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Educación

9 septiembre, 2022

Ana María Stelman: “Trato que los alumnos generen un pensamiento crítico que los puede ayudar para toda la vida”

Maestra de un barrio vulnerable de La Plata, fue nominada al Global Teacher Prize, que reconoce a los mejores docentes del mundo por sus innovaciones en proyectos educativos.


Por Karina Bianco

Anotate en el concurso, vos que hacés cosas raras”, le dijeron sus compañeras a Ana María Stelman (57), la docente platense que en el año pasado, gracias a su gran pasión por la educación, logró estar entre los diez finalistas al premio Global Teacher Prize 2021. El galardón, que reconoce a la mejor o el mejor docente del mundo, y que entrega la Fundación Varkey en colaboración con la Unesco, está destinado a premiar la labor de los maestros de todo el mundo que diseñan innovadores propuestas para desplegar nuevas herramientas educativas en sus alumnos.

Ana María es maestra de grado (enseña Lengua y Ciencias Naturales) en la Escuela Primaria Nº 7 Fragata la Argentina, ubicada en el barrio Hipódromo de La Plata, a la que asisten chicos en situación de vulnerabilidad. Sus alumnos proceden de hogares donde los padres, en algunos casos, son analfabetos y viven dentro de studs o caballerizas. Por su trabajo, fue seleccionada entre más de 8000 postulaciones y nominaciones de 121 países de todo el mundo. En el tramo final de la selección estuvo nominada con otros nueve docentes de Canadá, Filipinas, Reino Unido, México, Ghana, Francia, Estados Unidos, Australia e Irán. 

El premio consistía en 1 millón de dólares. Antes de conocer los resultados, la docente argentina ya había anticipado que si recibía el galardón lo invertiría en educación. Pero el premio se lo llevó la profesora estadounidense Keishia Thorpe, que había sido nominada por promover la educación universitaria en estudiantes que proceden de familias de inmigrantes y refugiados de bajos ingresos, una realidad que ella misma vivió durante su infancia.

Una educadora apasionada

Antes de llegar a su actual escuela, la docente trabajó en otros colegios con iniciativas sobre la meteorología. Para lograrlo, se vinculó con sus pares de otras provincias y convocó a profesionales de la ciencia al aula. “Trato que los y las alumnas se cuestionen, que generen un pensamiento crítico, que es la herramienta que los puede ayudar a trabajar mejor, porque les sirve para toda la vida», cuenta Stelman. Y agrega: «Cuando llegué a trabajar a la escuela, en 2019, decidí buscar valores que no se veían en el barrio. Así empecé a trabajar con el compost a base de bosta de caballo y lombrices en la producción de plantines”.

“Trato que los y las alumnas se cuestionen, que generen un pensamiento crítico, que es la herramienta que los puede ayudar a trabajar mejor porque les sirve para toda la vida».

Uno de sus estudiantes, que aún no estaba alfabetizado, se involucró de tal modo con el proyecto que aprendió a leer. “Veía caballos en la calle que iban y venían todo el tiempo. Así que me vinculé con la Facultad de Veterinaria y el Hipódromo y generé el proyecto ¿Por qué hay tantos caballos en mi barrio?. Había situaciones violentas y eso fue lo que se trabajó con los caballos: el espacio personal, el respeto y el cuidado del otro. Los animales eran la excusa de reunión, para que se revinculen con la escuela y sus compañeros. A partir de eso muchos chicos tuvieron ganas de leer».

Otro de sus alumnos, un poco más grande que el resto del curso, tenía dificultad para aprender a leer y escribir. Como vivía en un stud (la caballeriza donde se cuida a los caballos de carrera) y podía compartir su conocimiento sobre los animales con sus compañeros, se sintió más seguro y eso lo ayudó a aprender a leer. A partir de ahí surgieron un montón de proyectos más. «Hicimos ecoabono a partir de lombriz roja californiana. Trabajamos en contenidos de cartografía y nos presentamos al concurso del Instituto Geográfico Nacional, por medio del registro de los stud del barrio. Y también nos presentamos en la Feria de Ciencias con un proyecto sobre el cuidado de los seres vivos”.

La docente Ana María Stelman trabaja para fomentar en sus alumnos la reflexión y el pensamiento crítico.

Formar alumnos en tiempos complicados

En 2020 llegó la pandemia y el proyecto de intervenciones asistidas con animales en la escuela primaria quedó en pausa«De todo el grado, sólo un alumno tenía computadora y el resto, a lo sumo, disponía de un teléfono celular con WhatsApp que, en muchos casos, debía compartir con otros integrantes de la familia. Además, la conectividad era deficiente», relata.

Pero, otra vez, encontróuna solución a su medida: «Lo que hice fue llamarlos todos los días y, además de darles clase, les brindaba espacio para que pudieran hablar. Adapté todo lo que pude los horarios, porque algunas familias tenían un único dispositivo que recién llegaba a la casa a la noche, así que arrancaba quizás a las seis de la tarde y no sabía nunca cuándo terminaba. No es nada diferente a lo que hicieron otros maestros en la pandemia, todos hicimos un gran esfuerzo. El desafío se trata de darles lo mejor a los chicos para que puedan aprender».

«De todo el grado, sólo un alumno tenía computadora y el resto, a lo sumo, disponía de un teléfono celular con WhatsApp que, en muchos casos, debía compartir con otros integrantes de la familia. Además, la conectividad era deficiente»

Durante la cuarentena los caballos fueron al rescate del curso una vez más: el equipo de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de La Plata adaptó el espacio en el que trabajaron los proyectos anteriores, para que les alumnos pudieran vincularse con la escuela. “Era un espacio al aire libre, cercano a las casas. Iba con la bibliotecaria de la escuela y generábamos un espacio con libros, donde pudieran leer cuentos, escribir, proponer un intercambio”.

Educando para el cambio

Hoy la escuela está en obra y resulta bastante complicado llevar adelante las actividades con normalidad. «Estamos trabajando con dos grados juntos por falta de espacio, hasta que se habiliten nuevamente los salones”. La trascendencia que tuvo el trabajo de la docente llamó la atención de algunas autoridades. Tanto, que el Banco Provincia de Buenos Aires decidió financiar parte del arreglo de su escuela. “Ya se hicieron los baños, el tanque de agua y la cocina. Pero faltan los techos, recién se levantaron las tejas y aún quedan por delante los arreglos de los cielorrasos y la conexión de electricidad».

A pesar de la precaria situación, seño Ana María sigue con el mismo empuje de siempre. “Estoy armando una propuesta para trabajar con la biblioteca y la radio del barrio. Presenté un proyecto para hacerlo en el Hipódromo y otro para llevarlo adelante en la República de los Niños. Las dos propuestas fueron pensadas para sumar estímulos alfabetizadores, pero aún no he tenido repuestas al respecto”, comparte la docente platense. Y cuando se le pregunta qué piensa hacer cuando se jubile, ella responde: «Me gustaría seguir trabajando desde otro lugar. Aportar mi práctica y mi experiencia para que les pueda sumar a otros docentes en su ejercicio”.

Leé también: Qué piensa de la educación la mejor maestra de mundo.

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