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Cultura

25 marzo, 2021

Abriendo el pentagrama de Venus: encuentros cercanos en el cielo de Aries

Una reflexión de la antropóloga Ana María Llamazares sobre el nuevo ciclo astronómico caracterizado por el acercamiento de Venus y el Sol que comienza mañana. ¿Querés saber qué es y cómo influye en cada uno de nosotros este evento que invita a recuperar la belleza y a sanar viejas heridas?


Por Ana María Llamazares

Aún recordamos esa fascinante escena de comunicación pacífica entre los seres humanos y una nave recién llegada del espacio, que se lograba a través de la música. Tal vez el genio intuitivo de Steven Spielberg recreaba allí los efectos armónicos de ciertos rituales de acercamiento y comunicación que se dan periódicamente en el cielo. Mañana viernes 26 de marzo ocurrirá uno de ellos: el “Venus Star Point” 2021.  

Así designó la astróloga Arielle Guttman en su libro Venus Star Rising: A New Cosmology for the 21st Century (El nacimiento de la estrella Venus: una nueva cosmología para el siglo 21), publicado en 2011, los puntos de “conjunción” unión o alineamiento en los que coinciden el planeta Venus y el Sol, en relación a la Tierra. Estos “encuentros cercanos” se producen cada nueve meses en distintos lugares del cielo (constelaciones o signos del Zodíaco). Este año se produce en Aries, estrenando no solo el ciclo astrológico, sino un nuevo período sinódico de ocho años, a lo largo de los cuales la danza entre las órbitas de Venus en relación al Sol y a la Tierra, terminará formando un patrón geométrico de inusitada belleza y perfección: el pentagrama o “estrella de Venus” de cinco puntas. Cada uno de sus vértices es lo que se conoce hoy, siguiendo a Guttman, como “Venus Star Point”.

“El pentagrama de Venus ya maravilló a los antiguos griegos, que lo llamaron la ‘rosa cósmica’. Tal vez fue esta imagen la que inspiró al gran Pitágoras para sugerir su idea de que el cosmos era como una gran partitura escrita en caracteres matemáticos precisos, cuya interpretación permitía escuchar la ‘música de las esferas'”.

El pentagrama de Venus ya maravilló a los antiguos griegos, que lo llamaron la “rosa cósmica”. Tal vez fue esta imagen la que inspiró al gran Pitágoras para sugerir su idea de que el cosmos era como una gran partitura escrita en caracteres matemáticos precisos, cuya interpretación permitía escuchar la “música de las esferas”. La belleza y armonía de la forma que adquiere el ciclo sinódico de Venus puede ser también la razón de su propio nombre, tomado de la diosa Afrodita luego Venus, entre los romanos quien encarnó uno de los aspectos arquetípicos más destacados del principio femenino: la belleza, la sensualidad y el erotismo, la armonía y el equilibrio, el amor y la capacidad de atraer y abrirnos a lo que profundamente deseamos, a lo que nos da placer y nos llena de felicidad.

Pareciera que a su paso y sin ningún esfuerzo, Venus genera naturalmente belleza y armonía; aún a través del conflicto, al que no rehúye, sino que acepta inclusivamente en un orden de mayor magnitud. Recordemos que el gran amor de Afrodita, ni siquiera interceptado por su forzado matrimonio con el laborioso Hefesto, fue Ares, el violento Marte, dios de la guerra. Es que mucho más allá de lo personal, la diosa Afrodita y también la estrella Venus, constelan en el cielo tanto al amanecer, como al atardecer, la idea del anima mundi, el “alma del mundo”, aquello que anima y da vida al cosmos en su conjunto.

Así de importante resulta su encuentro íntimo con el Sol, el cuerpo más brillante de nuestro sistema solar, alrededor del cual los humanos construimos no sólo nuestra vida biológica, sino nuestra identidad psicológica y espiritual. 

Este año el “Venus Star Point” sucede significativamente en los primeros grados de Aries (el 26 de marzo estarán ambos, Venus y el Sol, a 6 grados de Aries), pocos días después del equinoccio la paridad día/noche que marca el cambio estacional; y muy cerca también de Quirón, lo cual anuncia que será una oportunidad favorable para abrirnos a la sanación de viejas heridas, tanto individuales como colectivas, aunque esto nos implique revisitar el dolor que nos ocasionaron. Las circunstancias cósmicas son más que propicias para trascenderlo e iniciar un nuevo ciclo superador, con la iniciativa y el impulso de Aries, el fuego de los comienzos, como ya sabemos, el Big Bang del Zodíaco.

“Así de importante resulta su encuentro íntimo con el Sol, el cuerpo más brillante de nuestro sistema solar, alrededor del cual los humanos construimos no sólo nuestra vida biológica, sino nuestra identidad psicológica y espiritual”.

Dos días después del “Venus Star Point”, el 28 de marzo, se completará la Luna Llena en Libra. ¡Cuántas coincidencias significativas! Venus y el Sol, junto a Quirón en Marte, nos incitan a la activa reconciliación de los principios femenino y masculino, inaugurando un nuevo ciclo, signado por la amorosa iluminación de la energía lunar desde el otro extremo del Zodíaco, en Libra, el signo del equilibrio y el encuentro con el otro.

¿Será tal vez una invitación para empezar a cerrar la famosa e insidiosa “grieta” que nos atraviesa, no solo a los argentinos, sino a la humanidad entera? ¿O quizás el momento para develar la profunda confusión de convertir los opuestos complementarios en enemigos antagónicos, reconocer las diferencias que nos constituyen y ponerlas en diálogo?

Las respuestas solo dependen de nosotros.El cielo está derramándose de continuo sobre la tierra, pero la mayor parte de nosotros no nos percatamos del ello…”, nos dice el Evangelio (apócrifo) de Tomás. Pocos días antes de las Pascuas de Resurrección otro inicio que marca el pasaje trascendente hacia otro estado del Ser esta conjunción es toda una advertencia cósmica sobre la virtud de aprovechar estos encuentros en el cielo, para hacerles un lugar en la Tierra, en el centro de nuestro corazón y en el corazón de nuestras consciencias. 

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