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Adiós a la tiranía de los planes, otra forma de vivir las vacaciones de invierno

Con el espíritu lúdico de nuestra propia infancia y lejos de la obligación de organizar programas sin descanso, podemos llevar a nuestros chicos a través de nuevas formas de disfrute, conexión y aprendizaje.

Por María Eugenia Sidoti

Te propongo un viaje. No hace falta sacar un ticket de avión, ni reservar un hotel. Tampoco necesitamos que el bolso estalle de ropa invernal. Vamos a ir livianos, solo con la imaginación. Para eso, tenemos que darnos la mano. Cerrar los ojos. Inhalar bien hondo. Saltar un poquito. (¿Por qué no, ya que estamos, bailar al compás de una música que nadie más puede escuchar?). Y entonces dejarnos llevar hasta ese recuerdo de infancia que nos haga más felices.

¡Yo ya tengo el mío! Una tarde, con mis hermanas, jugando disfrazadas en el parque, tomando limonada en tacitas de té de las muñecas, charlando sobre nuestros grandes sueños para la vida. Vos, ¿pudiste conectar con ese momento que marcó tu vida? Si llegaste hasta él, entonces podés traerlo y hacer de ese rato mágico una brújula para pensar qué recuerdos querés que atesoren tus hijos, sobrinos y nietos durante estas vacaciones de invierno. Para que ellos también tengan ese rincón de luz al que siempre van a poder volver.

¿La propuesta? Dejar de lado la tiranía del «tener que hacer», para poder jugar al «¿dale que no salíamos a ningún lado, pero nos divertíamos igual?». Para ayudarnos en la aventura, la escritora, editora, e ilustradora de libros infantiles Sofía Chas tiene algunas propuestas para prestarnos. Y, sobre todo, tiene unas ganas inmensas de contarnos qué piensa sobre este tiempo tan especial ―y tan potencialmente lúdico― que es el receso invernal, para que podamos aprovecharlo al máximo.

«Las vacaciones de invierno parecen ser un arma de doble filo: por un lado, estamos cansados y necesitamos de esos días de salir un poco de la rutina de despertarnos temprano y estar corriendo todo el día pero, por otro, aparece el aburrimiento, y los chicos preguntando qué vamos a hacer en cada momento. Es fácil caer en anotarlos en todas las actividades que vemos tan tentadoras en las redes, para que no se ‘pierdan’ ni nos ‘perdamos’ nada durante esos días. Pero ¿qué pasa si lo que necesitan y necesitamos está adentro nuestro?», reflexiona y se pregunta Sofía.

Ella sabe de qué habla: lleva varios libros publicados y en el último, Un ratito más, ofrece «una guía para no perdernos lo mejor de la infancia». Para que, entre celulares, tablets, play y salidas alborotadas, no se nos pase de largo todo eso que, al crecer, quedará en nosotros para siempre. «Lo primero que tenemos que hacer, como en todo, es descubrir que hay algo que nos hace ruido: si nuestra agenda de vacaciones está más llena que la del año, hay algo que no cierra. Y después forzarnos a quedarnos ahí, en esa situación incómoda que genera el aburrimiento. Porque es desde donde salen las mejores ideas», propone.

A la hora de darnos lindas alternativas para poner en marcha, Sofía apunta: «Volvamos a revisar cómo era que se hacían cuadrados de lana o un gorro de crochet. Saquemos retazos de tela y desempolvemos la máquina de coser. Busquemos que la casa tenga, por un rato, más sabor a hogar, haciendo un bizcochuelo, sopa o galletitas caseras. O inventemos un cuento entre todos, armemos un títere y pintemos mandalas». Aunque estas actividades parezcan demasiado simples, incluso aburridas, según explica son las que más nos ayudan conocer y abrirnos a los demás (y también a encontrarnos con nosotros mismos). «Todo lo que hagamos con las manos nos ayuda a ordenar las ideas, el corazón. Las manos sin pantallas dan lugar a miradas más profundas, a abrazos y mimos, a cuidados», señala.

Un ratito más (Grijalbo) se llama el libro que acaban de publicar Maritchu Seitún y Sofía Chas.

Cosas para hacer sin tener que correr

Y de pronto me viene a la cabeza otro recuerdo, el de aquella tarde de lluvia de vacaciones de invierno en que, con una amiga del colegio, inventamos un montón de juegos: carreras de gotitas que caían por el vidrio de la ventana; adivinar el color de los autos instantes antes de que pasaran; repetir trabalenguas muy rápido sin equivocarnos (tarea imposible); dibujar y pintar los personajes del momento; cantar nuestras canciones favoritas haciendo alternadamente de artista-público (incluía aplausos y gritos de «¡bravo, bravo!); escribir cartas de amor que no le entregaríamos nunca a ese compañero del curso que nos gustaba.

Sofía también tiene el suyo: «De chica, me acuerdo con mucha paz de las siestas de invierno en casa con la chimenea prendida, aprendiendo a tejer con mi abuela y mamá mientras charlábamos. Jugando a las cartas, infinitos chancho va, armando obras de teatro entre primos para presentarle a la familia. No era fanática de salir, sigo sin serlo. Estar en casa para mí siempre era un buen plan, porque todo el tiempo se me ocurría algo para crear o hacer».

«A veces pretendemos que se vistan rápido porque estamos apurados. Los adultos vivimos apurados y nos les damos tiempo para disfrutar el vuelo de una mariposa, el ruido del tren que pasa, poder frenar el ascensor y volver a arrancarlo, o contarnos una película con miles de detalles, intrascendentes para nosotros, pero esenciales para ellos», fragmento del libro Un ratito más.

Por supuesto que los programas al aire libre también son una linda alternativa, sobre todo si se trata de paseos no incluyan el estrés de tener que llegar a tiempo a algún lado. Ir a un parque, salir a caminar para descubrir nuevos lugares, tomar un tren sin rumbo por el solo placer de viajar…

Ahora que ¿qué pasa si los papás trabajamos mucho y no podemos pasar todo el día con ellos? Hay luz al final del túnel de la culpa: «Cuando lleguemos, sea la hora que sea, dejemos el celular en modo avión y entreguemos un rato de disponibilidad plena, no buscándolos corriendo para ir al teatro, sino ayudándolos a completar el proyecto que empezaron sin nosotros, dándoles lugar para que nos cuenten, jugando con ellos un partido de truco o prestando nuestro cuerpo para que lo usen de tobogán», propone Sofía y nos deja a continuación algunas alternativas elaboradas especialmente por ella para Sophia para que en estas vacaciones, en vez de sentir que nos faltan planes, hagamos que nos sobren dos cosas: el tiempo compartido de calidad y las decisión de construir buenos recuerdos.

Planes triple B: bueno, bonito y barato

Cine en casa
Preparar todo para que sea igual que en la sala: entrada, pochoclo, panchos, ¡cartel de entrada! Los chicos se divierten un montón preparando la función y nada más lindo que ver una película en familia abajo de una frazada calentita. Algunas pelis para ver desde el sillón: Ron da error | Intensamente | Mi encuentro conmigo | Más allá de los sueños. ¿Cuál es la favorita de tus chicos?

VOLVER AL BOSQUE
Los médicos pediatras hablan de un déficit de vitamina N, una carencia que refiere a la falta de contacto de los chicos con la Naturaleza. Esa realidad llevó a Suecia a implementar una nueva política educativa, el «apagón digital», que implica dejar de lado los dispositivos electrónicos para volver al contacto humano y al uso de esos grandes amigos que son los libros. Por eso, es importante aprovechar este momento de descanso para dejar un poco las pantallas también por acá y conectar con las maravillas del entorno, que tantos momentos de asombro ofrece. ¿Cómo lograrlo? Organizando salidas al aire libre que ayuden a poner el cuerpo en movimiento y a descubrir el mundo que nos rodea, una alta dosis de vitamina N que promueve el bienestar físico y emocional y el desarrollo cognitivo de los chicos (¡y de los grandes también!). Es muy gratificante y, como tantas cosas lindas de la vida, es completamente gratis.

Una cena elegante
¿Qué les parece preparar una rica cena de restaurant pero en casa, usando los mejores platos que tengamos y poniéndonos atuendos arreglados? O que los chicos cocinen y hagan de mozos y cocineros para la cena de mamá y papá. En casa lo hacemos en los aniversarios… ¡y es genial!

Salida de investigación
¿Se animan a salir a redescubrir la manzana de su casa? ¿Quién vive en la esquina? ¿Hay mascotas en nuestra cuadra? ¿Cuántos chicos viven acá? Es una buena idea salir con un cuaderno para dibujar las plantas que van apareciendo y con una lupa para observar los insectos… Podemos escribir algunas tarjetas o cartas, o inclusive cocinar algo rico para llevar a las casas de los vecinos que por ahí no conocemos.

Un negocio
A los chicos les encanta vender cosas, nada más divertido que armar un puesto de cuadros, collares, limonada, paltas. Sabemos que hoy la calle no es el lugar más seguro, ¡pero de nuestra mano pueden hacer un montón de cosas! Si no hay opción de tener el puesto en la vereda, porque vivimos en un edificio, puede estar en el palier para ofrecer a los que entran y salen. El tiempo de venta no es lo más divertido, sino todo lo que se va generando en el proceso: los carteles, las discusiones por los precios, el armado de los productos.

Compartir juegos de los nuestros
Enseñarles a jugar a las payasas o al elástico, mostrarles cómo jugábamos al gallito ciego o al chancho va. ¡Dejar que ellos nos propongan sus ideas y nos enseñen a jugar a sus juegos favoritos! Pasar una tarde escuchando la música que nos gustaba a nosotros, escuchando su música para ver de qué se trata, también.

Taller de…
Cada miembro de la familia está encargado de preparar un taller de algún tema que le guste, para compartirlos entre todos.

Compartinos tus propuestas para estas vacaciones enviando un correo a info@sophiaonline.com.ar

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FRASE DEL DÍA

"El amor es una cadena de amor, como la naturaleza es una cadena de vida".

Truman Capote