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Emprendedoras

7 diciembre, 2017

La inspiración que viene del verano

Hace 25 años, Mora Mamone y Patricia Semorile dejaron en suspenso sus profesiones para ocuparse de la crianza de sus hijos. Con el tiempo sintieron ganas de emprender y encontrar un rubro poco explotado: el de trajes de baño. Así crearon La Flor de Lavanda, la marca que encuentra su identidad en los días más lindos del año.


Para muchos el verano es sinónimo de descanso y desconexión. Así lo aprendimos desde chicos: en ésta época terminan las clases y los deberes escolares se suspenden hasta marzo. Mientras tanto, todo lo que tenemos por delante es un tiempo inmenso para jugar al sol o al resguardo de un árbol frondoso, sin más apuro que el de salir corriendo cuando los grandes anuncian que el almuerzo o la merienda están listos.

De adultos, a muchos nos quedan resabios de ese sabor dulce y, aunque estamos cargados de tareas, los resabios de los veranos de la infancia aligeran las obligaciones y hacen todo más llevadero: hay almuerzos familiares en el patio, hay cenas a la luz de la luna y hay siestas en hamacas paraguayas. El agua está siempre presente: la pileta, el río, el mar, el lago o un arroyo nos convocan, aunque más no sea en las fantasías durante una tarde agobiante, y entonces nos entregamos al placer de refrescarnos, de nadar, de flotar o de dejarnos llevar por la corriente.

Desde hace 25 años, Para Mora Mamone y Patricia Semorile los veranos empiezan antes. O mejor dicho: nunca terminan. Lo tienen presente de enero a enero y todo eso que podemos asociar con la temporada alta, ellas lo plasman en los diseños de los trajes de baño de su marca La Flor de Lavanda. Mora y Patricia dicen que cuando diciembre asoma las narices, ellas ya empiezan a disfrutar, pero en realidad comienzan a diseñar con mucha anticipación, pensando en todo eso que el verano significa para mujeres, niños y adolescentes, su público específico. “Sin dudas el verano nos encanta”, dicen.

Que el corpiño no desaparezca al golpe de una ola, que la tela seque rápidamente, que la bombacha sea amplia, o que sea pequeña, que la bermudas no tenga bolsillos, que el short tenga cordón y no elástico. Prenda compleja si las hay, Mora y Patricia, que tenían hijos chicos y eran amigas cuando decidieron asociarse, sintieron ganas de emprender y encontraron que el rubro de trajes de baño no estaba demasiado explotado. Con sus profesiones en suspenso por la crianza (Mora es técnica hematóloga y Patricia, maestra jardinera), se lanzaron a la aventura. A Mora le gustaban los moldes, las costuras y el diseño. A Patricia la venta y los números. “Hacíamos un buen complemento”, recuerdan. Hoy cuentan con dos tiendas al público, una en Recoleta y la otra en Béccar, San Isidro.

¿Qué habilidades debieron adquirir? “Desafíos tuvimos miles –dicen–: aprender a manejar talleres, equipos de trabajo, administrar la empresa y ocuparnos del marketing, que en aquella época y sin tantos recursos, no era una tarea fácil”.

Pocas prendas fueron mutando tanto como el traje de baño para las mujeres, desde su aparición en 1930. Nació como una pieza entera, en 1946 se convirtió en bikini gracias a la innovación de Louis Rénard, más tarde apareció el corpiño en forma de triángulo, la tanga y las trikinis, hasta volver a imponerse la malla enteriza. Los cuerpos de las mujeres, que en muchos casos se fueron ajustando a los estándares de belleza imperante según las épocas, también se modificaron.

“Por suerte hay muchas mujeres que aprendieron a aceptar el envase que traemos y también hay otras que siguen a los estereotipos”.

¿Vieron un cambio en la actitud de las mujeres en el tiempo, respecto de la relación con sus propios cuerpos? “Para esta pregunta –contestan– la respuesta es variada; por suerte hay muchas mujeres que aprendieron a aceptar el envase que traemos y también hay otras que siguen a los estereotipos. Esa es nuestra difícil y linda tarea: la de ofrecer modelos en los cuales todas las mujeres se sientan cómodas y lindas”.

Para sus diseños, Mora y Patricia se inspiran en viajes o en revistas; son, dicen, como esponjas que no paran de absorber ideas para luego hacer una síntesis de todas y volcarlas en sus piezas. Ellas buscan mantenerse siempre en un estilo en el que insistieron desde el comienzo. “Apuntamos a que las nenas se vistan de nenas y en el sector teens y mujeres, que prime la tendencia y la comodidad”.

Aseguran que la mayor dificultad de un emprendimiento de este tipo se encuentra en que los trajes de baño son productos estacionales que llevan mucho tiempo de desarrollo. Sin embargo,  hay algo que contrarresta esa dificultad: “El encanto es diseñar y vender un producto que nos lleva a un lugar de placer, naturaleza, vacaciones y aire libre”. Ah, nada como el verano, ¿verdad?

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