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28 junio, 2017 | Por

Rosaura: vivir para crear

Frente a una vivencia difícil, las amigas Agustina Giorgio y Francisca Hollmann crearon una marca que primero fue un bálsamo para el alma, y luego el lugar donde las cosas lindas se encuentran y dan vida a sueños propios y ajenos. ¡Descubrí su inspiradora historia!


Agustina y Francisca dieron a luz a Rosaura, una tienda a puro amor y sentido.

En 2012, Agustina Giorgio, una joven licenciada en Comunicación Comunitaria y mamá de Mora, en ese entonces bebé, recibió un duro revés: tenía un tumor cerebral. Su mundo dio un vuelco y, luego de la operación, decidió atravesar su recuperación desde otro lugar. Las prioridades cambiaron −cómo no−, pero no así los sueños. Con enorme entereza, enfocada en sus afectos y con la sonrisa amplia que la caracteriza intacta, sintió que era tiempo de renacer. Entonces, le pidió a Francisca Hollmann, su gran amiga desde la universidad, que le enseñara a coser mientras permanecía internada. Y con el alta médica, las dos se pusieron en marcha para celebrar la vida a pura creación. Así nació Rosaura, una muñeca que primero fue talismán y luego se volvió marca, despliegue de ideas y amor.

Agustina tiene 40 años y es mamá de Mora (6) y de Blas (1 y 7 meses). Francisca tiene 38 años y es mamá de Ema (10) y de Manuel (6). Ambas estudiaron Comunicación Social en la UBA, con orientación en Comunicación Comunitaria y trabajaron en diversos proyectos sociales. Hoy apuestan a crecer de la mano de Tienda Rosaura.

“Poco a poco fuimos creando objetos para que nuestros hijos tengan otra opción a las princesas y los hombres arañas, probando, metiéndolos en el lavarropas para ver si no se rompían y dándoselos a ellos para que hagan el mejor testeo de calidad del mercado: jugar sin parar. A partir de ahí nos encontramos semanalmente a tomar mate y a dar vida a nuestras Rosauras”, describe Agustina, totalmente repuesta de aquel duro trance, pero convencida que de la mano de las experiencias más difíciles, pueden nacer oportunidades increíbles. En su caso, nada más y nada menos que la de construir un emprendimiento propio, tan entrañable como su vínculo de amistad. Hablamos con ellas para conocer la inspiradora historia detrás de sus creaciones:

−A la distancia, ¿cuál creen que fue el punto de partida de sus Rosauras?

−Agustina: Rosaura nació de un deseo, el de curarme, y de poder empezar a coser. El momento exacto en el que todo comenzó fue a partir del encuentro entre amigas, Francisca y yo, juntas para acompañarnos. No fue algo comercial, sino terapéutico. Por lo tanto, el origen de Rosaura tiene un peso importante en nuestras vidas, porque ayudó a sanar una experiencia traumática y, a la vez, a crear. Esa vivencia nos fue dando tantas satisfacciones, que decidimos emprender un proyecto para compartir la experiencia Rosaura y creamos la tienda. En un mundo efímero, donde todo se desecha fácilmente, donde hay muchos objetos con poco sentimiento, pensamos en un proyecto donde cada una de las cosas que hiciéramos tuviera un valor. Para nosotras lo tuvo en su origen, desde su gestación lo vivimos así.

−¿Cómo se animaron a recorrer el desafío de emprender y cuál fue el espíritu a la hora de construir un camino propio?

−Francisca: Tal vez en un principio puede ser que nos haya pesado el tema de cómo una licenciada se va a dedicar a coser. Pero viviendo la experiencia de lo que implica nuestro trabajo hoy, somos conscientes de que emprender un proyecto personal implica, necesariamente, depositar mucha energía, muchos deseos, muchos sueños y dejar de lado las imposibilidades y las dificultades que existen en todas las esferas de la vida. No es que nuestros saberes anteriores quedaron borrados, sino que se sumaron saberes nuevos, de un hemisferio más emocional, vinculado a lo creativo.

Agustina: El espíritu que queremos reflejar es que cada uno de los productos tenga un sello distintivo al momento de regalárselo a alguien. Que el producto en sí mismo demuestre que la otra persona pensó en vos cuando lo compró, cuando nos ayudó a diseñarlo o cuando seleccionó ése entre otros.

La pequeña Mora creció jugando con las criaturas que cosía su mamá.

−Como madres y como profesionales, ¿cuál fue la gran inspiración?

−Agustina: Nuestra inspiración son nuestros hijos, porque ellos nos mueven a pensar juguetes nuevos, juegos nuevos, situaciones diferentes para crear espacios diversos, pero con materia prima noble, de calidad y simple, por sobre todas las cosas.

Francisca: Nos mueve pensar que en un mundo tecnológico, nuestros hijos son parte de eso, pero también que podemos mostrarles que hay otros juegos sin enchufes ni sonidos que despiertan su imaginación y que posiblemente sean los que ellos recordarán fuertemente cuando sean grandes, como nos ha pasado a nosotras.
Los géneros, las cintas, las texturas, los colores… ¡nos pierden! Diseñar una Rosaura para alguien es un desafío y un juego muy especial. Es pensar una síntesis de esa persona, de su esencia, de lo que trasmite. Por eso, cada creación uno es única, porque está hecha solo para esa persona. Ese desafío nos inspira: sentarnos junto a un pilón de géneros y empezar a combinarlos, ver cuál va con cuál, nos apasiona.

−Hoy que decidieron volcarse al emprendimiento por completo, ¿cuáles son los desafíos, los sueños y los aprendizajes?

−Agustina: El gran desafío es ser conscientes de que un emprendimiento no es un hobby. Este trabajo tiene una base armónica y emotiva, y otra más compleja y comprometida, no solo con el cliente, sino con la cadena que personas con las cuales nos vinculamos. Somos muy conscientes de la cadena de trabajo y quienes cosen para nosotras lo deben hacer en condiciones favorables. Reutilizamos géneros, porque eso repercute en el medio ambiente, pero también genera en nuestros hijos y en nuestros clientes consciencia sobre la importancia de discernir entre lo bueno y lo nuevo, lo usado y lo útil; mucho para pensar. En cuanto a los géneros que no usamos, los damos para que otros los utilicen y así continúen con el círculo.

Francisca: ¡Sueños tenemos miles! ¡Los sueños son lo que nos mueve! Soñamos con nuevos productos todo el tiempo. Con una experiencia Rosaura donde el acto de la compra esté más vinculado a la situación de llevar algo que va a perdurar en la vida de otra persona, más que comprar por comprar. Estamos soñando con generar habitaciones de chicos que tengan menos cosas, pero donde haya mucha armonía y amor.

−Se trata de un proyecto muy especial, que nació de la mano de un proceso complejo, como es la sanación física… ¿Qué pueden decirnos acerca de los obstáculos que se convierten en oportunidad?

−Agustina: Sin el gran obstáculo que me puso la vida por delante no hubiese nacido Rosaura. Dificultad/oportunidad es una gran dupla, porque permite crear de lo que parece no servir. Rosaura es eso, representa eso, de géneros en desuso, hacemos regalos únicos; de telas que alguien ya no quiere, diseñamos objetos queridos para que perduren. La costura pasa a ser la creación, la sanación y la proyección. Porque siempre hay más…

−Rosaura ya camina sola… ¿Hacia dónde les gustaría que vaya? ¿Y qué ha sido lo más gratificante hasta acá?

−Francisca: Apuntamos a seguir generando propuestas que perduren, con productos que nos ayuden a generar espacios de juego con nuestros hijos, que estimulen su creatividad y que nos inviten a pensar un regalo inspirado para otra persona. Nos gustaría que todos puedan vivenciar la experiencia de regalar pensando en alguien, más que comprar por comprar.

Agustina: Lo más gratificante es trabajar de lo que uno ama, redescubrir la alegría de los domingos y la belleza de los lunes, disfrutar los procesos de creación, aprender de lo desconocido y que las personas nos sigan eligiendo.

Descubrí la magia del mundo Rosaura en:

www.rosaura.com.ar
info@rosaura.com.ar
www.facebook.com/TiendaRosaura

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