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14 febrero, 2018 | Por

Una pareja, sus fotos y un libro sobre el amor

Una bolsa con fotos viejas disparó la curiosidad de la autora del libro "Te amo, yo también", quien decidió compilar en él los fragmentos fotográficos de la vida amorosa de una mujer y de un hombre desconocidos, para inmortalizar su unión.


El libro donde Paz Crotto compiló las fotos, un homenaje al amor.

El lomo está forrado en una tela de color amarillo claro. Las letras impresas sobre la tapa componen las palabras que ilustran la primera fotografía. Te amo, yo también (Ediciones Larivière), dice el título. En la imagen hay dos personas, un hombre y una mujer, pero no tienen nombre. Están tomados de la mano y sonríen, sumergidos en el mar hasta la rodilla. Llevan trajes de baño de otra época. Él la mira embelesado. Ella posa para la cámara. Detrás, el Hotel Provincial de Mar del Plata y una playa del centro repleta. ¿Enero? Tal vez…

Así, foto a foto, se conforma un libro singular. Un ejemplar de hojas gruesas e imágenes impresas a color, editado para contar la historia de una pareja desconocida cuyas fotos llegaron a manos de la autora por casualidad. Así lo cuenta Paz Crotto, quien supo por Facebook de la existencia de “una colección de fotos viejas en una bolsa de plástico”, que alguien encontró en un depósito de Pompeya. No dudó un segundo en hacerse de ese tesoro: buscó las fotos, las desplegó en el piso de su casa y encontró un lenguaje oculto, amoroso, montado en un juego peculiar, en el que los amados se sacaban fotos el uno al otro, en el mismo lugar, pero nunca salían juntos. ¿Por qué? La pregunta, aún sin responder, es el motor de un trabajo artesanal donde Paz reconstruye, como en un rompecabezas, ese pedacito de la vida de dos personas a quienes aprendió a conocer a través de sus fragmentos. Con la esperanza de saber algo más sobre ellos o, al menos, de retratar para siempre los mejores momentos de su amor.

Por las playas de Brasil, año 1977. La misma pose, el mismo amor.

“Hice este libro para que ya nunca vuelvan a separarse.  Sé que él se llama Carlos porque en enero de 1975 mira a la cámara antes de soplar la torta decorada con un ‘Feliz Cumpleaños Carlos’. Ella ni siquiera tiene nombre. Pero eso no importa tanto. Me importa más lo que sentí que se decían el uno al otro mientras los reunía en la intimidad de mi casa: ‘Te lo dije: donde esté yo también estarás vos'”, escribe Paz a modo de introducción para este álbum que no le pertenece y sin embargo supo hacer suyo.

–¿Qué te llevó a publicar el libro?

–La idea de publicarlo surgió apenas vi las fotos por el juego que aparece. El formato es perfecto para mostrar a uno y luego al otro, separados pero lo suficientemente cerca como para que el que los mira pueda unirlos fácilmente y ver las similitudes y diferencias en las poses y encuadres.

–¿Cuáles son tus imágenes favoritas?

–Son muchas las fotos que me gustan. Van cambiando con el tiempo. Hay dos de Mar del Plata de 1981, ellos están en trajes de baño debajo de unos toldos, tomando un trago. Aparecen todos los elementos para pasar una tarde de amor: la playa, poca ropa, sentido del humor y algo para tomar. Hay otras de ellos sentados en un banco en algún lugar (no sé cuál), ella se sienta a un lado y él se sienta al otro. Ahí veo esa necesidad de ir al encuentro del otro, de estar juntos. Además, él está fuera de foco y aparece un error fotográfico, típico de las fotografías vernáculas, que me encanta cuando los encuentro.

Ella y él, él y ella. Jugar, reír, amar… y sacar fotos.

–¿Qué imaginás sobre la vida de esa pareja?

–Imagino que se amaban, que se casaron y que no tuvieron hijos. Cuando tenés un hijo la cámara baja, la atención va hacia ahí y no tanto hacia la pareja. Lo que más me gusta de ellos es que se ríen juntos durante años. Sostener tanto tiempo ese juego me emociona.

– ¿Por qué creés en el valor documental de estas fotografías?

–Pienso que fotografía está a mitad de camino entre el documento y la ficción. Esta es una colección de fotografías encontradas y no conozco la vida de estas personas, apenas sé el nombre de él. Al encontrarme con la colección imaginé una historia de amor y Te amo, yo también es eso, una interpretación posible del amor. Inventé ese recuerdo porque eso es lo que vi en las fotografías. Hace unos días soñé que me encontraba con ellos y me contaban otras cosas de sus vidas, que no coincidían con lo que yo había pensado. Y lo cierto es que puede ser o no. Me gusta imaginar que fue amor.

–¿Te gustaría que tus imágenes quedaran plasmadas de ese modo?

–Si un desconocido en muchos años encuentra mis recuerdos familiares y quiere hacer algo con ellos, que los use. La fotografía dice distintas cosas con el tiempo. Pero no pienso en el futuro. Ahora saco fotos y las pego en álbumes para acordarme de algunos momentos porque tengo muy mala memoria. No creo que le interesen mis recuerdos a un desconocido. Con la sobreproducción de imágenes que hay hoy y el poco tiempo que tenemos para detenernos a mirar, creo que hay muchos archivos ocultos que tienen un gran valor y seguramente los desconocidos vayan en esa dirección, o eso espero.

–Por último, ¿por qué elegiste hacer foco en el amor de ellos, como símbolo?

–El amor apareció muy rápidamente cuando vi las fotografías y decidí seguir esa primera impresión. Al no aparecer juntos, renuncian a darse la mano, abrazos, besos y otros gestos románticos con los cuales se simbolizó el amor a lo largo de los siglos. Su deseo de encontrarse, en cambio, sucede a través de la fotografía. El juego que hacen es conmovedor porque la ausencia resalta lo que cada uno le ofrece al otro para que la pareja exista, que es el espacio físico, preciso y desapasionado que se ocupa en el mundo.

En 1983, tal vez durante un paseo por Tigre. Carlos y el saludo radical que marcó una época de oro: el regreso de nuestro país a la Democracia. 

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