltar la banca del amor: parejas que llevan décadas ganadas en el ejercicio pleno de un vínculo saludable y constructivo, y descubren, además, cómo llevarlo al summun de volverlo a prueba de tempestades. Amores verdaderos, posibles, edificados sobre las bases del entendimiento mutuo, el cariño sincero, la comunicación y el respeto. Parejas de cabellos plateados que se quieren bien y, al verlos, nos sacan una sonrisa o, mejor dicho, una catarata de lágrimas de emoción.

¿Qué será de nosotros, los racionales; los que preferimos no idealizar nuestras relaciones amorosas para evitarnos un vuelo tan alto con un desenlace tan fatal como el de Ícaro. ¿Qué haremos hoy al andar por la calle con todo ese merchandising de color rojo rompiéndonos los ojos? ¿A quién le confesamos que preferimos rendirle culto a San Patricio, patrono de la cerveza, porque nos resulta más amigable con nuestra realidad de vínculos defectuosos y de bajo perfil (y además nos permite olvidar nuestras penas al tercer vaso)? ¿Dónde nos esconderemos esta noche, cuando San Valentín se apodere de las almas enamoradas succionando todas sus frustraciones y sus dudas con colmillos puntiagudos? 

No pasa nada, me digo, mañana será otro día. Y podré celebrar eso que sí de verdad me importa: que el amor siempre será inspirador, en sus distintas formas de darlo y recibirlo, con sus miles de matices, aunque ni de lejos sea perfecto.

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FRASE DEL DÍA

"El amor es una cadena de amor, como la naturaleza es una cadena de vida".

Truman Capote