1 de septiembre de 2025
La historia y las historias -individuales o colectivas- están llenas de fracasos. Quizás incluso haya más fracasos que éxitos. Pero entre fracasos y éxitos, lo que abunda son los intentos. Por cierto, la especie humana no hubiera alcanzado su grado evolutivo actual si nuestros antepasados no hubieran probado golpear dos piedras para hacer fuego, no se hubieran aventurado a los mares para encontrar nuevas tierras o no se hubieran lanzado a la luna. La historia está hecha de quienes lo intentan, sin importar el resultado.
¿Cuál es la cualidad que nos mueve a ensayar nuevas versiones de nosotros mismos? ¿Qué nos frena cuando algo nos frena? Verbo clave que nos impulsa hacia adelante, posibilita que cambiemos, nos transformemos y vivamos vidas plenas, el acto de intentar nos evita quedar del opaco lado del qué hubiera pasado si…
“A nadar se aprende tragando agua”, dice Leti Arévalo a Sophia, y nos acompaña en esta entrevista de audio a indagar sobre el acto de intentar. Mentora de autoestima, Leticia es argentina pero vive en España, donde se formó con especialistas como Borja Vilaseca, Mario Alonso Puig y Nazareth Castellanos. Desde su lugar de residencia, comparte sesiones en las que acompaña a personas en su desarrollo personal. Es mamá de dos hijos, creadora de contenido para su cuenta @conamor.leti y conductora del podcast Mientras respires, estás a tiempo. Recientemente publicó su primera novela editada por Penguin Random House, que lleva el mismo título que su podcast.
“A empezar, se empieza empezando. A cambiar, se cambia cambiando. Es tan simple que lo complicamos”, resume. “Cuando nos quedamos en lo que podría pasar, dejamos de intentar. Para mí hay que intentar siempre, con consecuencias incluidas”, dice, y señala que solemos movernos en el mundo con la idea de que a un gran acierto se llega después de muchos pequeños aciertos, cuando en realidad, según su punto de vista, al gran acierto se arriba después de muchos pequeños y grandes errores.
Leti Arévalo no admite la palabra fracaso, y en cambio propone que, ante lo que consideramos una caída, un fallido, cambiemos la perspectiva: “El dolor te hunde, ponés punto final y lo llamás fracaso. O el dolor te impulsa, te da aprendizaje, ponés punto seguido y lo volvés a intentar. Si seguís, si sos constante, lo vas a lograr”. Cuando hay un sueño por delante y el impulso de ir hacia por él, advierte, un peligro puede entrometerse: el del miedo a no ser suficientes, a no sentirnos preparados para aquello que queremos alcanzar. Quizás aparece en forma de exigencia: siempre hay que estudiar más, prepararse más, entrenar más antes de lanzarse a la aventura. Por eso, invita a mirar hacia adentro, revisar creencias, descubrir si nos están limitando, reverlas y luego preguntarse: “¿Por qué no intentarlo?”.

Porque siempre puede despuntar una nueva primavera en nuestra vida, una invitación a plantar todas esas semillas que nos permitirán transformarnos para florecer.
Una conversación sobre cómo la conciencia de finitud puede ayudarnos a transitar nuestros días sintiendo que honramos nuestro paso por la vida.
Hay heridas antiguas que pesan cada día e impiden vivir en plenitud. Especialistas coinciden en que es posible transformar ese dolor para andar más livianos.
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