26 de julio de 2024
El consejo de la pediatra en Instagram. Y de la terapeuta que hace constelaciones familiares. También el tip de la coach que habla de alimentación saludable. Y de la influencer que recomienda cómo cargar al bebé. En tiempos en los que la información se actualiza al ritmo del 2X en la palma de nuestras manos, el gran desafío es poder discernir cuáles son las fuentes más seguras para nosotros, y volver a conectar con nuestra sabiduría interior.
En uno de sus mails semanales, Sofía Contreras, consultora de negocios y speaker internacional, decía que antes de internet teníamos que leer libros para descubrir cosas. Pasar horas investigando, aprendiendo. Pero que hoy en día, para acceder a lo que se nos ocurra, lo único que tenemos que hacer es dar un par de clicks y listo: “Esto no quiere decir que el avance tecnológico sea algo malo. El problema está en la información que dejamos que llegue a nuestro cerebro. Mucho de lo que circula en internet es basura, e impacta directamente en cómo nos sentimos y en la perspectiva que tenemos de nuestra vida. Nos genera ansiedad, y setea estándares que no están alineados con los propios objetivos o con la vida que queremos vivir”, destaca Contreras.
No hay dudas de que todo está diseñado para que consumamos cada vez más. Y aunque nos sobrecarguemos de información, nunca nada va a ser suficiente. Entretanto, sobrevienen la confusión y la sensación de encontrarnos perdidos y desconectados de lo que sentimos y creemos: “Para que el cerebro funcione a tu favor, tenés que ingresar menos chatarra y más información que te aporte valor. Buscá calidad en lugar de cantidad. Hacé tu propio filtro y eliminá lo que esté de más”, recomienda Contreras.
Cualquiera que hoy tenga hijos en edad escolar, habrá leído acerca de la movida que hay con respecto al uso (o no) del celular en las aulas y en casa. En el último tiempo escuchamos muchas voces que piden prohibir este tipo de dispositivos hasta determinada edad, y otras que hablan de sus ventajas. Así pasa con la lactancia, la carne, la leche, el ejercicio físico y la vida en general. Hay variedad de lentes mirando la realidad. Y nosotros, cada vez con más dudas.
“Frente a tanta información que circula es importante determinar cuáles son las voces autorizadas para cada uno. Y para reconocerlas tengo que conectar con mis sensaciones físicas y emocionales: ¿Son voces que me generan confianza? ¿Me provocan calma o ansiedad? ¿Me ponen el cuerpo tenso o me relajan? ¿Me hacen sentir una exigencia desmedida o me funcionan como guía?”, se pregunta la psicóloga Carolina Navas, especialista en psicoterapia integrativa.
Navas explica que el equilibrio viene cuando hago un proceso similar a la digestión: si me parece que algo de esa voz me puede nutrir, lo tomo. Porque está en coherencia o resonancia conmigo y con lo que siento que es posible para mí. De lo contrario lo dejo, porque no me sirve y hasta me hace mal: “La pregunta tiene que ser siempre para qué: ¿Para qué sigo a estas personas en redes? ¿Qué me aportan? ¿Para qué escucho a gente que no conozco, hablar sobre cómo debo ser en mis diferentes roles? ¿Para qué hacer un curso online más, en lugar de aplicar todo lo que ya sé?”, indaga Navas. Y responde: “Probablemente tenga que ver con estar buscando afuera una respuesta que muchas veces está en mi interior pero que no me permito escuchar”.
Googleamos síntomas. Abrimos los resultados médicos y consultamos con quien sea que más o menos sepa del tema. Empezamos a seguir a una influencer a la que le pasó lo mismo, y nos da sus consejos. Tomamos vitaminas y magnesio porque lo recomendó alguien en la tele. Y nunca terminamos de saber muy bien a dónde está el sano límite, sobre todo en lo que respecta a temas de salud.
“El avance de la tecnología en comunicación social es una herramienta importante para la difusión y prevención de tratamientos médicos, pero también puede ser dañina para la salud pública. Mucha gente cree que todo lo que se dice en las redes es verdad, y sirve a todos por igual. Pero si tenés una patología importante, no podés creerle a internet. Tenés que ir a un médico con experiencia, que pueda derivarte cuando su especialidad no alcance”, comenta la doctora Marlen Bustillos, especialista en cirugía plástica, estética y reparadora con experiencia en quemaduras y heridas complejas.
Y destaca: “Cualquier estudiante o Premio Nobel de medicina puede subir a la web sus criterios. Y eso no significa que esté científicamente comprobado. Tampoco los reels con más likes garantizan la formación académica que tiene el profesional (ni si realmente lo es)”.

La ilustración de Loitt que refleja la problemática (Fuente: @loitt).
A su vez, María Florencia Lozano, médica enfocada en estilo de vida, con un abordaje preventivo evolucionista, pone sobre la mesa un término del que cada día se habla más: infoxicación (que sería: intoxicación por exceso de información), y lo relaciona a la salud: “Muchas veces me encuentro con pacientes que me dicen: ‘Estoy perdido/a, porque veo un perfil en Instagram que me dice una cosa, y veo a otro profesional que dice otra. Y no sé qué es lo mejor para mí”, destaca Lozano.
La especialista comenta que el hecho de tener tanta información al alcance de la mano, tiene sus pros y sus contras: “Está la ventaja de que la gente pueda tomar las riendas de su vida respecto a un tema o a su salud. Además, nos permite un abordaje preventivo más amplio, donde el paciente o la persona es protagonista de sus decisiones, elecciones y estilo de vida, en pos de una mejor calidad de vida. Pero genera dilemas porque a veces no se sabe qué camino seguir”, reflexiona Lozano.
Y subraya: “Recomiendo investigar para construir el propio conocimiento, estar abiertos a otras perspectivas, y que cuando busquemos guía profesional, elijamos aquellos en cuyo criterio confiemos, sin dejar de cuestionar cuando algo nos genere ‘ruido’. Evidencia hay demasiada, pero pacientes con realidades y contextos únicos, infinitos”.
“El problema de la sobreinformación es que nos llena de estímulos que nos hacen sobre-pensar las cosas, complejizar nuestro día a día y perder el foco de lo que realmente es importante para nosotros”, reflexiona Contreras. Y en este punto, la maternidad es otro gran mundo en donde las voces que circulan son de lo más dispares, y las bajadas de línea están a la orden del día, por ejemplo, con la teta, el colecho, la alimentación o los límites: “Debemos usar nuestras propias emociones como guías”, dijo Tere Inés Olmedo, psicóloga clínica especializada en maternidad, en una nota que de Círculo Sophia, la membresía online de Sophia: “Claro que muchas veces ayuda tener información al alcance de un click, porque nos permite contar con más herramientas para criar. Pero entre tantas voces ajenas, se pierde la propia. Y no solo eso, también se pierde la voz del vínculo con ese hijo particular, que no encaja en las diversas teorías de crianza, porque es real y no ideal”, resume Olmedo.
¿Qué nos propone?
• Escucharnos es clave para maternar con mayor bienestar. Preguntarnos ¿qué necesito yo?, ¿qué necesita mi hijo/a?
• Limitar el uso de las redes sociales. Quedarnos sólo con contenido que nos haga bien o inspire.
• No olvidarnos que a lo largo de estos años hemos ido construyendo un vínculo único con ese hijo o hija, que debe ser un faro para guiarnos en las aguas, a veces oscuras, de la maternidad.
Por su parte, Iardena Stilman, puericultora, directora de la Asociación Civil Argentina de Puericultura (ACADP), plantea que una de las áreas de la maternidad en donde más se ve la angustia que genera tanta información es con la lactancia: “El mejor consejo que podemos dar es que recurran a una puericultora para tener apoyo, sostén e información. Las experiencias personales no son iguales en todos los casos, porque no depende solo de las ganas, esfuerzo o buena voluntad”, destaca.
Tal vez sea tiempo de empezar a hacer una curaduría de lo que consumimos: ver a quiénes estamos siguiendo y sólo quedarnos con aquellos que nos aporten valor. Tenemos que elegir a quién escuchamos, y a qué información le dedicamos nuestro tiempo: “Desde hace un tiempo empecé a prestar atención al contenido que entra a mi ‘disco rígido’. El autocuidado también es darse cuenta de qué cosas (o personas) nos nutren, nos traen un mensaje positivo. Y buscar más de eso que nos hace bien. No hay obligación de estar al tanto de todo ni detrás de la última tendencia de moda. También hay libertad en no saber. Entender esto es liberador”, comenta Delfina de Achával, psicóloga y especialista en neurociencia y mindfulness. Y concluye: “Una mente libre de ruido es una mente mucho más plena y feliz”.
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