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Inspiración

22 septiembre, 2021

Un hombre en el bosque: el despertar de Henry David Thoreau

Escritor y naturalista estadounidense, no se afilió a ninguna religión, ni a un pensamiento político. Para él, la vida tenía que ver con la naturaleza, fuente de todos los hechos esenciales. Despertarse y despertar a otros fue su legado.


Henry David Thoreau (1817-1862) eligió una vida en la naturaleza y la sencillez, y buscó despertar también a otros.

Por Victoria Llorente

Cuando Henry David Thoreau publicó Walden, a life in the woods, en 1854, no sabía que su “diario en la naturaleza” iba a llegar tan lejos. Convencido de que en la vida al aire libre estaban todas (o casi todas) las respuestas a la vida, el estadounidense decidió que la mejor manera de saberlo era experimentarlo él mismo. Con esto en mente, construyó su propia casa y durante dos años y dos meses vivió en medio del bosque de Concord, en Massachussets. Muchos tildaron de ermitaño, y hasta de vago, a este personaje que influyó en la vida de personalidades como Gandhi y Martin Luther King y que, lejos de haberse evadido de la realidad, persiguió durante toda su vida una única pregunta: ¿cómo debería vivirla?

Fue ese mismo cuestionamiento el que lo mantuvo siempre fiel a sí mismo, a sus formas. Lo que hizo que no se afiliara a ninguna iglesia ni a ningún partido político. Lo que permitió que, antes de decir lo que pensaba, buscara entender desde todas las aristas posibles (y vivibles) lo que le iba tocando “en suerte”. Él quería asegurarse de que estaba viviendo una vida que él mismo elegía, y no otros. Si eso es ser individualista, ¡chapó, Thoreau!

Caminar para ser hombres

“Fui a los bosques porque quería vivir con un propósito; para hacer frente solo a los hechos esenciales de la vida, por ver si era capaz de aprender lo que ella fuera capaz de enseñar, y por no descubrir, cuando llegare mi hora, que no había ni siquiera vivido”, narra en el capítulo Dónde viví y por qué, de Walden, uno de los pocos ensayos que fue publicado mientras él vivía. Pero, ¿qué hay detrás de este “filósofo” y naturalista estadounidense que nunca buscó entrar en los parámetros sociales, que siempre cuestionó las formas no por ser un simple quejoso, sino por encontrarle un sentido a sus días? ¿Cómo logró mantenerse fiel a sí mismo, a pesar de vivir en un momento histórico donde todo dictaba lo contrario? ¿Fue un visionario o un marcador de surcos?

“Si no caminamos al ritmo de nuestros compañeros, ¿la razón es que escuchamos un tambor diferente? Vayamos de acuerdo con la música que escuchamos, sin importar cuán lejos o qué tan lejos” (Walden).

A él seguramente le hubiera encantado que lo reconocieran como éste último: como quien sabe salir de la huella para que los demás despierten y puedan encontrar un camino propio. Y para serlo, Thoreau dejó claro (y dejó escrito en su libro Caminar), que eso se consigue andando, sobre la marcha, reconociendo los propios pasos y el propio ritmo, que siempre va de la mano con los de la naturaleza. “No pretendo escribir una oda al abatimiento, sino jactarme con tanto brío como el gallo encaramado a su palo por la mañana, aunque solo sea para despertar a mis vecinos”. Con estas palabras, Thoreau introducía al lector a Walden, pretendiendo que no fuera solo una acumulación de palabras bien escritas, sino una experiencia propia que avivara la chispa de una vida eternamente presente.

Vivir en la eternidad

Pero, ¿qué tenía de heroico irse a vivir alejado de la civilización, en una cabaña hecha por uno mismo, rodeado de naturaleza? Hay un dato que no puede dejarse de lado en la lectura de este libro que no perdió vigencia a lo largo de los siglos y que interpela a cualquiera que lo tenga en sus manos a un despertar de conciencia. Thoreau, en su hazaña en la naturaleza, no quería únicamente “despertarse”: él quería despabilar a los demás, marcar un rumbo con su ejemplo. En la tradición puritana, valores que claramente encarnaba el escritor estadounidense, el “santo visible” era aquella persona que aparecía frente a la comunidad como un ejemplo patente de cómo se debería actuar en la vida.  En medio de sus páginas, el filósofo y poeta, anima al lector a vivir de manera noble y ajustada a las leyes de la vida al aire libre. “La vida está en nosotros como el agua en el río”, escribe.

Sin embargo, hay otro dato que aporta una mirada aún más mística y religiosa de Thoreau. El trascendentalismo americano tuvo una marcada influencia en su manera de vivir. Si bien esta corriente tomaba muchas cosas del puritanismo, en realidad se trataba de un cristianismo sin la presencia de Cristo, se apoyaba en la comunión con la naturaleza y estaba desprovista de realidades trascendentes. En Walden logra reunir una mirada integradora de religiones orientales como el budismo o el hinduismo, y se aleja un poco de extremismo puritano de los Estados Unidos. “Los hombres consideran la verdad remota, en las afueras del sistema, tras la estrella más lejana, antes de Adán y después del último hombre. En la eternidad hay, en efecto, algo verdadero y sublime. Pero todos estos tiempos y lugares y ocasiones están aquí y ahora”, escribe en el ensayo de sus días en los bosques de Concord, que no es más que un llamado a vivir en la sencillez del momento y hacer del hoy un homenaje a las formas que dicta la naturaleza.

Una réplica de la cabaña de Thoreau fue construida cerca de la Reserva Estatal de Walden Pond, en Massachusetts.

La luz, siempre

“Mi vida ha sido el poema que habría escrito” (Henry David Thoreau).

Una de las ideas que rumea recurrentemente en Walden está asociada con el fenómeno de luz (el sol, la aurora, el fuego, la primavera), palabra (y concepto) que tiene un significado en todas las expresiones religiosas y culturas del mundo. El emblemático inicio del Génesis de la Biblia está marcado por la luz; la arcaica teología indiana del Rigveda consideraba la divinidad creadora Prayápati como un sonido primordial que explotaba en cantidad inexplicable de luces y creaturas; el mismísimo fundador del budismo tiene en su nombre el significado de “iluminado”, y el Islam también eligió la luz como símbolo teológico. “La vida, efectivamente, es un ‘venir a la luz’ (como en muchas lenguas es definido el nacimiento), y es un vivir en la luz del sol o guiados en la noche por la luz de la luna y de las estrellas”, dijo el cardenal y arqueólogo italiano Gianfranco Ravasi, en ocasión de la ceremonia de inauguración del Año Internacional de la Luz de la Unesco, en 2015, quien destacó este recurso que se repite tanto en Oriente como en Occidente.          

El filósofo (y meticuloso estudiante) estadounidense no dejó pasar esta idea por alto en su ensayo homónimo de sus días en la cabaña en Concord, Massachusetts. La luz del amanecer, la fuerza del sol, la aurora en el horizonte, la primavera pujante… De fondo, la idea de luz y de sombra tan arraigada a la transformación, al paso del tiempo, a los estados de ánimo, a una religiosidad integrada y unificadora en la figura del astro. “Es vano escribir sobre las estaciones, a menos que tengas las estaciones dentro de ti”, escribe Thoreau, resaltando más de una vez en sus sabias palabras que todo lo que pasa dentro de uno, pasa afuera. Y que todo lo que pasa afuera, se recrea dentro. “Todo hombre construye un templo, su cuerpo, para el dios al que adora, con un estilo propio, y no puede dejar de hacerlo para martillear el mármol. Somos escultores y pintores y nuestra materia es nuestra carne y sangre y huesos”. (pp 256, Walden).

De Tolstoi a Gandhi

UN HOMBRE DE TODOS LOS TIEMPOS
Por Susanne Schaup, escritora y traductora austríaca
“Durante los últimos 25 años tuve la posibilidad de traducir una gran cantidad de trabajos de Thoreau. Uno de los principales proyectos fue la edición de una antología alemana de sus diarios. (Los originales cubren 24 años de su vida y son cerca de 7.000 páginas). Hoy son considerados su obra maestra secreta, mucho más que Walden, una vida en el bosque, su libro más famoso.
Después de haber publicado esta antología de sus diarios, aparecieron innumerables pedidos para que tradujera más trabajos de Thoreau, a los cuales acepté felizmente. Henry David Thoreau tiene una mirada completamente moderna del mundo, a pesar de haber sido un hombre del siglo XIX. Sus ideas de una vida plena responden a nuestras necesidades. Su espiritualidad sin dogma, inspirado en Oriente, es del tipo que abrazamos muchos en la actualidad; sus críticas a la civilización occidental y a la democracia estadounidense son, aún, totalmente válidas. Amaba a la naturaleza y veía al mundo como un Ser Vivo, donde cada una de las partes estaba conectada. No era ni sexista ni racista ni mucho menos, intolerante, como muchos de sus contemporáneos. Debo decir que se ha convertido en uno de mis santos privados”

El 1846, cuando aún vivía en el bosque, se dio un acontecimiento que influenció sobremanera su pensamiento político y su manera de actuar frente a la autoridad: fue obligado a pagar impuestos retrasados por un recaudador local. Thoreau se negó, alegando que aquel dinero se usaba para financiar la intervención de los Estados Unidos en México y para el sistema de esclavitud, y pasó una noche preso. Hay un diálogo interesante que mantiene con Emerson cuando lo saca del calabozo (aunque siempre se rumoreó que quien pagó la fianza fue una tía de Henry, no Ralph): “ ¿Qué haces ahí dentro?”, le dijo su amigo. “¿Qué haces ahí afuera?”, respondió Thoreau, quien salió esa mañana detrás de las rejas, en contra de sus principios. De aquella experiencia nació el escrito Desobediencia civil, en 1849.

Retomado por pensadores como Tolstoi, Gandhi y Luther King jr., quienes lo proclamaron como uno de los hombres faro del siglo XIX, sus ideas nunca dejaron de trascender generaciones y de movilizar conciencias. El publicista Bruce Bliven cuenta que, en cierta ocasión, tuvo la posibilidad de preguntarle a Mahatma Gandhi de dónde había sacado “la paradójica idea de resistir no resistiendo” y que el pacifista indio lo miró con sorpresa y con su voz finita le respondió: “¿Cómo, señor Bliven? Yo creía que todos sabían que la tomé de Henry David Thoreau”.

“La bondad es la única inversión que nunca falla”, escribió en Walden. De nuevo esa mirada profunda tantas veces tildada de anárquica, de individualista. Lejos de cualquier mote, Thoreau era un hombre hondo y espiritual, que supo entender que todo lo que pasa dentro de uno mismo se manifiesta afuera, y no al revés. Que entendió que en la naturaleza están todas las respuestas y que caminando, andando y mirando, es que el hombre puede llegar a ser realmente uno mismo y a la vez ser justo con los demás.

El cine que retoma a Thoreau

  • Into the wild, película dirigida por Sean Penn. Está basada en el libro Hacia rutas salvajes de Jon Krakauer, escrito en 1995, que narra la historia real de Christopher Johnson McCandless, quien abandonó su vida en la ciudad para vivir en las cercanías del río Yukon, en Alaska.
  • Capitán Fantástico, una comedia dramática de 2016, protagonizada por Viggo Mortenssen, donde se hace alusión a los escritos de Thoreau y sus ideas anti sistema en medio de la vida de una familia que se retira a vivir en el bosque.
  • Walden life in the woods (2019), inspirada en el libro Walden, entrelaza tres historias sobre situaciones de la vida en el siglo XXI  y personas que sueñan con escapar de la realidad.

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