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28 julio, 2021

“Para generar cambios sociales se necesita participación ciudadana”

Germán Montero decidió dedicar su vida a trabajar por el medioambiente y, luego de un largo camino, se asentó en la Patagonia, donde junto a un grupo de amigos fundó Asociación Ambiente Sur, una entidad enfocada en generar conciencia y acción. Desde 2016 es Fellow de la red de Ashoka en Argentina.

Germán Montero trabaja en pos de mejorar la calidad de vida de las personas enseñándoles a cuidar su entorno.

Por Germán Montero

Mi pasión hacia el ambiente comenzó desde muy chico. Recuerdo que mi abuelo, entrerriano, tenía una casita en el Delta. En el Delta es costumbre ponerle nombre a las casas; la nuestra se llamaba “El Macá”. Fue en ese lugar donde se despertaron mis primeras inquietudes hacia la naturaleza. 

Sin embargo, nací y me crie en el cemento de Buenos Aires, exactamente a pocos pasos de la traza del ferrocarril Sarmiento. Allá por los 70, no era lo mismo que ahora. Las cuadras del barrio se caracterizaban por su paz y tranquilidad, el canto de las cigarras era silenciado por el ruido del tren. 

Por aquellos años, Floresta era un lugar maravilloso para ser niño. A mí, particularmente, me gustaba jugar en las placitas aledañas a las vías, a la sombra de algún gomero o de un jacarandá. Pero, si tuviera que definir el verano, diría que no había nada que disfrutara más que las salidas al Delta entrerriano, o las vacaciones en la Patagonia, en la casa rodante de mis queridos tíos de Bariloche. 

Como mi familia es católica practicante, me movía “como pez en el agua” en el ambiente parroquial. Así fue como, a través de Acción Católica, di mis primeros pasos en el camino del trabajo comunal. Al poco tiempo participé en un programa de formación de líderes cuyos pilares me resultaron valiosos, tanto para la vida profesional como personal, dejando su huella más profunda en el terreno espiritual.

Meses antes de terminar el colegio comenzó la incertidumbre de qué estudiar. Sabía que tenía un objetivo, que era unir mis grandes pasiones: la naturaleza y las personas. Finalmente, y ya habiendo recorrido un largo camino y dos carreras intermedias, me recibí de Licenciado en Gestión Ambiental. Podría decirse que fue la vocación quien me encontró a mí: un paso tras otro, se fueron encadenando para forjar al hombre que estaba destinado ser.

No es casual que uno de mis primeros empleos fuera como voluntario en la Fundación Patagonia y así empecé a esbozar lo que deseaba en la vida. Desde ese espacio, junto a un grupo de amigos, nos involucramos en la defensa de los hielos continentales patagónicos. Más adelante, una oferta laboral en la Municipalidad de Río Gallegos me trajo a estas latitudes, a principios del año 2000.

Junto a un grupo de amigos, Germán creó la Asociación Ambiente Sur.

“Considero un regalo de Dios trabajar en pos de mejorar la calidad de vida de las personas enseñándoles a cuidar su entorno, en particular en un ecosistema tan frágil como el nuestro. Es por eso que estoy convencido de que la participación ciudadana es vital”.

Quedé fascinado con la provincia de Santa Cruz desde el primer momento. Era tanto lo que se podía hacer, que valía la pena superar la distancia y las dificultades. Además, contaba con el apoyo incondicional de mi familia que, generosamente, conociendo mi espíritu indómito, me acompañó en el proyecto desde el amor y aliento permanente. 

Mirando en perspectiva, y con el diario del lunes, llegar a esta ciudad dejando atrás a mi familia y a mis amigos, me hizo sentir como nunca antes la necesidad de relacionarme con los demás. Por suerte, siempre me recibieron con los brazos abiertos. Fue así que esos primeros y definitivos pasos en la Patagonia Austral me hicieron comprender aún mejor la necesidad de fomentar la integración armoniosa entre los vecinos y su entorno. 

Como si el destino ya hubiera pintado sus líneas continuando los pasos de mi abuelo, otro “Macá” marcó nuestra historia familiar. “Macá Tobiano”, así nombramos a nuestra pequeña casa en el medio de la estepa en aquellos años, sin saber que luego gran parte de mi vida estaría destinada a proteger este magnífico símbolo de la Patagonia Austral.

Años más tarde, gracias a Santiago Imberti, conocí la obra de Mauricio Rumboll, que fue una nueva bisagra en mi vida. En el año 1974, mientras Mauricio estudiaba la migración del Cauquén Colorado en la laguna Los Escarchados, se topó con una especie endémica de la Provincia de Santa Cruz: el Macá Tobiano (Podiceps gallardoi). Al poco tiempo, se supo que existían tan solo 5.000 individuos; pasaron algunos años y el número disminuyó drásticamente. Por lo que trabajar en su conservación era y sigue siendo una necesidad urgente para evitar su extinción.

El Macá Tobiano es una especie en peligro de extinción que vive en la provincia de Santa Cruz.

El Estuario de Río Gallegos y la estepa me enamoraron de inmediato. De hecho, considero un regalo de Dios trabajar en pos de mejorar la calidad de vida de las personas enseñándoles a cuidar su entorno, en particular en un ecosistema tan frágil como el nuestro. Es por eso que estoy convencido de que la participación ciudadana es vital. Visto que durante el invierno, el Macá Tobiano migra desde las mesetas del oeste santacruceño hacia la costa atlántica, siendo nuestro estuario uno de sus principales sitios de invernada. 

Como el crecimiento de la ciudad sobre el Estuario aumenta la contaminación y también la presencia de animales domésticos, esto provoca disturbios en ese lugar sagrado donde, tanto el Macá Tobiano como otras aves que migran desde el ártico, descansan y se alimentan. Con ese problema inicial, creo fervientemente que la sociedad debe trabajar en pos del cambio. Es así como con un grupo de amigos fuimos dando forma al proyecto que nace formalmente en el año 2007, como Asociación Ambiente Sur, cuyos ejes son: la participación ciudadana, la educación ambiental y la conservación.

“Muchas veces me preguntan cómo es que pude compatibilizar el amor hacia el prójimo con el amor al ambiente o cómo es que no estoy enojado con el ser humano, siendo el mayor enemigo de la naturaleza. Sin dudas, la respuesta viene de la mano de mis creencias religiosas y mi fe en las personas”.

Muchas veces me preguntan cómo es que pude compatibilizar el amor hacia el prójimo con el amor al ambiente o cómo es que no estoy enojado con el ser humano, siendo el mayor enemigo de la naturaleza. Sin dudas, la respuesta viene de la mano de mis creencias religiosas y mi fe en las personas. A lo largo de mi trayectoria profesional fui cada día más consciente de la importancia de la educación y la formación temprana en la materia como pilar del conservacionismo presente y futuro. Luego de más de 20 años trabajando en la región y a pesar de los pronósticos “apocalípticos”, veo que somos cada vez más personas y organizaciones de diversa índole, conscientes y comprometidas para cambiar la manera en que nos relacionamos con la naturaleza. La pandemia nos ha mostrado la urgencia con la cual deberíamos profundizar ese cambio.

Todos estos años de servicio me sirvieron para conocer a muchos como yo, los que creemos en la importancia del trabajo en red; me refiero a la verdadera red social, al tejido social como parte del ambiente.

Sin embargo, mi formación profesional no me define, de hecho, mi campo de trabajo es de lo más variado y se trabaja por igual con equipos multidisciplinarios: tercer sector y voluntarios. Es así como algunas veces veo con felicidad y plenitud cómo la sociedad, cambiando sus hábitos y siendo más consciente, es capaz de generar un impacto positivo en el entorno. 

Si querés saber más sobre esta iniciativa ingresá en  www.ambientesur.org.ar

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