Sophia - Despliega el Alma

Inspiración

28 septiembre, 2018

Un despertar espiritual personal

Encontrar el sentido de la vida a través de la trascendencia. Elevar la mirada, rezar... pero no, quizás, como nos enseñó un determinado credo. "Una religión domesticada, insulsa, ensayada, repetida hasta la saciedad no tiene sentido", sostiene Thomas Moore e invita a construir una espiritualidad propia.


Texto: Agustina Lanusse.

Para el reconocido psicoterapeuta y experto en espiritualidad Thomas Moore, la insatisfacción crónica que carcome la vida de las personas tiene una razón precisa: la vida secular del siglo XXI se ha vuelto demasiado materialista y ha descuidado su costado espiritual. A pesar de los avances científicos y tecnológicos que hacen más confortable la existencia, cada vez son más los que se hunden en estados de ansiedad y angustia. Para el autor esto ocurre porque el alma tiene una sed natural de misticismo y vida espiritual que muchos desatienden, y al hacerlo pierden vitalidad.

Este exfraile, hermano de la comunidad de los servitas –una orden católica italiana fundada en el siglo XIII–, vivió trece años en el claustro y estuvo a punto de ordenarse sacerdote católico. Luego abandonó el convento para seguir su propio camino, con la creencia de que una vida plena se alcanza amalgamando lo secular con una intensa práctica religiosa. A partir de una formación previa, Moore propone que cada uno se anime a moldear una religión personal. “Radicalmente reimaginada para adaptarla a la propia esencia”, afirma.

En su libro En busca de una religión personal (Ediciones Urano), el autor se resiste al secularismo que avanza de manera inexorable y sugiere una práctica religiosa que contemple un despertar a lo trascendente; que ayude a cada cual a vivir su propio destino con una sólida ética comunitaria.

Contra quienes lo critican por “armar un pastiche espiritual egoísta, un sincretismo superficial”, Moore (autor del best seller El cuidado del alma) afirma que su propuesta incluye años de búsqueda, estudio y meditación para llegar a vivir de manera ética apreciando la dimensión sagrada que se esconde en lo cotidiano. Y que plenifica la vida.

No seguir el rebaño

“Puedes descubrir lo sagrado y divino dentro o fuera de una Iglesia u otra organización espiritual”, explica Moore. La clave está en encontrar los elementos sagrados en tu vida concreta y crear un sendero religioso que siempre será único y personal.

¿Por qué? Para él, seguir ciegamente una tradición dada no nos ayuda necesariamente a ahondar en nuestro propio misterio ni a reconocer nuestro destino, ligado a mejorar el mundo en que habitamos. “Una religión domesticada, insulsa, ensayada, repetida hasta la saciedad no tiene sentido. Ni un compendio formulado por otros sobre lo que debes ser y hacer. El salmo de la Biblia que reza ‘El Señor es mi pastor’ es hermoso. Pero las personas están cansadas de ser ovejas (N. de la R: de otras personas).

“Puedes descubrir lo sagrado y divino dentro o fuera de una Iglesia u otra organización espiritual”.

Cada vez son menos los que están dispuestos a hacer lo que les diga el sacerdote, el rabino o el pastor protestante”, escribe en su reciente libro. Para él, esta “rebeldía” resulta saludable, y propone adoptar “una religión que implique una nueva y constante revelación de las verdades que pueden configurar tu vida. Que no se base en conceptos inamovibles ni busque tener la razón, sino más bien que intente profundizar, ahondar ”. Esto implica estudiar la propia religión o las diferentes tradiciones religiosas que a cada uno le atraigan y seguirlas con un estilo singular, con sinceridad y entusiasmo.

Su historia

En su caso, la creación de una religión personal le implicó abandonar a los 26 años la orden religiosa a la cual estaba unido desde los 13, y seguir su búsqueda. Así llegó a alimentar su matriz católica con ideas claves del taoísmo, el politeísmo griego y el budismo zen, creando un tesoro personal donde abundan imágenes, historias, enseñanzas, ritos y sabiduría. El arte dentro y fuera de las tradiciones religiosas (las obras teatrales de Samuel Beckett, los poemas de Rainer María Rilke, los escritos de Carl Jung y la poesía de Jane Hirshfield) también jugaron un papel clave para enriquecer su práctica espiritual.

A la hora de ofrecer sugerencias para crear un camino propio, este reconocido experto en temas espirituales, recomienda, entre otras acciones:

  • Estudiar las distintas tradiciones religiosas y tomar las ideas claves “para evitar el riesgo de ser excesivamente limitado o individualista”.
  • Desarrollar una espiritualidad de la vida cotidiana. Convertirnos en místicos naturales. Acostumbrarnos a ver la belleza y el carácter sagrado del mundo natural. Calificar como milagro que la lluvia caiga sobre una pradera, acostumbrarnos a percibir lo infinito que se esconde en lo finito. Maravillarnos con la naturaleza que nos rodea. Dedicar tiempo a gozar de ella. Ver el origen sagrado del universo, sentir esa sensación de estar conectado con algo que nos trasciende. Caminar de forma meditativa. Vivir en comunión con los demás hombres y con Dios.
  • Armar un propio calendario litúrgico con fechas específicas (honrar la muerte de los padres o los acontecimientos que marcan nuestra vida). Celebrar esos días con ritos sagrados.
  • Analizar diariamente los sueños. Verlos como puertas de acceso a nuestro mundo inconsciente, mítico.
  • Resolver los propios problemas psicológicos que pueden bloquear nuestro mundo emocional y espiritual. Sanar las relaciones conflictivas. Explorar los propios temores, nuestro pasado, las relaciones íntimas, nuestra ira y sexualidad.
  • Incluir el arte como sendero espiritual que permite expresarnos, representar, sanar, honrar y santificar.
  • Vivir más allá del Yo, buscando la dimensión comunitaria y trascendente. Desarrollar las habilidades intuitivas, perceptivas, más que racionales.

Frente al desafío de crear una religión propia y atravesar las sombras al hundirnos en las profundidades de nuestro verdadero ser, Moore insiste en dejar un poco de lado el plano de la lógica racional para sumergirnos en nuestras percepciones. “En ellas reside la  verdad más genuina”, concluye.

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