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Mitología

14 mayo, 2014

Selene, o la luna enamorada


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La mitología hoy. La mitología es algo vivo, un modo de aproximación a las inquietudes más profundas de la humanidad. Es un proceso siempre abierto y actual; un acontecimiento sagrado en continua reelaboración. Por Laura Ponce*

A Selene suelen representarla como una mujer pálida y hermosa, de cabello largo y plateado, que recorre el cielo en un carruaje tirado por bueyes blancos. Se dice que fue miembro de los Titanes, aquellos dioses que vinieron antes de los doce dioses olímpicos. Su padre fue Hiperión y su madre, Tea. Era hermana de Helios, el dios etrusco del sol, y de Eos, también nombrada Aurora, la diosa del amanecer. Los romanos la llamaron Luna.

En estos tiempos antiguos, el Sol y la Luna se consideraban entidades igualmente poderosas, y la Luna estaba asociada a lo femenino, a la fuerza vital de sus ciclos, a la intuición y la maternidad.

A través del tiempo, a Selene se le conocieron muchos amores. De Zeus tuvo una hija, Pandia. En Arcadia fue amante del dios Pan, quien le había obsequiado los bueyes blancos que tiraban de su carruaje. Sin embargo, su romance más conocido la une a Endimión, un apuesto pastor de Caria.

La historia de su amor comienza así: todo ocurrió durante una noche de verano, en la cual, luego de cuidar sus rebaños, Endimión buscó refugio en una gruta en el monte Latmos para descansar. La noche era clara, y en el cielo Selene paseaba en su carruaje. La luz plateada entró en la cueva y, así, Selene pudo ver al joven dormido. En ese mismo instante se enamoró de él.

Fue entonces cuando descendió del cielo y se aproximó a él con delicadeza. Así, Endimión fue despertado por el roce de los labios de Selene y toda la caverna quedó iluminada por la luz plateada de la Luna. Endimión vio ante él a la diosa brillante, y entre los dos nació una gran pasión.

Aquella noche, le juró que siempre la esperaría.

Selene subió entonces a la morada de los dioses y le rogó a Zeus que le concediera a su amado la realización de un deseo, petición a la que el Señor del Olimpo accedió. Endimión, luego de meditarlo, pidió poder dormir en un sueño perpetuo, en el que estuviera a salvo del paso del tiempo y del que solo despertaría para recibir a Selene. Zeus cumplió su deseo.

Desde ese día, Selene visita a su amante dormido en la caverna del monte Latmos. De este amor nacieron cincuenta hijas, que representan los cincuenta meses lunares entre cada Olimpíada. Hay relatos que dicen que también tuvieron un hijo varón: Naxo, el héroe de la isla de Naxos.

Este mito permanece vivo y llega hasta hoy; incluso hay quien lee su continuidad en el cuento “La bella durmiente”, como si fuera su versión especular. Quizá se deba a que la historia de la dama que espera un beso para poder despertar no nació con Disney, sino que se originó en una antigua tradición oral. Eso es lo que pasa con los mitos: los pueblos los recrean y reconstruyen, los convocan y les dan un nuevo aspecto, a la espera de vivenciar lo que no puede ser comprendido, como la promesa del despertar…

*Escritora, especialista en mitología y ciencia ficción.

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