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Ashoka
ALIANZA CON ESPACIO ASHOKA

12 abril, 2021

“Podemos convertir el dolor y la impotencia en prevención y enseñanzas”

A los 13 años, Uriel Ghigo perdió a su hermano Kevin, que falleció por muerte súbita. A raíz de ese episodio que marcó su vida, se propuso ser instructor de RCP y fundó una organización para capacitar a distintas personas en la técnica de reanimación.

Luego de la muerte de su hermano, Uriel decidió transformar su tristeza en un impulso para ayudar a otros a sobrevivir. 

Por Uriel Ghigo*

Mi sueño era jugar a la pelota, tener muchos amigos y a mi familia siempre cerca. Soñaba lo mismo que cualquier “peque” de 13 años podría pedir para su futuro. Hasta que un día, con unos fuertes golpes en la puerta de casa a la medianoche, entendí que vivir no se basaba en sueños, sino en la realidad. 

Para contar quién soy, qué hago y mis motivos para hacerlo, primero tendría que decir que soy Uriel Ghigo, nací hace 20 años en una familia hermosa (no perfecta, pero sí hermosa), con mamá Luci y papá Mario acompañando en cada paso, además de tener a los mejores hermanos que podían tocarme: Kevin, mi hermano mayor y Patricio, el menor. Somos de San Francisco, provincia de Córdoba. Infancia de a tres, compartiendo juguetes, amigos, momentos y enseñanzas; con Kevin siendo nuestro ejemplo a seguir, crecíamos día a día mientras anhelaba ser como él en un futuro.

Kevin parecía ser el joven ideal: disfrutaba la vida, amaba la música, tocaba su guitarra, cantaba, compartía tiempo con sus amigos, aprendía, se lucía en sus estudios y mil cosas más. Hasta que un día descubrió que también amaba jugar vóley. En el año 2014, cada noche terminaba de entrenar en el club y volvía a casa, donde sabía que ahí estaba yo esperándolo para compartir un momento, mientras lo escuchaba contarme con pasión cómo había estado la práctica ese día.

Pero el 7 de Julio de 2014, esperando su llegada para oír su relato, se escucharon fuertes golpes en la puerta de nuestra casa, golpes que venían acompañados de la peor noticia que recibimos como familia: algo le había pasado a Kevin, e había desvanecido entrenando. Nadie supo qué era lo que realmente acababa de ocurrir, nadie supo tampoco cómo salvar su vida.

Durante casi una semana, la esperanza de volver a tenerlo con nosotros estuvo a flor de piel. Ansiaba seguir siendo el “peque” sin preocupaciones ni sentido de la realidad que había sido hasta entonces. Seis días después, el 13 de julio, finalmente nos arrebataron todo tipo de esperanza. A sus 18 años, Kevin había perdido la vida a partir de un suceso que pudo ser evitado. Su corazón se había detenido de repente mientras practicaba un deporte un día como cualquier otro…

Y no recibir el primer auxilio que necesitaba le costó la vida.

Luego de su pérdida, toda una familia conoció el dolor, la impotencia, el enojo y muchos otros sentimientos que, siento, nadie debe conocer. La vida nos había arrebatado muchísimo y junto a ello, se llevó esa inocencia que te da la niñez. A mis 13 años ya no quería jugar a la pelota, quería gritarle a todo el mundo que necesitaba a mi hermano cerca para seguir. Toda esa mezcla de sentimientos nos llevó como familia a querer saber más sobre lo que nos había ocurrido. ¿Por qué a él? ¿Su corazón sufría algo y no lo sabíamos? ¿Se podría haber evitado? Entre muchísimos otros interrogantes…

A sus 20 años brinda charlas y capacitación para realizar la técnica de RCP que podría haber salvado la vida de Kevin. 

Así fue como descubrimos que él había sufrido una muerte súbita. Es decir, su corazón se detuvo sin ningún tipo de aviso previo. Su corazón estaba en perfectas condiciones, pero se detuvo. Descubrimos que, en nuestro país, ocurre una muerte súbita aproximadamente cada quince minutos, como también descubrimos que existía una maniobra muy sencilla que podría haber salvado su vida, la Reanimación Cardiopulmonar (RCP).

Al investigar esta maniobra, lo simple y eficaz que era, nos sorprendió lo poco que se mencionaba, por lo que decidimos comenzar a difundir su importancia. Dentro de nuestra ciudad, centros de salud afirmaban no estar preparados para brindar capacitaciones sobre el tema ante nuestro pedido de ayuda, lo que nos asustaba aún más. Luego de contactar con la Fundación G.E.E.R. de Córdoba Capital, quienes inmediatamente se pusieron a disposición y coordinaron viajar a nuestra ciudad.

Un 13 de Julio de 2015, en el aniversario de su fallecimiento, pudimos brindar la primera capacitación de RCP en nombre de Kevin.

Ver por primera vez una capacitación sobre esta maniobra nos impactó y marcó para siempre. No podíamos entender cómo algo tan sencillo pudo haber salvado la vida de mi hermano, pero nadie supo hacerlo. En ese momento, comprendimos que nuestra misión debía ser difundir la importancia de esta técnica para que nadie tuviera que perder a “otro Kevin”. Fue así que dimos comienzo a la Asociación Civil Kevin RCP San Francisco, un espacio fundado por familia y amigos de aquel joven que, aunque se había ido, estaba cada día más presente.

Por mi parte, a mis 14 años decidí que algún día iba a ser yo quien le contara a cada grupo de personas que se acercara quién era Kevin y cómo era esa maniobra tan importante. Por eso, a pesar de mi corta edad, decidí realizar un curso de Asistente Sanitario en Emergencias y Rescates Prehospitalarios, luego cursos de Pedagogía y Didáctica para Instructores, entre otros, para comenzar a ser uno de los instructores dentro de este espacio que habíamos generado como familia.

De más está decir que nada de esto lo hice solo; seguía contando con el apoyo de mi familia a cada paso y con nuevas personas que decidían colaborar con nuestra causa, ayudándonos a difundir y enseñar. Podría asegura que esos desconocidos se convirtieron en familia, siendo una parte fundamental del crecimiento de esta asociación.

En honor a su hermano creó, junto a su familia, la Asociación Civil Kevin RCP San Francisco, en la provincia de Córdoba. 

Con el tiempo, la mentalidad de la gente comenzó a cambiar y lo vimos reflejado en los llamados de las instituciones. Primero colegios, luego clubes, gimnasios, empresas. De a poco, nuestro mensaje creció. Desde 2015 hasta hoy, más de 25.000 personas fueron capacitadas por nuestro equipo, pudiéndose salvar alrededor de 30 vidas gracias a la aplicación de la maniobra. Desde lo personal, creo que nunca voy a terminar de dimensionar lo importante que es que se hayan salvado vidas con un conocimiento que compartí en una capacitación de dos horas.

Poco a poco el reconocimiento de la sociedad fue creciendo, comenzamos a tener difusión y mucho apoyo de los medios. Algunos jóvenes no sabían mi nombre, pero al verme se referían a mí como “el chico RCP” y en el fondo me reconfortaba, porque sabía que ahora los jóvenes de mi edad también conocían esa maniobra tan importante y, si me relacionaban con eso, era porque habían escuchado mi mensaje. Kevin no se había ido en vano.

Hoy, nuestra asociación es una realidad, con un pasado, un presente y un futuro. Un espacio donde podemos convertir todo ese dolor e impotencia en prevención y enseñanzas. Durante años nos relacionaron con la palabra “resiliencia” y quizás haya mucho de eso en este proyecto. Podríamos habernos frenado en nuestro duelo y no movernos de ahí, pero entendimos que, al hacerlo, este dolor podía ser evitable para otras familias.

Como me prometí hace cinco años, me convertí en instructor de RCP y, en cada capacitación, intento llevar el nombre de mi hermano hasta lo más alto, dejando el alma y el corazón en cada paso que doy.

Hoy sueño que existan y se regulen políticas públicas concretas que actúen a favor de la prevención de la muerte súbita y la difusión de las maniobras de reanimación. Sueño con que el día de mañana la sociedad entera sepa que cualquiera puede salvar vidas, no solamente un médico, y que solo necesitamos dedicarle dos horas de nuestro tiempo a aprender cómo. Sueño con que no tengamos que perder otro Kevin y que cada joven pueda seguir soñando con jugar a la pelota, en lugar de tener que llorar a su hermano.

*Uriel Ghigo es un Joven Transformador de Ashoka, la organización que impulsa agentes de cambio, por su trabajo en la Asociación Civil Kevin RCP San Francisco

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