Sophia - Despliega el Alma

Vivir bien

2 enero, 2019

Encuentro con el mar

Cuando llega el verano comenzamos a anhelar la cercanía de esos espacios abiertos cuyas postales soñadas se ofrecen ante nosotros cada vez que se unen el horizonte y el agua. En esta nota, frases inspiradoras e imágenes de playas secretas que nos llevan en un viaje íntimo, mar adentro.


Salema, Portugal.

Espacios incomparables, abiertos, lejos del ruido de la ciudad. Basta acercarse a la orilla y respirar hondo para que el misterio se haga presente: el ir y venir de las olas baña de tanto en tanto los pies y parece tan raro estar, por fin, sin zapatos, en la playa.

¿Quién no sintió esa espléndida exaltación al subir un médano y divisar de pronto el mar?

“El mar sigue cantando cuando pierde una ola”.

José Angel Buesa

Y entonces parece mentira que haya pasado un año, o más quizás, desde la última vez en que nos sumergimos en las profundidades del agua salada.

No tardamos en formular nuevamente la promesa: volver a él a como de lugar. Pero los pensamientos nadan y se escapan, ondulantes, a la espera de develar qué extrañas fuerzas operan la breve existencia de una espuma dorada por los dedos del atardecer.

Marisol, Argentina.

Andar con el pelo revuelto, sentir que la vida es un suspiro de aire marítimo. La piel tirante por el sol. Gaviotas.

Porque el verano atraviesa las entrañas mismas de la imaginación y siempre nos lleva de viaje, sin importar que no nos tomemos vacaciones o que, esta vez, tengamos pasaje hacia la montaña. Y sin importar dónde estemos, en algún lugar del alma, lo sabemos bien: una playa vive dentro de nosotros, a la espera de ser descubierta.

De playas y palabras

Los grandes autores lo han venerado a través de prosas exquisitas. Y a lo largo de todas las épocas han sabido invitarnos a zambullidas maestras.

“Una palabra nos encierra. El viento pule en ella. El fuego. El mar también”.

José Barroeta

Masa de agua salada que cubre aproximadamente las tres cuartas partes de la superficie terrestre“, dicen por ahí los diccionarios con poca poesía. Pero hay mucho más que litros de tangible realidad en él: la mitología de distintas culturas ha consagrado en sus profundidades la existencia de dioses protectores y las historias fantásticas han vislumbrado criaturas capaces de emerger de la mano de relatos llenos de aventuras y enseñanzas, como Moby Dick.

Quizás, en esa dinámica, el nombre que mejor retrate las profundidades del alma humana sea Poseidón: el dios griego supo regalarnos mares en calma en sus días benévolos pero, enojado, de pronto hendió su tridente en el suelo provocando maremotos, hundimientos y naufragios.

Calmo o peligroso. Lleno de vida. Tantas veces inhóspito. A lo largo de nuestra existencia en esta tierra el mar ha sido clave para comprender el acontecer de nuestras culturas y creencias. En él se iniciaron los primeros viajes de descubrimiento, navegaciones llenas de anhelo. Pero también, tantas veces, llevaron hasta otras orillas las calamidades de la conquista descarnada y de la guerra.

Aprender a surfear la ola −esa idea veraniega y optimista− es, en el fondo, una imagen esperanzada frente al hecho inexorable de que algunos acontecimientos nos arrasarán con la violencia de un tsunami.

La belleza, dicen, está en aprender a bucear hondo, bien hondo, hasta encontrar aquellos tesoros que tenemos al alcance de la mano pero jamás habíamos visto. Entonces, será cuestión de darnos impulso otra vez para recuperar por fin la línea de flotación, en la búsqueda de dar crédito a esa certeza que nos regaló Ernest Hemingway: “Y se dio cuenta de que nadie jamás está solo en el mar“.

Buen viaje. 

Pyla-sur-Mer, Francia.

Antes que el sueño (o el terror) tejiera 
mitologías y cosmogonías, 
antes que el tiempo se acuñara en días, 
el mar, el siempre mar, ya estaba y era.
¿Quién es el mar? ¿Quién es aquel violento 
y antiguo ser que roe los pilares 
de la tierra y es uno y muchos mares 
y abismo y resplandor y azar y viento?
Quien lo mira lo ve por vez primera, 
siempre. Con el asombro que las cosas 
elementales dejan, las hermosas
tardes, la luna, el fuego de una hoguera. 
¿Quién es el mar, quién soy? Lo sabré el día 
ulterior que sucede a la agonía.

El mar, Jorge Luis Borges

Whitehaven, Australia.

Mira el mar infinito.
Sobre su pecho sale a navegar un navío
Que despliega sus velas, incluidas las de gavia.
Su pendón ondea en lo alto mientras aumenta
Su velocidad de manera majestuosa.
Debajo, las olas rivalizan,
Rodean al barco, apiñándose,
Con brillantes movimientos circulares y espuma.

Mira el mar infinito, Walt Whitman.

Balandra, México.

Necesito del mar porque me enseña:
no sé si aprendo música o conciencia:
no sé si es ola sola o ser profundo
o sólo ronca voz o deslumbrante
suposición de peces y navios.
El hecho es que hasta cuando estoy dormido
de algún modo magnético circulo
en la universidad del oleaje.
No son sólo las conchas trituradas
como si algún planeta tembloroso
participara paulatina muerte,
no, del fragmento reconstruyo el día,
de una racha de sal la estalactita
y de una cucharada el dios inmenso.

Lo que antes me enseñó lo guardo! Es aire,
incesante viento, agua y arena.

Parece poco para el hombre joven
que aquí llegó a vivir con sus incendios,
y sin embargo el pulso que subía
y bajaba a su abismo,
el frío del azul que crepitaba,
el desmoronamiento de la estrella,
el tierno desplegarse de la ola
despilfarrando nieve con la espuma,
el poder quieto, allí, determinado
como un trono de piedra en lo profundo,
substituyó el recinto en que crecían
tristeza terca, amontonando olvido,
y cambió bruscamente mi existencia:
di mi adhesión al puro movimiento.

El mar, Pablo Neruda

Haleiwa, Hawai.

¡El mar, el mar!
Dentro de mí lo siento.
Ya sólo de pensar
en él, tan mío,
tiene un sabor de sal mi pensamiento.

PausasJosé Gorostiza.

Navagio, Grecia.

Qual è l’incarnato dell`onda?
Valerio Magrelli

¿Qué es en definitiva el mar?
¿por qué seduce? ¿por qué tienta?
suele invadirnos como un dogma
y nos obliga a ser orilla

nadar es una forma de abrazarlo
de pedirle otra vez revelaciones
pero los golpes de agua no son magia
hay olas tenebrosas que anegan la osadía
y neblinas que todo lo confunden

el mar es una alianza o un sarcófago
del infinito trae mensajes ilegibles
y estampas ignoradas del abismo
trasmite a veces una turbadora
tensa y elemental melancolía

el mar no se avergüenza de sus náufragos
carece totalmente de conciencia
y sin embargo atrae tienta llama
lame los territorios del suicida
y cuenta historias de final oscuro

El mar, Mario Benedetti

ETIQUETAS inspiración mar playa poesía vacaciones

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