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Sabiduría

11 octubre, 2018

El llamado de lo salvaje

Hoy más que nunca conocemos los secretos del universo. Sin embargo, perdimos contacto íntimo con él y con la naturaleza. En la era tecnológica, ¿sigue viva en nosotros nuestra herencia indómita?


Gracias a los avances científicos y tecnológicos, hoy conocemos más que nunca sobre el universo, pero perdimos el vínculo íntimo con él, a pesar de que allí se encuentran nuestras raíces más profundas. En la era de los bits y las pantallas, de la virtualidad y el materialismo, ¿sigue viva en nosotros la herencia salvaje que llevamos impresa desde nuestros orígenes? Dice la académica y ambientalista Kathleen Dean Moore:

“Nada puede suprimir lo salvaje en nosotros. Lo que sí puede perderse es la conciencia de ello. Y esta es una pérdida importante”.

El alma indómita

¿En qué medida somos naturaleza y dónde la encontramos en nosotros mismos? El alma es nuestro “lugar salvaje” interior, la que guarda el terreno intrapsíquico menos conocido y nuestros mayores misterios. Es ese territorio donde viven nuestras emociones, nuestros impulsos, nuestras intuiciones y anhelos más profundos. “Dado que el alma humana es el núcleo esencial de nuestra naturaleza, entonces, cuando somos guiados por el alma, somos guiados por la naturaleza”, dice el psicólogo y guía de expediciones a áreas salvajes Bill Plotkin.

Los paisajes del alma

Para la escritora inglesa Mary Thompson Reynolds, existe una analogía entre los cinco paisajes que componen la Tierra y las cualidades esenciales del alma. A partir de su observación, delineó un mapa de los “cinco paisajes del alma”. Te contamos cuáles son:

EL DESIERTO. Con su desolación y su falta de cobijo, su escasez de recursos, le habla a la resiliencia profunda del alma, a su capacidad de esperar, de valerse con lo que tiene, de soportar la sed y las inclemencias.

EL BOSQUE. Le habla al misterio y a la magia que nos habitan.

LOS RÍOS Y LOS OCÉANOS. La vida se originó en el agua, y nuestras vidas individuales todavía están atravesadas por nuestro pasado marino (pasamos los primeros nueve meses suspendidos en líquido amniótico; nuestro cuerpo es en un 70% agua; lloramos y transpiramos agua salada).

LA MONTAÑA. Le habla al poder que reside en nosotros de crear el mundo de acuerdo con nuestros valores y aspiraciones más altas.

LA LLANURA. Es el lugar donde los animales van a pastar y tomar agua, el lugar donde los ríos se vuelven suaves arroyos, donde las personas echan raíces, siembran, se establecen, se encuentran a celebrar.

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