Sophia - Despliega el Alma

9 mayo, 2022

Amor por la gastronomía, esa pasión que se renueva en cada plato

En la serie Foodie Love una pareja se conoce a través de una aplicación para amantes de la gastronomía y, entre degustaciones, el amor ocurre. ¿Por qué sentimientos y cocina siempre se encuentran, en ese viaje de aromas y de sabores que comienza durante la infancia?


«La vocación es la felicidad de tener como profesión la propia pasión».
Stendhal (1783-1842) Escritor francés

Por Julieta Aguerregaray

¿Cuántas veces podemos revivir ante un sabor algo de lo que la niñez nos dejó? Yo quisiera que el viento me devuelva a aquel jardín de hojas amarillas, a días de otoño en que, de forma tímida, se veía llegar el invierno. De a poco comenzaban a entibiarse las cocinas, esos rincones de las casas que habitan hasta hoy en mi memoria. En mis recuerdos veo a mi abuela sentada en su escritorio, uno de esos a los que se les bajaba la puerta, sostenidos por dos brazos. La veo preparando los platos del fin de semana para su restaurante mendocino. Así la recuerdo, tengo imágenes, retratos suyos en situaciones concretas, con el delantal puesto, tomando un trago en su “estarcito” con el abuelo, leyendo libros de mil hojas, que para mi eran eternos. Y no puedo dejar de recordarla cuando pienso en cuánto influye la cocina en la vida de otros; personas que nos inspiran para crear y que hicieron de su pasión, el centro de sus vidas

En eso pensaba mientras veía la serie Foodie Love (HBO), dirigida por la directora y guionista española Isabel Coixet. En la serie hay una pareja (interpretada por Laia Costa y Guillermo Pfening) que se conoce a través de una aplicación de citas entre amantes de la gastronomía. Su directora, Coixet (la misma de las películas Mi vida sin mí y La librería), alguna vez tuvo una abuela que le abrió las puertas del séptimo arte: cuando Isabel era chica, solía llevarla a su lugar de trabajo, un cine del barrio de Gràcia, en Barcelona. 

Una escena de Foodie Love, la serie donde amor y comida se entrecruzan dando lugar a nuevas historias.

Foodie Love
A lo largo de ocho episodios, la serie nos transporta por sabores, texturas y lugares alrededor de la comida y la bebida, ese mundo de sensaciones que se genera alrededor de los alimentos, y cuenta cómo un pequeño click puede cambiar la vida de dos personas. Restaurantes, heladerías, cafés y bares son los lugares donde la pareja experimentará sus encuentros amorosos unidos bajo el mismo deseo: comer y amar.

Pareciera ser que lo que pasa en nuestra infancia, en nuestros primeros años de vida, deja sellada la memoria para volver a eso que nos movió, a los platos de los domingos o a los aromas de la casas. Eso que nos hace vivir y vibrar en sintonía con lo que somos. Y es ahí cuando nos preguntamos cómo llegaron a dedicar su vida a la gastronomía otros referentes, sibaritas, críticos gastronómicos, cocineros… Con esa inquietud, fuimos a conversar con personas de diferentes regiones y servicios dentro de este mundo que genera tanto placer y felicidad para quien lo consume y disfruta de su quehacer.

Cayetana Vidal es cineasta y crítica gastronómica. Creció al lado de uno de los grandes críticos argentinos: su papá es Fernando Vidal Buzzi. “Él empezó a escribir cuando yo tenía diez años. Era curioso e interesado en la cocina, además de buen cocinero. Mi mamá viene de una familia donde se hacían grandes almuerzos y cenas, y en mi casa se comían siempre platos muy atípicos. Por ejemplo, al colegio me mandaban de merienda hinojo y pata de liebre; cosas que mis compañeros no conocían. La cocina o la gastronomía, para mí, tienen un rol muy primario, asociado a mi hogar, a mi base. Me encanta cocinar, cocinarle a los demás, leer recetas. Me interesa lo que como, es algo en lo que estoy muy embebida. La cocina es una expresión cultural muy amplia, la comparo con otras expresiones artísticas en las que se aprecia con distintos sentidos: la vista, el olfato, el gusto. Encuentro mucho placer estético y sensorial en la cocina, en la gastronomía», destaca en diálogo con Sophia.

Julia Roberts en Comer, amar, rezar, una película donde el amor y la comida trazan un viaje interior en busca de sentido.

“Recuerdo los menús que nos preparaba mi abuela: guiso de arroz con espinazo de cordero fresco, papa, zanahoria y cebolla, que las conservaba bajo tierra y de esa forma les alargaba la vida, porque no había heladera. Queso fresco recién cuajado con maíz y mote hervido y requesón. Tortilla a la parrilla al rescoldo con mate cocido o un mate de romero silvestre, bien anaranjado e intenso, con flores naranjas. Hoy lo veo tan presente y tan propio, ese recuerdo. Sin dudas, ella fue mi influencia”, cuenta Alfredo Morales, cocinero jujeño que vive en San Juan y se dedica a la cocina hace más de veinte años, y agrega: «Hoy hago gastronomía como una forma de vida, de acompañar, de prestar servicio y de formar gente. También busco concientizar sobre el consumo local, para ayudar a revalorizar los productos del lugar».

Para Juan Ventureyra, cocinero de una reconocida bodega mendocina, la gastronomía es vocación de servicio. Por eso, en la mesa hay que lograr que la gente sonría, porque es un lugar para pasar un buen rato y distenderse. “Ahí es cuando uno puede dar alimento y nutrición. Brindarse a los grupos de amigos o familias para que puedan hacer un paréntesis en el día y distraerse, pasar un buen rato», señala y cuenta cómo llegó a la cocina: «Fue de manera natural, espontánea. Tenía una predisposición de base, siempre me gustó comer y nunca tuve miedo de probar. Y, aun de chico, me gustaba comer lo que comían los grandes».

Magalí Polverino es fotógrafa gastronómica. A través de su mirada certera encuentra en las texturas y colores placer y disfrute. Entiende a la gastronomía como un elemento que da identidad, “que nos une como familia y como cultura”, según dice. En sus recuerdos está el pastel de papas de Adelina, la señora que trabajaba en la casa de su abuela, que vivía en Mar del Plata. “El olor a vainilla y limón es algo que también está muy relacionado con mi infancia. Siempre me gustó cocinar e ir a comer afuera, probar platos nuevos. Lo que más me gusta es hacer pastelería, a través de ella fue como llegué a la fotografía”.

Es que todos tenemos una cajita guardada con aromas y sabores de nuestra historia, de nuestras raíces. Y siempre podemos volver a abrirla cuando necesitamos iluminar y embellecer nuestra vida y la de los demás. A través de esa pasión es como volvemos a apreciar aquello que nos hizo tan felices y que nos permite brillar a través del paso del tiempo con la misma intensidad. Como dice Coixet, autora de la exitosa serie donde platos y encuentros se entrelazan: “Las historias de amor con comida tienen un plus”. No es tan difícil imaginar por qué.

Isabel Croixet, directora de Foodie love, una enamorada del séptimo arte y de la gastronomía.

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