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Artes

28 abril, 2017 | Por

Vestirse de poesía

Nuestra amiga y bloguera Sol Iametti acaba de presentar su segundo libro: Aledaña. Un recorrido a través de poemas, sentimientos y canciones, en esa búsqueda personal, tan única, que significa encontrar sentidos verdaderos.


 

Las palabras fueron guía y motor, aun cuando solo había silencios. Las fue buscando por todas partes, animándose siempre a andar nuevos rumbos, con o sin mapa. Tantas veces las encontró escondidas, a tientas, alumbrando rincones en la oscuridad. Cuando las supo suyas, las abrazó bien fuerte. Y las plasmó con dedicación, con esmero. Hasta hacerlas llegar alto, hasta el cielo.

El próximo jueves 4 de mayo Sol Iametti presentará Aledaña y firmará ejemplares en la 43.ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Encontrala en Editorial Autores de Argentina, Pabellón Azul, stand 111.

Pongamos que así se gestó Aledaña (Editorial Autores de Argentina), el segundo libro de nuestra querida compañera Sol Iametti, periodista especializada en imagen y dueña del blog La moda según Sol, donde suele escribir sobre tendencias, cine y música con un disparador: encontrar buenas historias para contar. Una mujer sensible que supo atrapar bien temprano en la vida el sueño de animarse a escribir. Y así lo hizo, como quien de pronto se zambulle en un mar revoltoso y siente, de pronto, que allí estaban las certezas.

Foto: Giuliana Santoli www.facebook.com/estampitabrava.

La muerte de su padre primero y después la de su madre, encendieron el fuego en ella. El de plasmar por escrito sensaciones, risas, canciones, momentos imborrables, charlas eternas, anhelos profundos y tristezas. Entonces nació La Hija del Cambio, su primer libro. “De chica escribía mucho, luego dejé y en la secundaría volví a escribir poesías. Dicen que la escritura siempre te vuelve a encontrar. Y cuando murió mi mamá fue como abrirle la puerta de par en par y ya nunca paré. Me inscribí en un curso de escritura donde entregaban una beca online a la mejor historia de amor en un viaje. Así que yo escribí la historia de amor de mi viaje con mi mamá, y gané. Ese texto es el primer capítulo del libro”, contaba en octubre de 2015.

Leé también: “El último viaje juntas”.

Ahora que publicar ya no es novedad, sino camino recorrido y por recorrer, Sol indaga todavía más profundo dentro de sí misma, en ese lugar donde habita la magia. “Realmente me encantaría que el libro vaya encontrando su camino, ya que fue un proceso de sanación íntimamente vinculado con la escritura y los círculos de mujeres”, señala la autora a la hora de definir el proceso que la llevó a crear este ejemplar pequeño, de tapas suaves y lleno de sorpresas (o mejor dicho de regalos, ya sabrán a qué me refiero…), que por fin tengo entre mis manos.

–Aledaña, tu segunda obra. Una selección de poemas cercanos, tanto como la vida y la muerte y el amor y la felicidad y los miedos… ¿Qué es este libro para vos?

–Es la fotografía de un momento de transición, de un quiebre en mi vida. Aledaña es un intento de hablar con mi mamá (y en cierto punto, con todo mi linaje femenino), de mujer a mujer. Es una extensa carta de amor hacia todo lo que me rodea y, por sobre todo, a la que fui y a la que estoy siendo. En este sentido, la escritura terapéutica asumió un papel protagónico en el proceso del libro, permitiéndome juntar y recomponer todas mis partes; perdonar y aceptar, volver a ser benevolente conmigo misma.

–¿Por qué elegiste la poesía esta vez?

–Si bien en La Hija del Cambio la poesía se había asomado tímidamente, Aledaña se despliega a través de los recursos poéticos.
Al haber comenzado como un diario íntimo que documenta mis viajes a través de distintas ciudades de la Argentina, el lenguaje estético y visual fueron claves para poder traducir lo que fui atravesando con el cuerpo y con el alma. Mi intención al escribir es que el lector viaje, respire y sienta conmigo. Es entonces cuando apareció la poesía como bocanada de oxígeno, para darle vida a esa experiencia.

–En tu anterior libro un viaje y las ausencias fueron el puntapié inicial. ¿Cuál fue ahora el disparador?

–El detonante fue una pregunta: ¿cómo es el proceso de sanación y reconstrucción de uno mismo cuando ya no hay presencia física de los padres? Es por eso que en el diario también aparecen textos para mi padre. Y con esto, el círculo vuelve a la escritura terapéutica indefectiblemente. La frase que podría resumir este camino es “escribir para sanar”.

–La hija del cambio, Aledaña… títulos donde se expresa la fuerza de lo femenino. ¿Por qué y de qué manera, el hecho de ser mujer se traduce en tu forma de ver y de narrar el mundo?

–Hace unos días leí en “Escribir con el cuerpo”, de Luisa Valenzuela, lo siguiente: “Dicen que la literatura femenina está hecha de fragmentos. Repito que es cuestión de realismo. Está hecha de desgarramientos; jirones de la propia piel que quedan adheridos a alguna hoja no siempre leída o legible”. No puedo evitar sentirme profundamente identificada con este fragmento. Anaïs Nin, Clarice Lispector y Alejandra Pizarnik fueron mi espejo a través de sus palabras. Su lenguaje poético y su mirada honda de la vida encausaron lo que hoy es un diario azul que relata esta transición de hija a mujer. Es así como a lo largo del libro aparecen distintos fragmentos de sus textos y poemas para dar comienzo a cada capítulo. Aledaña, a su vez, es llevar esa mirada hacia mí misma para encontrar mi propia forma de ser y de convertirme en mujer. Transitar y habitar esa frontera que dibujé, a conciencia, entre las dos, hizo posible que pudiera accionar desde la transmutación. Por eso el título del libro. Aledaña entre la hija y la mujer, entre la vida y la muerte.

–Dicen que cada hijo es especial a su manera: ¿cuál es tu fragmento favorito de La Hija del Cambio y cuál de Aledaña?

–De La Hija del Cambio sería:

A partir de aquel agosto soy un país sin nombre; una sonrisa optimista de geografía absoluta; un mapa que decidió dibujarse en el camino. Soy un puente que se rehúsa a refacciones porque prefiere abrazar sus cicatrices, un puente que quiere que lo crucen a través de sus palabras.
Soy el resultado de la resta de dos padres y la suma de un viaje inolvidable; el “Vos podés” de óxido y hueso: La Hija del Cambio“.

Y de Aledaña:
Hoy, la mujer que escribe hoy, la mujer que se está haciendo en el mismo instante en el que esta sucesión de letras tratan de explicar lo que sucede por dentro; la mujer que se sienta del otro lado de lo que tú estás leyendo ahora, a futuro; esta mujer ya no puede mentirse a sí misma.
La mujer que está creciendo necesita transitar el estadio de la duda para elegir un camino. Esta vez el fuego no será suficiente. “Tendrás que aprender a cantar”, dice. Estamos siendo una, ya nos han crecido las cuerdas vocales.
La mujer indómita repta como la serpiente que viene a enseñarme de la vida en el desierto, de la supervivencia en tierras áridas de verbos, de las raíces del silencio y el amor. “Tendrás que aprender a cantar sobre tus huesos”.
De fondo suena un piano y mientras quedó suspendida en sus notas, cesa la escritura, digo “Gracias” y escribo: “Estoy empezando a convertirme en canción”. La libertad, en ocasiones, viene en forma de lágrima“.

Ambos fragmentos me parecen significativos porque retratan, de alguna manera, una conexión con la vulnerabilidad que es importante reestablecer, tanto desde lo femenino como desde lo humano. Decir es también reconocerse. En estos fragmentos me digo a mí misma.

–Entre tus textos (también en el blog) siempre hay guiños musicales, lugares queridos, texturas y aromas muy personales… ¿por qué elegís compartirlos?

–Hace un tiempo tuve una conversación con una amiga, en la que le dije que mi primer contacto con el maravilloso mundo de narrar historias fue a través del cine. Al final del libro “Todos mis futuros son contigo” su autor, Marwan, dice: “Escribir es una manera de abrir suavemente las heridas con las manos para ver qué sucede dentro y, a continuación, contarlo del mejor modo, con los ojos (…) para que puedas verlo tú también, para que visites la emoción (…). Supongo que accedo a estos recursos para que la experiencia de lectura respire, para que —como dice Marwan— puedan verlo, sentirlo y (re)vivirlo conmigo.

–¿Qué es la escritura para vos y por qué elegiste este camino? ¿Es un andar que fluye o se vuelve cuesta arriba por momentos? Y si cuesta a veces, ¿qué descubrís en cada marcha y contramarcha?

–Creo que lo que me magnetiza es el universo de las historias, contar historias, y con ello, todas las alternativas que existen de hacerlo posible. En cierto aspecto creo que la escritura nos elige. Desde la infancia hasta la adolescencia, siempre volvió a tocar a mi puerta y a pesar de mis intentos de serle (y serme) indiferente, permanecía expectante a que finalmente abriera la puerta para invitarla a mi hogar. Ahora convivimos, respetamos nuestros silencios, nos encontramos en el patio de casa para admirar el cielo mientras suena nuestra canción favorita, y nos sumergimos en el aroma del café.
Podría decirse que la escritura y yo estamos aprendiendo a convivir.

–¿Qué te pasa con los lectores, esas almas inquietas que buscan sosiego entre las letras?

–El mundo que se abrió a partir de compartirme a través de la escritura fue maravilloso, crece y sigue creciendo. No deja de sorprenderme la capacidad de la escritura —o cualquier forma de comunicarnos con el otro— para hacernos saber que no estamos solos, que a pesar de que estemos en la otra punta del mapa, sentimos parecido. La escritura es el puente que permite no sólo el reconocimiento de uno mismo, sino además el reconocimiento en el otro. Es el espejo que hace posible percibir, de alguna forma, la dimensión de la vida. Estoy enormemente agradecida con todos los que han llegado a los libros y que acompañan este viaje poético y vital.

–Por último, Sol. A esta altura del camino, ¿en qué elegís creer?

–En el amor; en todas sus formas, sentidos, espacios, expresiones y lenguajes.

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