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Cultura

4 julio, 2017

Tejer a la sombra de un baobab

En Ghana, decenas de tejedores –hombres, mujeres, niños– que habían quedado relegados del mundo del comercio por más de cuarenta años fabrican espléndidas cestas y canastos a cambio de un precio justo.


“No hay belleza en el mejor tejido si hay hambre e infelicidad”, dijo alguna vez Mahatma Gandhi, y esa misma idea fue la que adoptó Gregory MacCarthy (fundador de The Baba Tree Company) para estimular a los tejedores de Ghana a comercializar sus artesanías y obras a un precio razonable alrededor del mundo.

Desde 2012, los diseños nacidos del trabajo manual de los artesanos de Bolgatanga se comercializan sobre la base de un modelo de comercio justo que convierte a los trabajadores en socios dentro de una red de transformación global que despierta admiración.

“No somos un ‘proyecto’, ni una organización benéfica, ni una fundación o una organización no gubernamental (ONG). Aunque llevamos a cabo pequeños actos de caridad todos los días, estamos aquí, en Bolgatanga, para realizar negocios y hacer lo posible para capacitar a la gente con la que trabajamos a través del mercado abierto”, explica Gregory, un estadounidense que supo afincarse en el lugar, seducido al comienzo por los tambores y los percusionistas de la región, y que está hoy totalmente arraigado a la vida de Ghana, sus sonidos, sus costumbres y su colorido.

El atípico empresario continúa del otro lado del mundo: “No se trata de que la Baba Tree Company se oponga radicalmente a la ayuda y a la caridad”. Ellos consideran que por ese camino “la ayuda rara vez se lleva a cabo de manera honesta, eficiente y eficaz, lo cual crea una mayor disfunción”.

En el lugar, los maestros tejedores de Baba Tree cuidan con detalle la paja de las cestas, cubren con cemento sus dedos para evitar callos y lastimaduras, y se reúnen en asamblea para tomar decisiones. Sus productos se exportan a tiendas del mundo y comenzaron a aparecer en las revistas de diseño y moda más destacadas por combinar tradición con arte y belleza de manera inspiradora.

Entre los modelos, hay canastos para cargar en la bicicleta, para llevar ropa a lavar, para colgar al hombro o para decorar un ambiente, y también trabajo para todos porque incluso los niños colaboran fuera de las horas del colegio, tejiendo pequeñas cestas y óvalos diminutos. Por ese esfuerzo y esa entrega comunitaria, se agruparon formalmente en una empresa, y son cada vez mejor recompensados por un arte que incentiva su desarrollo personal, creativo y laboral.

Mientras tanto, siguen bailando; eso sí. Porque los habitantes de Bolgatanga expresan su entusiasmo con todo el cuerpo cada vez que salen a la calle a bailar, y esto ocurre seguido, como puede verse en los  coloridos videos que permite visitarlos a la distancia vía YouTube en babatree.com.

 

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