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Inspiración

17 enero, 2018

Una tapa y la historia de un papá junto a su hija

El dossier de Sophia Edición Verano 2017, titulado El varón nuevo, se convirtió el disparador para que Marcelo Aitor Manetti -médico y estudioso de las tradiciones sagradas- compartiera una honda reflexión acerca del valor de encontrarnos y formular nuevas preguntas.


La foto de 1988 que inspiró esta nota, junto a la tapa de Sophia.

Por Marcelo Aitor Manetti*

Un cálido día de fines de primavera, después de una amable y enriquecedora reunión con el staff de la revista Sophia, me obsequiaron varios ejemplares. En uno de ellos, me sorprendió ver la imagen de un joven portando una mochila a sus espaldas, una bolsa con alimentos en la mano izquierda y, lo más importante, una niña pequeña junto a su pecho, envuelta y contenida por un pañuelo rojo

De inmediato apareció en mi memoria el recuerdo de aquella fotografía obtenida hace muchos años del momento en que, al igual que en la imagen de la tapa, abrazaba a mi hija junto a mi pecho, envuelta y contenida en una mochilita roja.

Busqué la foto y la envié a la redacción. Así surgió la propuesta de escribir este texto ilustrado con las imágenes que inspiraron mi memoria.

* Médico (UNLP), se desempeñó durante dos décadas en guardias y servicios de emergencias. Estudió Medicina Tradicional China y se formó en Osteopatía y Quiropraxia y hoy se dedica a formar en dichas disciplinas. Es fundador y docente en el Centro Estudios Tradición, que funciona en el barrio de Belgrano. Autor de los libros Relatos del joven y el anciano y La tradición. Leé la entrevista a Marcelo Aitor Manetti sobre las tradiciones sagradas en la Edición Verano 2018.

Aquello que la imagen destapa

Hubo algo, además de la notoria similitud de las imágenes, que llamó poderosamente mi atención: el título del dossier de esa edición (N. de la R.: El número titulado El nuevo varón fue publicada en verano de 2017) presentaba “un varón nuevo”.

Y así la tapa destapó en mi mente la cuestión: ¿por qué “nuevo”? ¿No era acaso esa imagen algo habitual para quienes en aquellos tiempos éramos jóvenes? La foto data de 1988.

Sería esperable o deseable –aunque la realidad jamás responde a nuestros deseos del modo en que esperamos– que ciertos temas estuvieran ya superados e integrados de manera funcional a la dinámica de la vida cotidiana.

Pero no…

A diario presenciamos hechos signados por la mutua violencia, incomprensión e intolerancia de las personas entre sí, agravados a veces por cuestiones de vínculo y/o género.

Sería esperable o deseable, también, que hablar de roles fuera ya innecesario, por el hecho de haber sido resuelto y superado.

Pero no…

Con frecuencia el tema se instala de nuevo, debido a los maltratos y abusos de toda índole, que constituyen la triste noticia de cada día.

Para los que éramos jóvenes en aquellos tiempos, la ternura no se veía como algo contrapuesto al rol masculino, ni el rigor se contraponía al rol femenino. Recuerdo que para nosotros era algo  placentero cambiar pañales, dar la mamadera o acompañar el amamantamiento, acunar al bebé cantando canciones infantiles y acompañar, no solo “presenciar”, el momento del parto y el puerperio.

¿Qué pasó? ¿Cómo llegamos a los niveles de violencia y discriminación actuales? ¿Cuándo y cómo fue que hombres y mujeres comenzaron a verse y tratarse como enemigos, en lugar de ser simplemente dos aspectos complementarios y mutuamente enriquecedores de una misma especie, la humana?

En la edición verano 2017 se publicó un dossier llamado El nuevo varón.

Preguntas, solo preguntas

La sabiduría no consiste en conocer las respuestas sino en formular correctamente las preguntas adecuadas. Desde esta perspectiva, una pregunta adecuada, formulada correctamente, sería aquella que pueda conducirnos funcionalmente hacia el descubrimiento de las respuestas adecuadas, aunque estas pudieran no coincidir necesariamente con nuestros deseos o expectativas.

El arte de formular preguntas consiste en tomarnos el tiempo de correr nuestro propio “yo” del centro de la escena, reconociendo inicialmente que “no sabemos”: se trata por lo tanto de renunciar a los pre-juicios que hemos construido a lo largo de la existencia para protegernos de aquello que en principio desconocemos.

Podemos carecer de respuestas, pero la verdadera ignorancia consiste en carecer de preguntas, insistiendo en creernos poseedores de la verdad.

La cuestión de los roles

¿Qué es un rol? La etimología nos lleva, en definitiva, al concepto de “papel que un actor debe representar” en un guión; se trata, desde este punto de vista, simplemente de las acciones que alguien debe o puede representar en un contexto dado.

Dicho de otro modo, un rol es una manera (no la única) de hacer algo y, por lo tanto, no se relaciona necesariamente con aquello que el individuo “es” sino con lo que “hace”…

Continuando con esta mirada, podríamos hacer el intento de formular algunas preguntas:

¿Existe realmente un rol específicamente masculino/ femenino, predeterminado, esencial a la condición biológica?

Siendo el rol sólo un “hacer”, ¿habría alguno que fuera funcionalmente mejor que otro?

¿Existiría, tal vez, un único rol masculino/ femenino, o habría diferentes posibilidades para poner en acto aquello que cada uno de nosotros, en verdad, “es”?

Y, en el ámbito propio de los roles, ¿sería el rol adoptado, unívoco o multifacético, caracterizado sólo por el rigor o la ternura? ¿O sería mejor que fuera adaptable a las diferentes circunstancias que el vínculo requiera o atraviese?

Preguntas, sólo preguntas…

Mientras tanto, sería prudente, tal vez, adoptar una postura flexible, instalando el discernimiento como báculo y la sinceridad como lámpara, para recorrer de manera funcional y pacífica, mutuamente enriquecedora, el camino general de la vida y particular de los vínculos.

Podríamos entonces, de ese modo, trascender las posturas extremas y, así, mujeres y varones dejaríamos de vernos como opuestos y reconoceríamos en el otro al par complementario.

Tal vez entonces seríamos unos para otros, un hombro amigo, una mano para la otra y caminaríamos al modo de cada uno, en la dirección elegida, sin actitudes prejuiciosas.

Volviendo a la imagen de tapa

Por aquellos tiempos pensábamos que la cuestión de género y roles era un tema superado; la evidencia indica que no fue así.

¿Qué nos pasó?

Tal vez dejamos de ocuparnos del tema y, creyendo tener ya todas las respuestas, dejamos de formularnos las preguntas adecuadas.

¿Qué podemos hacer?

Tal vez, recuperar el viejo y venerable arte de preguntar, y decidirnos a ser valientes y sinceros a la hora de formular las cuestiones.

Arribaríamos de ese modo, tal vez, al descubrimiento de lo valioso que puede ser el aspecto masculino en la mujer y el femenino en el varón, reconociendo entonces que hace falta coraje para ser tierno y ternura para ser rigurosos.

Y tal vez, de ese modo, algún día, la cuestión del rol deje de ser tema en cuestión para ser algo integrado a la vida cotidiana, como el sol y la lluvia, y la imagen de tapa represente lo habitual en lugar de lo novedoso.

El autor junto a su niña, retrato de un varón que eligió cultivar la ternura.

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