Sophia - Despliega el Alma

Hablemos de...

26 mayo, 2011 | Por

Acompañar el dolor


Con el tiempo, todos nos vamos dando cuenta de que no hay vida sin situaciones dolorosas o difíciles.

Por más que intentemos evitar los malos momentos, éstos llegan tarde o temprano y todo parece indicar que esa circunstancia es inherente a nuestra condición, no un “error” de Dios o algo que “no debiera ocurrir”, como muchos piensan.

La acumulación de sabiduría a lo largo de las generaciones permite que tengamos frases e ideas que describen los recursos con los que contamos para atravesar las penas y las amarguras.

Desde el muy barrial “siempre que llovió paró” hasta las elaboradas ideas psicológicas y espirituales que nos pueden ofrecer consuelo, existen frases que acompañan los malos momentos, como la muerte de un integrante de la familia, la enfermedad, las separaciones y tantas circunstancias dolientes con las que las personas se encuentran en algún momento de la vida. Si no, pensemos en algunos ejemplos de estos dichos: “Hay que tener fe”, “Dale, pensá en el futuro” o “Lo importante es la resiliencia”, entre tantísimas otras.

Sin embargo, estas ideas y frases pueden jugarnos en contra. Es que el “mientras tanto” del dolor es duro, muy duro, y merece no sólo un abordaje filosófico o creativo para ser atravesado, sino que amerita cercanía y calidez, algo que no es tan fácil de conseguir como una buena frase prehecha, diseñada para la ocasión. Las frases prediseñadas, aunque pueden ser dichas desde la mejor intención, quizá no tengan dentro de sí la vibración del afecto y la empatía del que la pronuncia, elementos que sostienen desde el corazón mismo del dolor y no tanto desde su elaboración ideológica.

Acompañar el “mientras tanto” de una separación desgarradora, la muerte de un ser querido, la pérdida de un trabajo de años o el primer momento tras la notificación de una enfermedad grave es difícil y pide presencia y afecto, más que ideas.

Ayudar en ese “mientras tanto” del dolor de otro no es solucionar el problema en cuestión ni ser una suerte de recipiente en el cual el otro “larga” todo, sin más. Se trata, más bien, de “acompañar en el sentimiento”, ponerse a la par, alcanzar un pañuelo para las lágrimas, prestar el oído un rato y ofrecer el calor que uno tenga para dar.

En un gran número de situaciones, el dolor parece eterno, y el túnel parece infinito, sin la famosa luz al final que ofrezca un aliciente. En esos momentos, la luz de quienes están allí acompañando funciona como el “aguante” para quien sufre la situación.

Cuando el dolor es genuino y el deseo de acompañar también lo es, lo que sirve es estar allí, sin meterse en el pozo de quien sufre, sino ofreciéndole desde afuera la humanidad que hará que del dolor surjan la paciencia y la energía para ir atravesando la situación.

Las frases sirven, pero más sirven la presencia del afecto y, cuando corresponde, el silencio ante lo que no tiene palabras.

El silencio suele decirlo todo si es acompañado por la humanidad de los que están allí, frente a lo doloroso. Saber eso hace bien, y se transforma en luz para quien sepa verlo y entenderlo intuitivamente, aun cuando el dolor sea profundo y parezca infinito.

ETIQUETAS dolor

¿Te gustaría recibir notas como esta en tu e-mail?

Suscribite aquí y te las enviaremos a tu casilla todos los meses

Whoops, you're not connected to Mailchimp. You need to enter a valid Mailchimp API key.

Comentarios ()