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Sophia - Despliega el Alma

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Hijos

8 junio, 2018

Mi hijo se fue a vivir afuera

El nido queda vacío y la vida se comparte desde lejos. Testimonios de madres que atravesaron la difícil experiencia de soltar.


¿Finalmente se animó a partir? ¿Y estás desconsolada? Sí, sabemos lo que es. Porque aunque un hijo se vaya de casa en busca de sus sueños, cuando el momento llega nunca es fácil atravesarlo. Por más que una sepa que es necesario darle alas para que llegue lejos: el nido queda vacío y la cotidianidad compartida entra en una pausa que, quizás, dure para siempre.

Antes o después, todos los padres nos vemos obligados a enfrentar la misma realidad: los hijos crecen, y se van. Algunos se mantienen en el mismo barrio o, al menos, en la misma ciudad. Pero otros…

Otros se van bien lejos. A otro país, por ejemplo. A uno de nombre difícil que queda a un océano y varios mares de distancia. Pero no importa dónde estén, ni que no podamos hacerles llegar nuestros abrazos o sus comidas favorita en el día de sus cumpleaños. Lo que importa es saber que, a pesar de extrañarlos cada día, siempre seguiremos unidos a ellos por un lazo que traspasa límites geográficos y zonas horarias.

Hora de soltar

Dejar partir, de eso se trata. Porque algo es seguro: ellos son dueños de su destino y nosotros solo podremos acompañar desde lejos. Con todo el amor del mundo. Con visitas esporádicas y muchas llamadas por WhatsApp. Aunque el movimiento sea complejo y traiga aparejado un sinfìn de miedos (¿estará bien? ¿perderemos la confianza profunda que tuvimos alguna vez? ¿volverá a estar cerca?), siempre se puede aprender a hacerlo y a no sucumbir al destierro de las lágrimas y la nostalgia.

Para ayudarte a transitar este momento tan complejo, leé la nota completa haciendo clic acá donde te compartimos los testimonios de cuatro mujeres que un día vieron emigrar a sus hijos y salieron fortalecidas de la experiencia:

  • Laura Estrada: “Los extraño un montón, pero sé que se enriquecen”.
  • Mirta Torres: “Siento que me perdí un pedazo de su vida”.
  • Rosario Mantilla: “Aprendí a desarrollar otras maneras de comunicarme”.
  • Magdalena Paz: “Lloré dos años sin parar”.

Además, la palabra del especialista en vínculos Sergio Sinay, que siempre es una ayuda y también un bálsamo. Aprender a repensar aquello que nos pasa, ¡ese es el espíritu de Sophia! ¿Nos acompañás?

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