Sophia - Despliega el Alma

Psicología

27 marzo, 2020

Aislarnos para encontrarnos

El aislamiento nos convoca a reflexionar. ¿Cómo estamos viviendo y trabajando? ¿Cómo es nuestra vida en esa casa que habitamos y que, en ocasiones, solo usamos como lugar de paso? La doctora Sonia Kleiman nos ayuda a repensar este desafiante momento que todos estamos atravesando.


Foto: Pexels.

Por Karina Bianco

No debemos confundir aislamiento con aislarnos“, señala la doctora Sonia Kleiman, especialista en psicología vincular de familias y directora de la Maestría y Especialización en Vínculos y Familia del Instituto Universitario del Hospital Italiano de Buenos Aires. Ella sabe bien lo que muchos sentimos en estos momentos: “Pareciera que nuestros pies ya no pisan un suelo tan firme como el que creíamos que existía. Hoy nos convoca una situación que es más parecida a un tsunami, que a una tormenta. Y sucede que sobreviene en nosotros, desde la sorpresa, hasta un miedo a veces inmanejable. Algo se ha interrumpido, pero también algo nuevo se ha presentado que nos desafía a pensar y hacer de otras maneras”, sostiene.

Con ella hablamos para reflexionar acerca de la importancia de vivir la cuarentena como una oportunidad de renovación y encuentro y para conocer cuáles son los aspectos a tener en cuenta a la hora de mejorar la convivencia. A continuación, te compartimos las claves que elaboró para Sophia con la misión de ayudarnos a llevar esta experiencia de la mejor manera posible.

Solo no es soledad, ni desolación

Vivimos en una sociedad en la cual estar solo quedó instalado como no estar en pareja o no tener muchos amigos. Vinculamos la soledad con aburrimiento y, en la época en la que vivimos, pareciera que está prohibido aburrirse, cuando en realidad esos momentos de no saber qué hacer son propicios para buscar, curiosear, inventar.

La situación actual nos hace pensar en muchas cuestiones que en otros momentos pasan desapercibidas o se naturalizan. Están más expuestas nuestras ansiedades, temores y angustias y la necesidad de compartirlos, y esto a veces requiere buscar formas distintas a las habituales.

Foto: Pexels.

Hablar todo el tiempo no es siempre estar acompañado

Se puede hablar y hablar, pero eso no significa que escuches o te sientas escuchado. Hablar y chatear sin parar puede ser un gran ruido de fondo porque –a veces– el silencio asusta. Pero el silencio también permite oír de otra manera, percibir otros sonidos.

Los diferentes canales que tenemos hoy (WhatsApp, chats grupales, plataformas online, redes sociales) acompañan, pero también agobian. Hay que cuidar que no nos desgasten.

La imaginación al poder

Debemos tener momentos en soledad y disfrutarlos. Aprovechar para imaginar, pensar y oír. Y otros, claro, de buscar compañía, porque necesitamos a nuestros afectos más cerca que nunca.

Si estamos solos y no nos es cómodo o nos pone tristes, podemos pensar cómo nos gustaría estar acompañados y tratar de que eso suceda, pero no en piloto automático o hiperconectados.

Si no atravesamos “el vivir solos” desde el abandono o la desolación, nos pueden sorprender ideas que, en otro momento, nunca se nos hubieran ocurrido. Porque hoy el desafío es inventar hasta las maneras de relacionarse. Registrar no solo cuando nosotros necesitamos escuchar a alguien, sino también cuando otros nos convocan y estar de verdad ahí: se puede poner el cuerpo aun desde la comunicación virtual.

Convivencia full time

Nos hemos habituado a que el espacio familiar (sobre todo con niños y adolescentes) esté organizado para encontrarse en la casa en algunos momentos del día o de la noche. Hoy la situación requiere reformular esta dinámica, ya que la vida familiar está convocada a un tiempo de estar juntos, de convivencia plena.

¿Pero que significa convivir? ¿Estar en el mismo espacio? ¿Vivir en la misma casa? Es estar juntos, ¿pero cómo? La cuestión no es pensar qué hacemos con los niños en casa, sino recordar que teníamos un sistema que hizo que nos parezca raro estar juntos padres, pareja, hijos, hermanos, de modo diferente a las vacaciones. Hay mucho temor al aburrimiento, a las tensiones, a que se amplíen los conflictos. Temor que el estar juntos nos provoque malestar, incomodidad, enojos. Esos sentimientos van a aparecer por momentos, pero tenemos las herramientas para resolverlos. Si hay menos miedo al aburrimiento, si no instalamos la idea de entretener a los hijos mañana, tarde y noche, si no forzamos compartir todo, todo el tiempo, y se pueden elegir momentos de privacidad, probablemente se viva esta época en mejores condiciones.

Se puede habitar la casa de otras maneras a las usuales; encontrar sus rincones y que sea un espacio no de encierro, sino de introspección.

Foto: Pexels.

Lo novedoso en tiempos de incertidumbre

Este es un buen momento para descubrirnos en una situación totalmente inédita. Solemos rechazar la incertidumbre, todo tiene que ser planificado, controlable, previsible, garantizado. La realidad que estamos atravesando nos desafía a vivir y relacionarnos de otra manera. Si nos quedamos aferrados a cómo tendrían que ser las cosas según las habíamos pensado, va a ser difícil vivir sin angustiarse.

Es un buen momento para ver todo que lo que estaba armado en piloto automático puede ser modificado. Esto no significa desconocer los riesgos, las imposiciones para cuidarnos, las ansiedades. No significa que no haya momentos de enojo, de mal humor, pero es necesario registrarlos como efecto de esta situación que no solo es personal, o de los vínculos más cercanos, sino de toda la sociedad.

Podemos quedarnos perplejos, paralizados, o vivir esta situación como otro momento de nuestra vida: uno que requiere nuestro asombro y curiosidad.

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