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Pareja

22 agosto, 2017 | Por

Un nuevo contrato para el amor

Los espacios de la pareja cambiaron y la mujer ganó libertad y protagonismo. Pero el nuevo equilibrio trae sus propios interrogantes. ¿Cuáles son hoy las reglas del pacto amoroso?


Por María Eugenia Sidoti. Ilustración de Maite Ortiz.

La historia podría arrancar así: todas las noches una mujer preparaba la cena. Puntualmente, extendía el mantel cuadrillé y repartía los platos. Comían guiso o pastel de papas. Y cuando su marido se iba a dormir, ella se ocupaba de que no volara una mosca. Al otro día, se levantaba temprano para tenerle unos mates listos antes de que se fuera al trabajo. Luego hacía las tareas del hogar, las compras, cuidaba a los chicos y se las ingeniaba para estar presentable cuando él volviera. Otra vez en casa, su marido miraba la televisión, y la mujer comenzaba de nuevo su ir y venir de la cocina al comedor, con el delantal floreado, mientras él refunfuñaba por lo bajo porque su equipo de fútbol iba perdiendo.

Eran épocas en las que ser esposa, madre y ama de casa era la condición femenina sine qua non y todo lo demás podía –o más bien debía– esperar. A partir de la Segunda Guerra Mundial las cosas empezaron a cambiar: las mujeres se insertaron progresivamente en el mundo del trabajo, y empezaron a ganar un espacio propio, no solo en la sociedad, sino frente a ellas mismas. Las décadas siguientes expandieron y profundizaron las transformaciones, que impactaron de manera significativa en la familia, en la pareja y en los roles que cada uno desempeñaba.

Esta “salida al ruedo” femenina es una acción que la historiadora Ema Cibotti, especializada en historia social argentina, y activista cívica contra la discriminación de género, reivindica: “El papel de la mujer en la estructura matrimonial se transformó de manera radical por todas las conquistas femeninas del siglo XX y del actual, que le han permitido alcanzar grados de paridad con el varón impensables para nuestras abuelas y bisabuelas, pero anticipadas por las luchadoras de la emancipación femenina. Inclusive las tareas domésticas se equilibran y se reparten entre los dos. La figura del esposo-varón como único proveedor tiende a desaparecer porque la mujer tiene ingresos personales que no dependen ya de él”, indica Cibotti, y asegura que ese proceso dio un giro inesperado a la pareja: “Junto con esta transformación de roles y funciones, ha llegado otra, no anticipada por nadie, y es que están cambiando las formas de amar y de ser amado”.

La licenciada Patricia Faur, psicóloga y autora de Estrés conyugal (Ediciones B), señala que el nuevo contrato matrimonial es el fruto de un trabajo que llevó décadas y que supone un juego de roles en el que la mujer aprendió a pararse en un lugar diferente, sobre todo a partir del uso de la píldora anticonceptiva, herramienta que le permitió realizarse en el mundo laboral. “Poder planificar cómo y cuándo tener hijos favoreció el avance de la mujer en todos los terrenos. Así ganó autonomía: si antes se ocupaba de las cosas ‘chicas’, como hacer las compras o pagar el colegio de los hijos, hoy decide si hay que cambiar el auto o comprar una casa”. La especialista agrega: “En la Argentina, desde la crisis de 2001, muchas mujeres se convirtieron en el sostén económico de sus familias; sin duda, eso marcó un antes y un después”.

Aunque siempre queda mucho por hacer, es posible afirmar que los avances de la mujer en el mercado laboral o su mayor autonomía a la hora de tener hijos son ya espacios conquistados. Sin embargo, hoy la disparidad se mide en ámbitos más sutiles, como el del tiempo libre. La imagen es claramente contemporánea: llegado el viernes, ellos organizan partidos de fútbol, tenis o golf, y nosotras ¡tenemos que recordarles que estamos ahí, que el tiempo libre es también para nosotras, y que si hay hijos, son responsabilidad compartida! O bien, si afirmadas en una nueva forma de ejercer nuestro contrato matrimonial, organizamos con independencia nuestras propias salidas, y nuestros maridos las de ellos, lo que se resiente es el espacio común, familiar, que queda desdibujado. ¿Cómo construir, entonces, un nuevo “nosotros”, que sea a la vez respetuoso de la individualidad de cada uno?

El doctor Walter Dresel, médico uruguayo y fundador del Centro de Liderazgo y Administración de la Vida Humana, considera que mantener la identidad propia dentro de la vida en común es saludable. “La mujer ha aprendido a poner límites firmes defendiendo sus espacios y su dignidad. Ya no tolera ni las órdenes ni las infidelidades, tan habituales en otras épocas, y además pelea por ganar y mantener su territorio”, señala Dresel y, a la hora de brindar una mirada de género, destaca: “¿Qué reflexión me merece el rol que la mujer está asumiendo? La palabra exacta sería ‘admiración’; la evolución ha sido formidable. Lamentablemente, esto ha llevado a un cierto repliegue por parte del sexo masculino, que en algunas situaciones no lo acepta de la forma adecuada”. Por eso, en su libro Entre tú y yo (Planeta), el especialista describe: “Cuando la cesión de los territorios se da solamente en un extremo, mientras que el otro permanece inamovible, el vínculo nace enfermo, con un integrante que domina y otro que cede, a menudo convencido de que el silencio y la negación de sus deseos contribuirán al mejor desarrollo de la pareja”.

Por su lado, en ¡Viva la diferencia! (Grupo Editorial Norma) la psicóloga Pilar Sordo advierte: “En general las mujeres cometemos el error de castigar o retar a los hombres cuando los vemos ejercer sus tiempos personales, y esto nada más que porque nosotras no somos capaces de generar esos mismos tiempos o esos mismos espacios en beneficio nuestro, culpándolos a ellos de algo que están haciendo bien y que, claramente, debemos imitar. Las mujeres que no cuenten con esos espacios personales, o los hombres que no lo hagan, tienen la tarea de descubrirlos”.

Un nuevo equilibrio

Sin duda, el nuevo lugar de la mujer marca un cambio fundamental a la hora de la reflexión de género, pero abre un interrogante: ¿por qué algunas parejas fracasan en la búsqueda del equilibrio? La doctora Diana Barimboim, psicóloga social, docente e investigadora de la UADE, trabaja en una investigación para determinar cómo funcionan estas nuevas reglas tácitas en los vínculos. Según indica, a partir de 450 encuestas realizadas a mujeres de entre 25 y 45 años, las relaciones se despegaron del “hasta que la muerte los separe”, la maternidad se posterga hasta casi los 40, y en la mayoría de las mujeres aparece un mayor deseo de libertad y crecimiento profesional. “Se trata de parejas consensuales que buscan una relación de igual a igual, en la que el paso por el registro civil no es prioridad. Se busca el compañerismo y el afecto por sobre la sexualidad, y el diálogo funciona como motor del amor. En ese marco, la igualdad de género comienza a ser una realidad, porque la mujer ya no se somete a la figura del hombre. Hay mayor libertad individual y, justamente, eso hace que no existan tantas garantías de continuidad”, considera Barimboim, al tiempo que brinda algunos ejemplos: “Las mujeres arman planes que no siempre incluyen a su pareja; trabajan a la par o incluso más. Años atrás, por no deshacer un matrimonio, la esposa toleraba todo, algo que ya no es posible”.

Sin embargo, es un hecho que ciertos mandatos continúan vigentes, como ese del que reniega María Mercedes (39), una arquitecta con excelente trayectoria laboral, a quien los parientes siempre preguntan: “¿Y vos, nena, para cuándo?”, en referencia a su estado civil de soltera y sin hijos. O el de Rosario (42), una empresaria que reparte las tareas de la casa y la responsabilidad de criar a su hija Juanita (3), con su marido. “Como a veces no llego a las reuniones de padres del Jardín, es él quien participa. Eso hace que cada vez que me cruzo con las demás madres, algunas me miren con recelo, como sugiriendo que no soy buena mamá”, cuenta Rosario, y lamenta que sean justamente otras mujeres quienes la pongan bajo la lupa.

Sueños y realidades

Sin duda, la mujer tiene por delante un desafío histórico y la posibilidad de seguir escribiendo, con puño firme, los nuevos capítulos de un relato liberador. Pero no siempre es fácil. “La mujer trabaja, pero sigue siendo responsable de la casa. Hay muchas exigencias: ser madre, ser atractiva, estar contenta… No es sencillo sacar los viejos paradigmas, pero estamos en una transición que dará sus frutos”, aporta Barimboim, quien aprovecha para deslizar una pequeña crítica a la constitución actual de algunas parejas: “Si bien la libertad enriquece, a veces noto poca solidez en los vínculos. Muchas parejas que se desarrollan tanto individualmente que al final se alejan del proyecto común”.

Por su parte, Patricia Faur recomienda: “Hay que adquirir una mirada realista y lograr reciprocidad, porque si la situación se desbalancea, sale mal. Cuando la mujer trabaja mucho y al volver debe encargarse de la casa, colapsa. Y lo mismo ocurre cuando el hombre se siente descalificado porque no trabaja a la par de su mujer. Si en la cabeza de la pareja sigue habiendo una mirada sexista, el nuevo contrato matrimonial fracasa”.

Seguramente pasarán algunos años más antes de encastrar todas las piezas, aunque la historia ya está en marcha. Por esa razón, la historiadora Ema Cibotti ensaya un escenario posible: “El amor de pareja está mutando a escala planetaria. La libertad de amar seguirá siendo una reivindicación de la condición humana, pero no necesariamente se desarrollará como relación de pareja con proyectos compartidos de tiempo completo”.

A lo mejor, lo bueno de este nuevo contrato para el amor sea que no hay modelos preestablecidos ni fórmulas universales, sino solo la tácita promesa de diálogo y de respeto para conciliar los intereses de cada uno.

Claro que la libertad de la hoja en blanco siempre deja espacio a una duda existencial: ¿entonces, cómo hacemos para que la crianza de los hijos, los programas de fin de semana y las salidas independientes de cada cual no hagan ruido en la delicada armonía de la vida conyugal? Como ocurre con las películas de final abierto… ¡esta historia continuará!

Publicada originalmente en la edición papel noviembre 2012.

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