Sophia - Despliega el Alma

Ashoka
ALIANZA CON ESPACIO ASHOKA

24 septiembre, 2021

Hacer de la discapacidad un puente entre las personas

Victoria Shocrón trabajaba como actriz y bailarina cuando un encuentro casual cambió las prioridades de su vida y, a partir de esa experiencia, decidió crear la Fundación Discar, una entidad que trabaja por la inclusión.

La Fundación Discar trabaja con las personas con discapacidad intelectual para lograr su inclusión social y laboral.

Por Victoria Shocrón

En el año 1986 mi vida transcurría, como desde hacía varios años, entre sets de tv y escenarios de teatro, trabajando en lo que pensé que iba a ser mi carrera para siempre, porque amo actuar, cantar y bailar. Pero un día en el que estaba en la playa con mi marido y nuestro hijo –que por ese entonces tenía 3 años– se acercó otro nene a mirarnos. Le pregunté su nombre y lo invité a jugar, pero no me respondió.

Creía que no quería o que, tal vez, tenía vergüenza, por lo que dejé de insistir y seguí jugando con mi hijo.

En un momento dado, comenzamos con un juego que a él le divertía, que era repetir los sonidos que yo hacía con los baldecitos de playa, a modo de tambor. Jugábamos al eco de sonidos. Fue en ese momento que el nene que no me había respondido un rato antes se acercó nuevamente y fue directamente a responder con el sonido rítmico.

Me sorprendió, entonces repetí sonidos que, nuevamente, hicieron que me respondiera.

Sólo en ese momento me di cuenta de que, aunque ese nene tenía una discapacidad, eso no le impedía comunicarse a través de un juego musical. Fue así que se hizo amigo de mi hijo y compartieron los meses de playa jugando juntos sin necesidad del lenguaje verbal.

Vicky Shocrón es la fundadora de Discar. En 1995 fue seleccionada como la primera emprendedora de Ashoka Argentina.

Ese episodio despertó en mí un deseo muy potente de compartir lo que yo amaba –la música, el baile, la actuación– con personas como ese nene para darles la posibilidad de comunicarse. Porque eso había sucedido: ¡nos habíamos podido comunicar! Pero mis deseos se encontraron con un obstáculo: tenía contratos firmados para trabajar en lo mío y no me daban los tiempos, que repartía entre las grabaciones y mi familia.

Sin embargo, nunca olvidé ese encuentro y, cinco años después, cuando terminé mi participación en la comedia musical Sorpresas, me encontré por primera vez, después de mucho tiempo, sin un contrato firmado para seguir de inmediato. Fue así que, pensando en ocupar mi tiempo hasta que saliera algo nuevo de actuación, puse manos a la obra para llevar adelante ese proyecto que había dejado stand by: el de ofrecer a las personas con discapacidad diferentes caminos de comunicación a través del arte.

Dado que sé que no poseo el don de enseñar, comencé a buscar a personas que sí lo tuvieran para dar clases y que, sobre todo, comprendieran la idea. No quería que fuese un centro de rehabilitación, sino un centro de arte. Y una vez que tuve armado el equipo de profesores, me puse en marcha para conseguir el presupuesto que me permitiera pagarle a cada uno de ellos.

Mi decisión –cosa que mantuve hasta hoy– fue trabajar ad honorem. Pero para mantener al equipo debía conseguir fondos. Por entonces un colega actor, Alberto Fernández de Rosa, era el Director del Centro Cultural General San Martín y le pedí que leyera mi proyecto y me dijera si podía ayudarme a llevarlo adelante. Así lo hizo y le pareció muy interesante que bajo su gestión se pusiera en marcha en Argentina el primer centro de arte para personas con discapacidad intelectual.

De la mano de Vicky y un gran equipo de profesionales se puso en marcha el primer centro de arte para personas con discapacidad intelectual. 

Lo que yo debía buscar era el lugar físico para comenzar ya que, como tenía pensado, necesitábamos cuatro salas en simultáneo. Los alumnos vendrían dos veces por semana y en cada visita pasarían por dos áreas. Así, al finalizar la semana habrían participado de los cuatro talleres que íbamos a brindar.

Comencé a recorrer escuelas por la zona de mi casa hasta que el director de una de ellas por fin me dio el ok. Nos cederían el espacio gratuitamente a la hora en que los alumnos de primaria se retiraran; es decir que la escuela sería nuestra entre las seis de la tarde y las ocho de la noche. El Centro Cultural General San Martín nos ayudó lanzando la convocatoria y el día señalado nos presentamos esperando ver llegar a muchos niños como aquel de la playa… Pero, en cambio, comenzaron a llegar jóvenes y adultos. Ningún chico.

Allí nos topamos con una primera realidad que no conocíamos. Quienes necesitaban un espacio nuevo eran aquellos que ya habían finalizado la escuela y no tenían nada para hacer. Los niños concurrían a escuelas y centro de rehabilitación donde contaban con esos espacios. Sin dudarlo, avanzamos con estas personas que tanto nos necesitaban. Y comenzamos a recibir 25 alumnos.

Al segundo año el número de alumnos se había duplicado y los resultados eran increíbles. Los cambios, que ya podíamos ver, nos llenaban de alegría y, a sus familiares, también de sorpresa.

A mediados del segundo año, los “recortes municipales” de la época hicieron que nos anunciaran que ese sería el último año subvencionado. En ese momento me dije que era imposible cerrar el espacio porque estábamos modificando la calidad de vida de muchas personas. Lo que necesitaba era ver de qué manera podía conseguir los fondos para seguir.

Sólo tenía a mano a mis colegas actores y fue a ellos a quienes recurrí. También recibí ayuda de otras personas para convocar a exjugadores de fútbol queridos por el público y así comencé a organizar Fútbol de las Estrellas, un evento que nos ayudó a seguir avanzando y así logramos comprar nuestra primera sede ya que, como lo organizaba yo sola, no debía derivar fondos para pagarle nada a nadie.

Es decir que todo lo recaudado en auspiciantes, además de la venta de las entradas, era totalmente volcado a la cuenta de la fundación.

Pero al mismo tiempo de estar organizando esta locura de evento me acerqué a una empresa que, había escuchado, colaboraba con organizaciones: esa empresa era McDonald´s. Llevé impresa una carta que comenzaba “A quien corresponda…“, donde luego contaba todo lo que estábamos haciendo. Sí, llevé la carta en persona, porque además de ser la presidente, yo también era un poco  cadete de Discar.

Tuve la suerte de que ese mismo día me recibiera el presidente de la compañía, el Sr. Woods Staton, quien se interesó mucho por lo que veníamos haciendo. Volvimos a reunirnos dos o tres veces más y, a partir de allí, fue siempre mi apoyo y, de alguna forma, mi mentor. Él estuvo cerca para ayudarme a seguir con mi proyecto hasta el día de hoy, 30 años después.

Entre charla y charla, le comenté que yo estaba aprendiendo mucho de las personas con discapacidad, de su realidad dentro de la sociedad. Y así, sin pensarlo, me vi preguntándole si tal vez nos podría dar trabajo para quienes concurrían a los talleres de arte. Lo interesante es que casi no dudó, simplemente me pidió que le indicara cómo podríamos hacerlo y él me daría los puesto de trabajo.

Llena de energía llevé la novedad al equipo de trabajo. En realidad, la primera reacción fue de incredulidad y sorpresa. No se imaginaban a nuestros alumnos trabajando en una empresa. Pero para mí estaba clarísimo que iban a poder. Nos pusimos a pensar cuál sería la mejor manera. Desde el primer momento les compartí la idea de que, además de cuidar a las personas con discapacidad, debíamos cuidar a la compañía, porque esa sería la manera de conseguir más puestos para más personas.

La experiencia tendría que ser exitosa para todas las partes.

Así fue que entre todos fuimos armando lo que hoy es el EcA, un Programa de Empleo con Apoyo. Luego, los profesionales de Discar lo fueron perfeccionando y hasta el día de hoy seguimos en esa línea de trabajo con más de 30 empresas inclusivas. Tenemos el orgullo de decir que en 2009 hemos recibido el Premio Reina Sofía, en Toledo, sin dudas un hito muy alentador para todos nosotros.

La fundación cuenta con un programa de apoyo de empleo que funciona con más de 30 empresas inclusivas. 

Actualmente hay en Discar, además de los Talleres de Arte, muchos otros talleres y cursos de formación integral y laboral. El equipo de profesionales trabaja con excelencia y enorme compromiso junto a las personas con discapacidad intelectual, sus familias y también en sus entornos laborales. Tanto es así que en 2020, en plena pandemia, no se suspendieron las actividades: se lograron adaptar los talleres y cursos a la virtualidad y también ayudar a los alumnos, para que ninguno se quedara sin participar.

Viendo tantos progresos, hace cuatro o cinco años comencé a pensar en dar un paso al costado para que otras personas comenzaran a ocupar los lugares que yo siempre había ocupado como presidente, además de directora ejecutiva y encargada de fundraising y comunicación.

De a poco fui delegando y, en 2019, deje la presidencia pero, a la distancia, sigo participando activamente en la comunicación y, como siempre, dentro del consejo asesor. Cabe destacar que tenemos el privilegio de contar con una comisión y un consejo asesor de lujo que nos ayudan a pensar estrategias para seguir creciendo.

La inclusión es un compromiso de todos (y juntos es mucho más fácil)

“…La Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad y su Protocolo Facultativo se concibieron como un instrumento de derechos humanos con una dimensión explícita de desarrollo social. En ella se adopta una amplia clasificación de las personas con discapacidad y se reafirma que todas las personas con todos los tipos de discapacidad deben poder gozar de todos los derechos humanos y libertades fundamentales. Se aclara y precisa cómo se aplican a las personas con discapacidad todas las categorías de derechos y se indican las esferas en las que es necesario introducir adaptaciones para que las personas con discapacidad puedan ejercer en forma efectiva sus derechos y las esferas en las que se han vulnerado esos derechos y en las que debe reforzarse la protección de los derechos…”. 

La Convención fue aprobada el 13 de diciembre de 2006 en la Sede de las Naciones Unidas, en Nueva York. Y, si bien Fundación Discar comenzó a funcionar en 1991, cuando aún no existía este acuerdo, desde su inicio entendimos que preservar los Derechos de las personas con discapacidad, y trabajar porque se cumplan en todos los ámbitos de la sociedad, era algo fundamental.

Hoy, haciendo una retrospectiva, siento mucha emoción y orgullo por el trabajo de equipo realizado hasta aquí y también un mayor compromiso por seguir adelante, ya que cada paso que damos abre nuevas puertas para muchas personas.

Porque cuando comenzamos siendo el primer centro de arte no imaginamos que florecerían tantos otros, a partir de mostrar que el Arte es un camino de crecimiento y comunicación para cualquier persona, tenga discapacidad o no. Porque luego de ver que podían expresarse libremente, las personas para las cuales trabajamos sintieron mayor libertad para expresarse en todos los ámbitos de la sociedad y aceptaron que también eran capaces de ocupar puestos de trabajo en igualdad de condiciones con cualquier otra persona.

Pero cuando comenzamos con el primer programa de empleo de personas con discapacidad intelectual y nos esforzamos por modificar la conciencia social, no imaginábamos −aunque sí deseábamos− que fuera entendido y replicado por muchos otros. Hoy es una realidad, aunque todavía falta mucho para conseguir empleos para todas las personas que ya están preparadas para hacerlo bien. Y cada paso que damos creando un espacio nuevo nos obliga a dar también un paso más allá. 

Entre proyectos y proyectos, muchas vidas fueron modificadas y muchas historias nos atravesaron. Nos modificaron desde lo profesional, como equipo, y también nos modificaron y nos modifican en lo personal, día a día.

A través de lo vivido durante estos 30 años siento un profundo agradecimiento por la confianza depositada en nosotros. Por parte de las personas con discapacidad, por sus familias y por todos los que se fueron sumando para ayudarnos a hacer realidad nuestra tarea.

No sólo desde el aporte económico que, sin dudas, es algo imprescindible; sino también desde las diferentes maneras que las personas tienen de colaborar: aporte de trabajo voluntario, donaciones en especies, cabezas brillantes para ayudarnos a pensar estrategias. Siempre habrá algo más para dar, algo nuevo para hacer. Porque trabajamos con y para personas, y la vida de esas personas está en continuo movimiento y modificación.

Por eso, los invito a seguir acompañándonos para cambiar la vida de muchos más en www.fundaciondiscar.org.ar

¿Te gustaría recibir notas como esta en tu e-mail?

Suscribite aquí y te las enviaremos a tu casilla todos los meses

No está conectado a MailChimp. Deberá introducir una clave válida de la API de MailChimp.

Comentarios ()