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Género

26 diciembre, 2018

Una red de mujeres rurales

La participación activa de las mujeres en el ámbito rural es cada vez mayor y más importante, pero aún existe entre ellas un enorme grupo vulnerable. Claves para comprender un movimiento fundamental en el mundo que viene.


Fabiana Menna (de verde, a la derecha), en Santiago del Estero.

Por Catalina Castro

Luego de ser invitada a participar en las reuniones preparatorias del W20 como Knowledge partner, grupo que asesora en temáticas específicas, María Beatriz “Pilu” Giraudo, madre, presidente honoraria de AAPRESID y productora agropecuaria supo, como mujer de acción, que había mucho por hacer, y que por la idiosincrasia de las mujeres rurales de nuestro país, también había mucho por conocer y ofrecer.

Las actividades productivas y reproductivas a cargo de las mujeres rurales, generan importantes aportes a la economía nacional y representan ejes fundamentales de sistemas productivos que se basan en criterios de integralidad, diversidad y sustentabilidad. El fortalecimiento del desarrollo de las mujeres rurales y sus emprendimientos, produce impactos a nivel social, económico y ambiental. W20argentina.com

Las mujeres rurales tenemos diversidad de roles, de lugares, de posiciones para incidir, y a través de esa visibilidad, trabajar juntas para ser una herramienta transformadora de ese segmento de mujeres rurales vulnerables, que son una preocupación enorme para la Argentina, la región y el mundo entero”, sostiene.

Con esa convicción, comenzó a organizar junto con otras mujeres ligadas al campo una red de contactos, solidaridad y empatía, que se va tejiendo y ampliando a través de distintos soportes tecnológicos, donde se dan a conocer, generan vínculos cooperativos y de acción, sin importar las distancias y celebrando la diversidad de roles, edades y zonas geográficas.

Verónica Torassa (centro), presidenta de Azul Solidario y coordinadora del proyecto.

Las bases del desarrollo rural 

Verónica Torassa es socióloga y desde que se casó, hace 46 años, vive en Azul, provincia de Buenos Aires. Dedicada al área de la salud, luego de jubilarse, se abocó casi exclusivamente a trabajar en el mejoramiento de la educación rural. Así nació Azul Solidario, una organización social conformada por una red de instituciones del sector público y privado para sostener el proyecto Proyecto Mejoremos la Calidad de la Educación Rural (ProMeCer), con el fin de igualar las oportunidades en cuanto a contenidos educativos en escuelas de baja matrícula.

Los renuevos

Laila Jurisich tiene 26 años, es licenciada en biotecnología, trabaja en el área de tecnología de la información en Asociación de Cooperativas Argentina (ACA) e integra el Consejo Central de Juventudes, donde se nuclean a nivel nacional todos los movimientos de juventudes agrarias cooperativistas zonales y regionales, y en esta instancia, Laila se encarga de la comunicación. “Yo creo que el rol de la mujer rural es clave, sobre todo para complementarse con el hombre y potenciar al campo”.  Desarrollando una nueva zona con altísimo potencial productivo, Magali Gutiérrez, una joven ingeniera agrónoma, trabaja junto a productores agropecuarios, en unas 35.000 hectáreas en el valle medio de Río Negro. “Esta zona es nueva productivamente y hay desarrollos que requieren información acerca de lo que es manejo de cultivo, riego y suelos”. Utilizan el agua del Río Negro que, según explica Magali, tiene cantidad de agua que va rumbo al mar a salinizarse, sin que nadie la aproveche, y con equipos de riego, empiezan a desarrollar la tierra. “No sé si están todos al tanto de la cantidad de mujeres que hay en este rubro. En mi vida profesional nunca sentí que me pongan un freno por el género”.   

Magali Gutiérrez (izq.) y Laila Jurisich (der.).

Gracias al programa, una vez por semana (y rotándose las sedes de las escuelas), todos los alumnos pudieron acceder a materias como plástica, educación física, inglés, arte, circo, canto y danza contemporánea. De la mano de este proyecto, en 2006, nació además Hilados del Azul, un taller para que las mamás de esos chicos, que los esperaban durante las cuatro horas que duraban las clases, no tuvieran que hacer tantos viajes y pudieran aprovechar ese tiempo en un taller.

Se me ocurrió darles la posibilidad de que pudieran acceder a un oficio que requiriera insumos accesibles en el campo, como la lana de oveja” − dice Verónica y explica que hoy cuentan con hiladoras, teleras, tejedoras, costureras y las encargadas de las tinturas−. En una sola prenda a veces intervienen cinco mujeres”. Estas piezas llegan de la mano de Azul Solidario, junto con otros aliados, a la feria Caminos y Sabores, donde pueden vender sus productos y darse a conocer.

Pero todavía hay mucho por hacer: cuando llueve, los caminos de tierra de acceso a algunas escuelas se tornan intransitables. Y este problema se repite en amplias zonas rurales del país, así como la falta de conectividad y electricidad que dificultan además, lo que Verónica señala como uno de los desafíos más importantes: que las familias de las comunidades pequeñas puedan permanecer en sus lugares. El fortalecimiento de la mujer colabora para lograr ese arraigo.

Italiana, antropóloga, magister en políticas públicas y género, Fabiana Menna llegó al país en el año 2000, gracias a un programa de cooperación internacional entre la Unión Europea y Argentina que se desarrollaba en la comunidad Wichi de Formosa. Al finalizar el proyecto, junto con otros colegas, crearon la fundación Gran Chaco con el objetivo de seguir trabajando en toda la región del Gran Chaco argentino, Bolivia y Paraguay.

Esta región, de un gran valor ambiental y cultural, con más de 40 pueblos originarios que siguen manteniendo su lengua y su cultura, sufre graves problemas de pobreza. La fundación trabaja incorporando tecnología, buscando mercados y fortaleciendo las organizaciones alrededor de la ganadería, la apicultura, la agro forestación y las artesanías.

En mis dieciocho años de experiencia en el norte argentino, tuve que trabajar fuertemente para que las mujeres participaran de las reuniones, los proyectos y las iniciativas. Si bien tienen un rol fundamental en la economía familiar y en sus comunidades, suelen participar muy poco de las instancias más públicas, de la capacitación y la toma de decisiones”, señala Fabiana y explica que ellas son a la vez soporte económico y familiar: “La mujer tiene cabras, huerta, es tejedora artesana, busca leña, recolecta los frutos en verano y su aporte a la economía familiar es importantísimo. Representa el sustento diario, la alimentación de los niños, y que puedan ir a la escuela, o no”.

Fabiana rescata que en esa diversidad de actividades hay un especial interés en el cuidado frente al cambio climático y en la valorización y diversificación de los recursos naturales: “Existe mucha riqueza de conocimiento y saberes que hay que seguir apoyando”.

Cuidadoras de la tierra

En el centro de salud de Nogoyá, Entre Ríos, hace 23 años que Elsa Aguirre, flamante y joven abuela de 61 años, despliega su vocación y preparación profesional de enfermera, ocupada tanto en tareas administrativas, como del plan materno infantil, vacunación, control prenatal, salud sexual y reproductiva, entre otras.

Elsa llena planillas junto a la nutricionista en el Centro de Atención Primaria de la Salud.

Los desafíos de las mujeres rurales son los desafíos del grupo poblacional en general. En mi comunidad hay mucha dificultad en cuanto al traslado y transporte a través de las rutas principales, por falta de mantenimiento y reposición de puentes y alcantarillas”, explica Elsa, como es el caso de la ruta N°34 que comunica varios distritos, incluido Nogoyá, donde hay un puente provisorio desde hace diecinueve años.

En el mes de octubre, movida por su identificación con lo rural, Sandra Alonso organizó en Egaña, partido de Rauch, junto con otras instituciones y el municipio, el primer encuentro de mujeres rurales del lugar. Ingeniera Agrónoma de profesión, vivió hasta los 13 años en el campo y hoy, trabajando en sector público desde el Ministerio del interior de la Nación, siente que pertenecer a la red de mujeres rurales es un compromiso y una deuda pendiente con las más vulnerables del sector.

Esta red, que todavía tiene mucho por desplegar y seguir tejiendo, es una manera de empezar a visibilizar la tarea que realizan muchas mujeres en el campo, y que como explica Verónica Torassa, “permite socializar experiencias y buscar, en alguna medida, que se puedan replicar”.

Primer encuentro de mujeres rurales en Egaña, partido de Rauch, Buenos Aires.

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