Sophia - Despliega el Alma

Vivir bien

21 junio, 2019

Pequeños placeres de invierno

Los días fríos nos regalan la posibilidad de recuperar la calma y la armonía necesarias para vibrar en consonancia con nuestros ritmos naturales. Pero pasar más tiempo adentro no significa dejar de disfrutar: te compartimos siete pequeños-grandes momentos invernales.


Empiezan los días más fríos del año y nos dan ganas de vivirlos puertas adentro, al cobijo de nuestra interioridad. Por eso, es momento de valorar los pequeños detalles y permitirnos esos gustos que hacen de nuestra vida una experiencia más rica a todo nivel. Levantar las barreras que nos impiden disfrutar de lo mínimo, agradecer, sentir el invierno en todo su esplendor, serán algunas de las claves para lograrlo.

¿Cómo empezar? Aprovechando la oportunidad de detenernos a pensar cómo estamos, qué nos gustaría cambiar y de qué manera nos relacionamos con aquello que nos sostiene y nos rodea: el mundo exterior, nuestro espíritu, nuestro cuerpo, los afectos, los aparatos electrónicos (de los que dependemos cada vez más) e, incluso, revisar cómo están funcionando nuestra energía vital y nuestra creatividad.


En el libro Cuatro placeres al día, ¡cómo mínimo! la psicóloga Evelyne Bissone Jeuffroy propone confeccionar una lista con aquellas cosas que disfrutamos hacer, para no desoír la necesidad de sentirnos vivos. «Estar en el placer es estar en la vida y en la alegría, apreciando conscientemente el instante presente. El placer al que me refiero aquí es el que depende de nuestras sensaciones y en el que hay que tomarse el tiempo de instalarse plenamente. Corresponde a un despertar que hace nacer la calma. Llega por medio de nuestros cinco sentidos: la vista, el oído, el olfato, el gusto y la sinestesia, que engloba el tacto y todas las sensaciones internas (viscerales) del cuerpo”, describe y para lograrlo aconseja algunos ejercicios puntuales y fáciles de realizar, como armar una lista de entre 20 y 30 cosas que realmente nos gusta –o nos gustaría– hacer y mirarla todos los días para realizar al menos cuatro de ellas, pero también escuchar al cuerpo y aprender a expresarnos más y mejor. «Todas las emociones se deben atravesar, incluso las negativas. No se debe huir de ellas, porque eso genera mayor angustia», explica la terapueta.

También es momento de buscar la campera más abrigada de nuestro guardarropas para salir al mundo y respirar lo más hondo que podamos. ¿Hay algo más lindo que exhalar luego con fuerza, en ese juego siempre vigente de sacar humo caliente por la boca y frotarnos con él las manos?

El sol tibio ofrendará instantes de tibieza durante las caminatas improvisadas entre los árboles ya sin hojas, gigantes dormidos ante la promesa del reverdecer…

Es que este es el tiempo en que la naturaleza descansa, juntando toda la fuerza necesaria para dar después sus mejores frutos y nosotros, los seres humanos, no estamos exentos de ese movimiento. Por eso, también puede ser la oportunidad (más en un año electoral) para reflexionar acerca de los espacios que queremos ayudar a construir de acá en más. Pensarnos junto a otros al calor de un fogón imaginario donde sentarnos en comunión.

En esas mañanas heladas donde todo es escarcha, ¿no sería lindo, de pronto, ser un poco como los osos? Al igual que ellos el invierno nos transforma, llevándose un poco de nuestra vitalidad pero regalándonos, a su vez, infinidad de sensaciones agradables que podemos potenciar mientras saboreamos una rica sopa o una taza de té, acurrucándonos en casa.

Para no perdernos el milagro de estar vivos y disfrutar de la magia invernal, que nos atraviesa a todos de la mano de su sinfín de postales maravillosas, te regalamos este pequeño manual de uso con siete pequeños placeres para vivir, y no solo «pasar», el invierno

Allá vamos:

1. Arrancar con calma y amor

Quedarnos en la cama un poquito más que de costumbre es uno de los más grandes placeres invernales. Nada más lindo que remolonear y estirarnos al máximo entre las sábanas, para después preparar un desayuno bien caliente, con aromas que ayuden a despertar los sentidos, como el del café recién hecho. También es un buen momento para realizar actividades puertas adentro: ordenar, donar aquello que ya no usamos y darle un nuevo sentido a nuestros espacios, es un regalo que siempre nos podemos dar. O regalarnos a otros preparando una vianda caliente y consiguiendo alguna manta para quienes están en situación de calle. De hecho, este sábado 22 de junio tendrá lugar la colecta Dar es Dar Abriga la Ciudad en distintos puntos de Buenos Aires ( www.daresdar.org).

2. Reír y abrazar: conectar con los seres queridos

«Advertir la vida mientras se vive, alcanzar a vislumbrar su implacable grandeza, disfrutar del tiempo y de las personas que lo habitan, celebrar la vida y el sueño de vivir, ése es su arte«, describe el escritor Doménico Cieri Estrada, autor de Tómese su tiempo. La propuesta es tan conocida como efectiva: aprovechar la oportunidad de «estar» realmente con los otros siempre es un bálsamo. Brindarnos enteros, reír con fuerza, fundirnos en abrazos que derritan todos los hielos (incluso el del corazón).


“En las profundidades del invierno finalmente aprendí que en mi interior habitaba un verano invencible”

Albert Camus

3. Salir al mundo

Es verdad que las bondades de la calefacción resultan tentadoras a la hora de abandonar los planes al aire libre, pero ¿cómo perdernos la espectacular experiencia de sentir la caricia del viento fresco en la cara? Siempre hay buenas opciones, como caminar o andar en bicicleta. Y aunque ponernos en marcha en invierno a veces da un poco de pereza, una vez que entramos en el ritmo de calor que proporciona el movimiento, el disfrute será enorme. Al volver, una ducha caliente ayudará a ahuyentar el frío y percibir el placer de lo vivido durante el trayecto.

4. Leer, reflexionar, mirar

No debe haber plan mejor en invierno que encender una chimenea y pasar un rato viendo y escuchando cómo las chispas hacen de las suyas entre las llamas. Pero una vieja y querida estufa eléctrica o a gas también ayudará a crear el clima ideal para pasar un rato al calor de los propios pensamientos (¡no es mala idea tomar nota de ellos!), o atender las ideas y experiencias que nos regalan amorosamente otros: un libro, una película, un show musical o una serie pueden transportarnos hasta rincones olvidados del alma y tocar una fibra íntima que nos ayude a florecer.

5. Cocinar platos suculentos

La vida es una combinación de magia y pasta”, dijo alguna vez el director italiano Federico Fellini. Y podríamos agregar que es en el compartir esa magia donde reside el verdadero sabor de todas las cosas. No hay mejor viaje sensorial que dejarnos llevar por la combinación de sabores y aromas, jugando a descubrir nuevas formas de cocinar y comer. Nada de escatimar calorías porque sí: para hacer frente al frío el cuerpo requiere mayores aportes nutricionales. Para quienes busquen nuevas ideas y recetas caseras, pueden revisar las propuestas que la cocinera Pía Fendrik elaboró especialmente para Sophia haciendo clic acá.

6. Contemplar cómo caen la lluvia, la nieve y cómo se oculta el sol al atardecer…

Observar la forma en la que el cielo «suelta» sus propios recursos para facilitar la vida nos puede ayudar a pensar en aquello que debemos dejar atrás para emprender un nuevo tiempo, dándonos la posibilidad de prepararnos para renacer. Comenzar a andar un camino más desapegado, soltando miedos, rencores y carencias, es una tarea cotidiana en cada una de las estaciones de nuestra vida que vale especialmente para esta temporada de frío y recogimiento. Reconocer aquello que nos pesa es el primer paso para empezar.

“¡Hola invierno! Mi corazón es cálido y está listo para disfrutar tu toque fresco y amoroso de belleza y esplendor”

Debasish Mridha

7. Plantar nuevas semillas

«El roble duerme en la bellota; el ave espera en el huevo… Los anhelos son las semillas de la realidad«, escribió el poeta inglés James Allen. El ejercicio vale para todas las criaturas que habitamos la Tierra: ¿dónde quedó el recuerdo de ese primer latido que nos hizo parte de un todo? ¿dónde albergamos el germen dormido de nuestra mayor esperanza? A la espera de crecer y madurar, cada vez un poquito más, vamos caminando sin más certeza que la de sabernos vivos en este preciso momento. No mayor placer más pequeño y más que celebrarlo.

Sol de Invierno 

Es mediodía. Un parque.
Invierno. Blancas sendas;
simétricos montículos
y ramas esqueléticas.
Bajo el invernadero,
naranjos en maceta,
y en su tonel, pintado
de verde, la palmera.
Un viejecillo dice,
para su capa vieja:
«¡El sol, esta hermosura
de sol!…» Los niños juegan.
El agua de la fuente
resbala, corre y sueña
lamiendo, casi muda,
la verdinosa piedra.

Antonio Machado

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