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Emprendedoras

26 julio, 2021

Al rescate de lo natural: la tendencia de una moda sustentable

A través de técnicas artesanales de confección y teñido, María y Josefina crean prendas únicas compuestas de elementos en estado puro que toman prestados de la naturaleza. Te invitamos a descubrir su propuesta.


María y Josefina pasaron de ser familia a convertirse en socias de Ene.e, una marca de indumentaria natural.

María y Josefina Miguens tienen 26 años y son primas hermanas por parte de padre. Se criaron juntas en el seno de una familia que siempre les dio libertad para buscar y para buscarse. Juntas también despuntaron tempranamente su amor por el arte y la costura pero, sobre todo, por experimentar y descubrir nuevas formas de hacer las cosas. Entre risas, recuerdan aquellos paseos por el parque durante la infancia en los que se pasaban tardes enteras recolectando flores y frutos que luego, entre sus manos, se convertían en preparaciones que daban de probar a todos. “Mezclábamos cualquier cosa, pobres, el gusto que tendría todo eso…”, dice María que es periodista, estudió Bellas Artes y se dedica al marketing y la creatividad. Con los años, ese espíritu lúdico siguió vivo y cuando Josefina, diseñadora de indumentaria, creó Ene.e (que en japonés remite a la palabra “raíz”), su marca de ropa artesanal, su prima María celebró la decisión y se convirtió en una de sus primeras clientas.

El proyecto textil de Josefina había comenzado tiempo antes, de la mano de su tesis para la facultad, en la que decidió indagar sobre la flora japonesa. De a poco, con el propósito de aprovechar desperdicios de alimentos, cortezas de arboles y otros componentes naturales para dar color a telas y lienzos, logró conjugar esos saberes para confeccionar piezas únicas donde el tinte fuera protagonista, a través de una confección totalmente artesanal. Creativa por naturaleza, Josefina tenía sin embargo un punto flaco: la organización y los números. Así fue como su prima sintió que era hora de sumarse al proyecto. “¡Yo soy una planilla con patas!”, dice con humor María, la responsable de ordenar todas las cuestiones logísticas y administrativas del emprendimiento, que poco a poco logró ampliarse y, además de una tienda nube, ya cuenta con la puesta en marcha de un taller con showroom para que quienes se acerquen puedan ver los procesos de producción y probarse la ropa.

Durante el proceso de teñido las emprendedoras emplean tintes naturales como la cúrcuma, el pasto y el café.

“Antes de la pandemia tenía el proyecto de instalarme en España, pero por las restricciones no pude hacerlo. Por esas cosas de la vida comencé un curso de pigmentos naturales. Así me di cuenta que esto era lo mío y decidí dedicarme a explorarlo”, detalla Josefina, que reconoce mirar constantemente su entorno para hacerse de sus colores y plasmarlos más tarde en las telas. Dicen que el proceso de confección es intenso y reconocen que cada prenda puede llevarles una semana… o más. Lo primero que hacen es conseguir telas puras: algodón, lino, seda, gasa (según explican, los géneros no pueden tener ningún componente artificial). “Después las lavamos para que no achiquen y les realizamos un proceso llamado mordentado, a través de minerales, para que el color se fije. Por último, preparamos el color con tiempo, porque muchas veces hay que dejar que las sustancias reposen. Y luego teñimos usando raíces, cortezas, flores…”, destacan.

Una vez que el color de la tela está listo, recién entonces comienza el desafío de la confección. “Todo es muy artesanal, no queremos hacer nada ‘en serie’”, observa Josefina y María agrega: “Lo lindo es que nunca te queda igual, por eso decimos que se trata de piezas únicas. El resultado va cambiando y esa cosa del azar nos divierte. ¡Hasta nos sorprende muchas veces!”, señalan.  

“Proyecto amarillo” se llama esta producción que reposa al sol: prendas de algodón puro teñidas con cáscara de cebolla.

Sustentable e inclusiva

El espíritu de la marca es elaborar prendas de líneas simples y amplias que se adapten a cualquier cuerpo y requerimiento vital: mujeres jóvenes, adultas, embarazadas… “Nos gusta que nuestras ‘modelos’ sean chicas reales, muchas de ellas son primas y amigas. Las prendas no son para un cuerpo determinado, se adaptan perfectamente y la misión es que todas nos sintamos cómodas. Los otros días nos compró por primera vez un varón y dijimos guau, qué placer”. Entre sus propuestas se pueden encontrar remerones, ruanas, sweaters, camisas y hasta scrunchies, aunque la vedette, según reconocen, son los kimonos. “Son mis favoritos”, confiesa Josefina, fanática de la impronta de Japón.

Cochinilla, alkanet, palo de Brasil y sandalo, algunos de los elementos que toman prestados de la naturaleza.

En las fotos de su cuenta de Instagram se las puede ver descalzas por el parque, tiñendo en grandes ollas los géneros con cáscara de cebolla, lavanda, cúrcuma, cochinilla. Pura alquimia. “Parece que estamos relajadas, pero hay que trabajar mucho. Nos da gracia porque algunos creen que porque no estás ocho horas en una oficina no hacés nada, pero se nos va el día entero en acción: yendo a buscar las telas, tiñendo, armando pedidos y packagings, moviendo las redes sociales… Todo lo hacemos nosotras junto a Nori, la costurera”.

¿Dónde encuentran su inspiración? A la hora de responder, no dudan ni un instante: “Los colores de la vida nos llevan a buscar”, comparten a dúo y reconocen que la pasión por el arte, las manualidades y la confección les viene de familia. Ambas tienen en claro cuál es su prioridad: lograr belleza sin perder de vista lo simple y, por sobre todas las cosas, no participar de procesos que incluyan prácticas crueles con el medioambiente. “La industria textil es una de las que más contaminan. Con los pigmentos naturales no solo no contaminás, sino que además usás cosas que normalmente tirarías. Acá las podés reutilizar y lo mismo el agua que se emplea, que aunque es verdad que se utiliza, después sirve para regar las plantas y no se tiene que descartar porque no contiene residuos de productos químicos”, destacan y aseguran que su idea no es seguir una moda, sino explorar con libertad y armonía.

En ollas que reposan sobre el fuego las piezas de tela comienzan su aventura de convertirse en algo más.

Lejos de ser un número, sus clientas conforman una verdadera comunidad. “Saben muy bien lo que les vendemos, están pendientes de los procesos y valoran que lo que hacemos no tenga un impacto negativo en el planeta. Nos piden consejos para reciclar y siempre les compartimos todo lo que sabemos”. Y si bien también venden a algunas marcas que trabajan con productos naturales, antes de aceptar una invitación a participar de un negocio se detienen a mirar muy bien de qué se trata y cuál es la filosofía que hay detrás. “No queremos que sea algo comercial solamente”, remarcan.

Es que hay amor y cuidado en cada una de sus creaciones y por eso, a la hora de las ventas, proponen que no sea solo una compra, sino más bien una adopción: “Aconsejamos cuidar las prendas, lavarlas con delicadeza y no ponerlas todos el tiempo en el lavarropas, como a veces hacemos con un jean o una remera. Son prendas que nos importan, participamos de cada detalle y todas son especiales para nosotras”, concluyen María y Josefina, convencidas de que la diferencia está en apuntar cada vez menos al consumo y más al encuentro con lo esencial.

Podés ver más sobre Ene.e en www.instagram.com/ene.elabel

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