Sophia - Despliega el Alma

Reflexiones

13 noviembre, 2018

Lo femenino despierta el alma

¿Por qué nuestra cultura, al desvalorizar el rol de la mujer, no crece? ¿De qué manera el eros nos vincula mejor con el otro? ¿Cuáles son los valores femeninos que todos, mujeres y varones, debemos cultivar para integrarnos?


Lo dice Carl Gustav Jung y es algo que, en mayor o menor medida, todos sabemos: cada ser humano es único. Y aunque en ciertos ámbitos, como el laboral, se diga que nadie es irremplazable, la condición esencial es que cada uno de nosotros posee un valor singular e intransferible.

Por esto, deberíamos ser cuidadosos a la hora de generalizar”, opina nuestro columnista Bernardo Nante, doctor en filosofía, profesor y estudioso de la psicología, las ciencias orientales, la matemática y la economía.

¿Qué significa eso?

“La sabiduría de lo femenino es la que comprende que cada persona, cada animal, cada planta, cada piedra es un fenómeno para ser cuidado no solo con la cabeza sino también con el corazón”.

Bernardo Nante

El ser humano está en constante cambio y solo captamos una ínfima porción del otro teñida por nuestra propia mirada”, explica.

De acuerdo a la teoría de Jung, el proceso de crecimiento de la personalidad nos torna aún más singulares a partir de la apropiación de rasgos o caracteres universales. “La persona que crece es aquella que es cada vez más ‘sí misma’ y, sin embargo, comprende más al otro”, describe Nante.

Por eso, una cultura que desvaloriza lo femenino no puede avanzar.

Y la consecuencia de este mecanismo no es solo discriminar a la mujer (aunque es uno de sus rasgos más visibles), sino además quebrar el tejido que necesita de la integración de lo masculino y lo femenino.

La enseñanza de eros

¿Es posible a partir de todo esto deducir algún rasgo propio y fundamental de lo femenino?”, se pregunta Nante y responde que, para Jung, lo femenino se caracteriza por responder al eros, mientras que lo masculino responde al logos. “Dicho en pocas palabras, el eros es un principio de vinculación ‘por cercanía’; si se quiere, un ‘eros superior’”, señala.

Compadecerse, cuidar y amar lo concreto, lo singular, son tareas femeninas excelencia. Por el contrario, el logos de la masculinidad opera a la distancia y su característica fundamental es la racionalidad. “Cuando el logos no respeta el eros, se ve poseído por emociones y se torna en un saber frío y hasta desalmado”, revela nuestro columnista.

Para crecer, la cultura necesita de ambos.

¿Cuál es el camino?

La compasión. Valorar al prójimo y descubrir que, si bien es necesaria, la razón no tienen todas las respuestas. “Si comprendo y vivo la compasión por un ser concreto voy a poder acceder a un conocimiento universal que sea conducente, que sea ‘bueno’”, detalla Nante.

El amor, ese poderoso motor que nos da aliento para seguir.

En la búsqueda para que esa fuerza despierte y se desarrolle, no hay fórmulas ni recetas. Pero algo es cierto: tanto el varón como la mujer deben cuidar su interior y, sobre todo, nutrir el alma.

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