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Adiós al multitasking: por qué es más saludable hacer una cosa a la vez

Dedicarse a varias cosas al mismo tiempo, algo que durante años se asoció a la eficiencia y la productividad, hoy nos genera altos niveles de estrés. Claves para volver a la monotarea y conectar con el momento presente.

Por Paz Berri

Hacemos el desayuno mientras sacamos la ropa del tender. Prendemos el horno, bañamos a los chicos y agendamos un turno. Respondemos mensajes cuando salimos a caminar, y de paso repasamos mentalmente la agenda del súper. Corregimos la tarea del cole de nuestros hijos, al mismo tiempo que preparamos la cena, y pispeamos de reojo el celular. Estamos en una reunión laboral, respondemos un mail, escuchamos la conversación.

Criamos, trabajamos, vivimos, estamos acá y allá, pero finalmente, no estamos en ningún lado. Este hábito que por un tiempo pareció ser una gran virtud, porque nos hizo sentir productivos, hoy se nos volvió en contra. Lo pagamos con estrés, dispersión y desconexión. Andamos por la vida en “2x”, disponibles las 24 horas del día, buscando optimizar tareas para sentirnos más útiles. Agotador.

“Generalmente cuando hablamos de multitasking, nos referimos a hacer dos cosas a la vez. O a creer que las hacemos. Esto es posible cuando dichas tareas no involucran las mismas áreas cerebrales, como caminar y hablar por teléfono. Pero cuando ambas implican un procesamiento más complejo y parecido, nuestro cerebro no puede hacerlo en simultáneo”, explica Clara Pinasco, neuropsicóloga y jefa del Departamento de Neuropsicología del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO). Y aclara: “Un ejemplo sería redactar un mail importante y, al mismo tiempo, responder a mi compañero cuando me pregunta sobre las ganancias de las ventas del cuatrimestre”.

Conectarnos y desconectarnos de un quehacer para conectarnos con otro tiene consecuencias negativas: aumenta la fatiga mental y el estrés, afecta la memoria, nos lleva a cometer errores, nos enlentece, y atenta contra la productividad, la creatividad y la concentración. “En lugar de realizar varias tareas al mismo tiempo, lo que en realidad hacemos es cambiar nuestra atención de una a otra rápidamente. Este proceso se llama ‘cambio de tarea’ o ‘task switching’”, explica Laura Lewin, autora, especialista en educación, y oradora TEDx. Y ejemplifica: “Cada vez que apagás una luz en una habitación (dejás una tarea) y prendés la luz en otra (empezás otra tarea), perdés tiempo y energía. Este cambio continuo consume recursos mentales. Por eso, al igual que prender y apagar la luz constantemente, el multitasking no es eficiente”.

Uno de los distractores por excelencia de esta era es el celular. Apenas oímos un zumbido dejamos todo: leemos el mensaje en cuestión, pero ya que estamos abrimos Instagram, chequeamos el mail, damos una vuelta por TikTok y, recién ahí, nos disponemos a retomar lo que estábamos haciendo. ¿En qué estábamos? Y así todo el día, sin tomar dimensión del desgaste que implica este desvío de atención constante y el perjuicio que causa a nuestro bienestar.

Multitasking al desnudo

La idea de que el multitasking está asociado a la eficiencia y la productividad comenzó a desmoronarse a principios de la década de 2000: “Desde hace mucho sabemos que la atención es una capacidad limitada. Pero con el avance de las técnicas de neuro-imágenes, fueron apareciendo estudios que mostraron que, contrario a lo que se creía, hacer multitasking termina siendo contraproducente, ya que nuestra atención y recursos cognitivos se dividen”, dice Lewin.

Por su parte, la doctora Gloria Mark, autora del libro Cómo recuperar la capacidad de atención (Editorial Tendencias), refuerza esta idea: “Pensar en una tarea mientras se está realizando otra aumenta la carga mental porque la gente está usando recursos cognitivos adicionales. No sólo para realizar la tarea en curso, sino para conservar en mente la otra. Es como tener un depósito con una fuga, lo que nos deja con menos combustible para realizar nuestro trabajo”.

Está claro: nuestro cerebro no está diseñado para el multitasking. El entorno no colabora, ya que no para de ofrecernos estímulos a través de las redes, los medios de comunicación, el celular. Hoy todo es inmediato, todo está abierto las 24 horas, la información se actualiza a cada instante en la palma de nuestra mano. Y en este contexto, no es casual que existan aplicaciones que nos recuerden que tenemos que tomar un vaso de agua, o respirar. Curioso, ¿no?

Más monotasking, menos multitasking

En su curso «Hacer menos para ser más», Delfina de Achával, psicóloga y especialista en neurociencia y mindfulness, explica cómo erróneamente asociamos el «ser productivos» con el «hacer, hacer y hacer». Además, remarca cómo nos hemos convertido en esclavos del tiempo externo, alejándonos del propio ritmo y tiempo interno.

“La idea no es hacer más, sino hacer más de lo que es más importante en mi vida. Y encontrar el equilibrio entre el modo hacer y el modo ser de la mente. Sabiendo que necesitamos a ambos», explica de Achával. Y subraya: “No podemos vivir una vida entera en el modo ser, conectados con cómo estamos, con los vínculos, los placeres. Pero tampoco, en el hacer constante, porque nos convertimos en malabaristas”.

No hay dudas de que uno de los mayores desafíos de nuestra época es establecer con claridad prioridades e intentar volver a la atención plena. Aunque hay algo que es real: “Está claro que no podemos evitar el multitasking todo el día, vivimos en un mundo que nos exige cortar lo que estamos haciendo para darle prioridad a otras cosas. El problema del multitasking es cuando lo hacemos en forma excesiva, ya que genera mucho estrés. Por eso, la recomendación es elegir momentos donde hacer multitasking y otros donde hacer monotasking”, explica Pinasco.

¿Cómo logramos esos momentos de monotarea? Lewin nos da unos consejos:

▪️ Empezar el día identificando los quehaceres más importantes y abordarlos uno por uno.

▪️ Buscar un entorno de trabajo tranquilo.

▪️ Asignar bloques de tiempo específicos para cada tarea y comprometernos a trabajar en una sola cosa durante ese período.

▪️ Poner el celular en modo avión, en silencio o lejos de nuestra vista. Apagar las notificaciones, cerrar pestañas innecesarias en el buscador.

▪️ Poner en práctica técnicas de meditación y respiración profunda.

▪️ Activar recreos o descansos cortos, porque ayudan a recargar energías y evitan la fatiga mental.

Volver al centro


Una cosa a la vez, podemos empezar a repetir como mantra. Una cosa a la vez, cuando nos sentamos a merendar en familia, cuando aguardamos un diagnóstico médico, cuando no sale ese trabajo que tanto esperamos o cuando un deseo no se cumple.

Una cosa a la vez al encarar una mudanza, un cambio de alimentación, un embarazo, la pintura de toda la casa, la adaptación al jardín o la escritura de un libro. Una cosa a la vez al empezar un tratamiento, la planificación de un viaje, ordenar el placard. Una cosa a la vez al responder un mensaje por celular, ofrecer ayuda a un hermano que la necesita, buscar empleo.

Una cosa a la vez alivia. Descontractura. Nos hace vivir el hoy sin más. Tal y como es. No siempre sale fácil. Pero como dicen en la serie Stutz, de Netflix, «cada día nos entregamos aquí en la tierra a algo que no entendemos del todo». Entonces, qué mejor que hacerlo de una cosa a la vez.

Aquí y ahora


Es necesario saber que la mente se puede entrenar, ejercitar y equilibrar. Una de las formas es a través de técnicas de respiración consciente y meditación. Se trata de dedicar unos minutos al día para hacer lo que nos hace bien, desintoxicar cabeza y cuerpo, y conectarnos con el aquí y ahora. Anna Fedullo, terapeuta transpersonal, instructora de meditación y mindfulness, nos comparte un paso a paso:

▪️ Ponemos la alarma del teléfono para que avise a los dos/tres minutos.
▪️ Nos sentamos cómodas con la columna vertebral erguida. También lo podemos hacer acostadas.
▪️ Cerramos los ojos. Si preferimos mantenerlos abiertos, debe ser centrándolos en un punto fijo.
▪️ Entrelazamos los dedos de las manos y los ubicamos en el abdomen para sentir los movimientos.
▪️ Nos hacemos conscientes de la respiración: cuando inhalamos profundo por nariz, el abdomen se expande. Cuando exhalamos todo el aire por boca suavemente, el abdomen se contrae.
▪️ Tratamos de dejar ir los pensamientos.
▪️ Después de estos dos o tres minutos, nos sentiremos reseteados para seguir el día.

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"Hay mucha belleza, verdad y amor a nuestro alrededor, pero pocas veces nos tomamos las cosas con la suficiente calma para apreciarlos".

Brian Weiss