Sophia - Despliega el Alma

Ashoka
ALIANZA CON ESPACIO ASHOKA

15 julio, 2020

“La vida siempre nos vuelve a sorprender”

Resiliencia es una de las tantas palabras que definen a Vicky Viel Temperley, autora de esta nota y fundadora de una organización dedicada a acompañar a personas con cáncer. Una mujer valiente que, frente a la pandemia, encontró nuevas formas para sanarse y ayudar a sanar.

Por Vicky Viel Temperley*

Nací en una familia con siete hermanos, tuve seis hijos, tres nietos y un nuevo  nieto por nacer. Siempre estuve rodeada y bien acompañada. Hasta hace muy poco vivía con Camila, mi sexta hija, con quien trabajé durante 10 años compartiendo tiempos maravillosos. A los cinco días  de su mudanza, en el país se declara el aislamiento social obligatorio… y me enojé bastante.

¿Cómo voy a aprender a vivir sola en cuarentena y sin poder salir de casa?”, fue lo primero que pensé. En este encierro quieto y duro, se reactiva mi historia y se hacen tan presentes las ausencias como nunca. Hoy se vuelve insoportable recordar el mismo silencio de la terapia intensiva, con el sonido parejo y constante  del respirador. Esa máquina perfecta que respiró durante cuatro meses para darle vida a mi hijo. Fueron dos años los que estuve al lado de su cama, esperando que despierte (N. de la R.: A su hijo Santiago le descubrieron un tumor cerebral en octubre de 2000, cuando tenía 15 años).

Mi hijo murió en 2002 y luego murió mi marido. Y a partir de ese momento, mi único objetivo fue encontrar un sentido al dolor y reconstruir mi familia. Porque, ¿quién dijo que no se puede volver a ser feliz? Lentamente reuní fuerzas y fundé Donde Quiero Estar, una organización que llegó a mi vida para que cientos de pacientes puedan ayudarme a sanar mis heridas.

María de San Martín es su hija y también la directora del Departamento de Arte de la fundación.

Me fui curando. Y nos fuimos curando y cuidando entre mis hijos y las personas con cáncer. ¿Quién ayuda a quien? ¿Quién está sano y quién está enfermo? ¿Dónde está esa línea que separa la risa del dolor, la vida de la muerte? ¿Quién gana y quién pierde?

Cuando llegó la cuarentena sentí que me arrancaban el vendaje y toda la anestesia de un tirón. Con la pandemia cerraron las puertas del hospital y ya no puedo ir al encuentro de aquellas personas que le dieron vida a mi vida. Hoy el virus me vuelve a enjaular y me siento como una niña rebelde buscando otro lugar donde estar.

La fundación quedó afuera de las salas de quimioterapia, y siento que estamos en  una sala de espera silenciosa y en pausa. Y que en este nuevo silencio surge la necesidad de seguir creciendo y creando. Surge esa iniciativa emprendedora que nos caracteriza a quienes nos consideramos agentes de cambio.

En plena pandemia Donde Quiero Estar sigue acompañando a los pacientes oncológicos.

Hace tiempo  aprendí que lo único que me salva es crear proyectos que me permitan dar y recibir. Recibir y dar. Porque en este intercambio amoroso, en el cual también reina la empatía, aparece el verdadero amor, el que realmente nos sana después de tanto dolor. Y frente al COVID, aparecieron nuevas necesidades para las personas con cáncer: hay mucha demora para conseguir turnos en los servicios de oncología, lo que genera mucho temor y ansiedad.

Tener cáncer es muy duro y mucho más duro en plena cuarentena.

También vimos que se hizo más difícil el acceso a la medicación. Los pacientes se enfrentan con un sistema de salud desbordado, con trámites burocráticos sumamente complicados para personas que viven en un contexto social tan vulnerable. Y también apareció un nuevo obstáculo: el traslado a los hospitales públicos. La gran mayoría de los pacientes hoy está sin trabajo y sin obra social, tiene las defensas bajas y no puede viajar en transporte público porque aumentaría  la posibilidad del contagio. Por esta razón, decidimos lanzar una campaña de recaudación de fondos para hacer traslados de una manera segura en remís.

El arte, un bálsamo para acompañar a las personas con cáncer y sus familias en los hospitales.

Frente a tantas dificultades, creamos un programa de contención psicológica virtual para los familiares y pacientes que están sumamente abrumados, especialmente por tener cáncer en medio de la pandemia. Este programa de acompañamiento virtual es clave porque nos permite llegar a todas las provincias, llegar a mayor cantidad de pacientes sin perder tiempo ni gastos de traslados. También tuvimos que reforzar el programa de acceso a la medicación para que los pacientes puedan comenzar el tratamiento en tiempo y forma.

Y  por último, gracias a la plataforma www.mundocancer.com logramos dar respuesta inmediata y asistencia personalizada a través de nuestra línea de WhatsApp, una gran oportunidad para seguir ayudando desde nuestras casas.

Mi sueño es contagiar las ganas de ayudar a muchas otras personas, para que ningún paciente se sienta solo en momentos tan duros. Y comprender que al tocar el alma de las personas con cáncer, son ellas quienes nos alegran y nos sanan con su amor. No hay alegría más grande que sacarle una sonrisa a alguien que está llorando.

De la mano de la reflexología, un encuentro humano capaz de sanar penas y dolores.

(*) Luego de la muerte de su hijo Santiago, Vicky Viel Temperley fundó Donde quiero estar, un programa destinado a humanizar los tratamientos oncológicos acompañando a pacientes y familiares. Es una emprendedora Social de Ashoka.

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