Sophia - Despliega el Alma

Tendencias

6 febrero, 2019

¿Qué podemos aprender de los viajes?

Viajar es mucho más que armar la valija y recorrer ciudades, museos, playas. Significa, antes que nada, reconectar con quienes somos y animarnos a sentir plenamente. Por eso, conviene estar atentos: la gran clave para vivir la experiencia en cuerpo y alma.


Viajar supone soltar el horizonte conocido para descubrir la vida desde otro lugar.

Los esperamos la mayor parte del año y, cuando llegan, suponen un sacudón vital. El movimiento es la condición: recorrer cientos de kilómetros para salir de la ruta conocida y cumplir con la hipnótica promesa de un merecido descanso. Sin embargo, en toda decisión viajera duerme un sueño secreto: ganar terreno y dejar algo atrás.

Reciclar, reciclarnos.

“Viajar es un ejercicio con consecuencias fatales para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de mente”.

Mark Twain

El tema ha sido retratado en miles de versiones y a través de diferentes miradas, pero puede encontrarse en todas ellas un punto común: al final, los viajes siempre nos modifican. ¿Un ejemplo? El cuento El evangelio según Marcos, de Jorge Luis Borges, donde un joven hombre de Buenos Aires (Baltasar Espinosa, 33 años) se consagra hacia su implacable destino durante una escapada al campo. Ni hace falta spoilear el final, se entiende: Baltasar ya nunca vuelve atrás.

Las road movies, madres de horas y horas de tramas en movimiento, supieron capitalizar a su favor aquello que tanto echamos de menos cuando no viajamos. Un espíritu del que muchas veces nos sentimos faltos y cuyo nombre conocemos bien: la libertad. Libertad para movernos, para conocer y conocernos.

¿Cómo hacer de los viajes verdaderos mapas con destino hacia nosotros mismos?

Los viajes implican un traslado en el tiempo, en el espacio, en la comida, en el aire, en la luz, en el olor, en las costumbres, en la gente, en el contacto, en la percepción del mundo. Alteran la conciencia”, describe la filósofa e historiadora colombiana Diana Uribe, en su serie de relatos La historia de los viajes. Es que, para ella, no viajamos solo por fuera, sino también por dentro: “Aparentemente es el cuerpo el que se desplaza, pero al hacerlo, el alma va con él. Por eso, cuando uno regresa de un viaje, el cuerpo llega pero el alma, llega al rato”.

En su libro Viajes, la periodista y escritora Beatriz Sarlo asegura que una vez que se emprenden, se convierten enseguida en un «salto de programa» y nos regalan algo imprevisto. «El salto de programa es la esencia misma del viaje: un shock que desordena lo previsible, rompe el cálculo y, de pronto, abre una grieta por donde aparece lo inesperado, incluso lo que no llegará nunca a comprenderse del todo. Desorden y golpe de fortuna«, escribe.

Sueños viajeros

¿Oportunidades con ticket de ida y vuelta hacia caminatas interminables y siestas largas? ¿O trayectos hacia el descubrimiento de nuevas potencialidades que nos son propias? ¿Las dos, quizás? Tal vez sea conveniente repasar algunas de las siguientes aristas y elegir el costado más conveniente que, para cada uno de nosotros, tiene el hecho de viajar: conocimiento, búsqueda de sentido, alejamiento, introspección, contemplación, disfrute, encuentro…

Algunas, apenas, de todas las que suele incluir un receso cualquiera.

“Nuestro destino nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas”.

Henry Miller

Pero no todos los viajes son tranquilos. De hecho, muchas parejas se separan durante las vacaciones (las cifras crecen año a año). También nacen durante esas cortas estadías lejos de casa ideas que, de pronto, nos modifican para siempre. El propósito de dejar un vínculo que no nos hace bien, patear el tablero de una determinada dinámica familiar, buscar un nuevo trabajo, elegir una nueva ciudad de residencia.

Todo viaje puede ser un desafío de autoconocimiento.

Descansar sin dejar de mirar

Existen algunas claves para aprovechar este tiempo al máximo, sin perder de vista que, en realidad, se trata de una oportunidad muchas veces única para tomarnos un respiro y simplemente dedicarnos a ver.

Desde siempre, los viajes fueron la forma de salir al mundo y llevar adelante nuevas conquistas. Hoy nos ofrecen, además, la posibilidad de aquietar nuestra mente y recolectar todas esas ideas que duermen en nosotros el resto del tiempo. La clave: capitalizar el ocio.

Agostina Fasanella, business coach y dierectora de Liderarte, considera que se trata de una época más que fértil para aprender. «La palabra vacaciones viene del latín vacans y significa estar vacante, libre, desocupado. Se supone que en las vacaciones llega por fin el tan esperado tiempo de hacer nada, o mejor dicho hacer lo que realmente nos gusta«.

¿Cómo lograrlo? «Tal vez la clave esté en aprender a aprender. Si estamos atentos, todo el tiempo tenemos posibilidades de aprendizaje. Un buen ejercicio que se puede hacer al final del día, durante la cena, es conversar sobre lo que aprendió cada uno ese día y tomarlo como un hábito para afianzar nuestros vínculos», señala.

Para Fasanella, el error más común es querer hacer todo lo postergado durante meses durante ese breve período de tiempo: salir, conocer, descansar, divertirnos, aquietarnos, pensar nuevas estrategias, sacar fotos y ser más activos que nunca en nuestras redes sociales… «Esta actitud, lejos de conectarnos con lo que es importante para nosotros, solo nos inyecta una urgencia innecesaria que lo que mayormente logra es que nos sintamos frustrados, alejándonos de la motivación que genera aprender algo que nos resulte relevante«.

Tips para viajes en cuerpo y alma

• Analizar si el tiempo de vacaciones y no vacaciones están, o no, muy desparejos. Es decir, si las vacaciones son 15 días al año y los 350 días restantes solo estamos esperando que lleguen las vacaciones, quizás haya que revisar o rediseñar algunas rutinas.

• A veces los viajes funcionan como un wake up call que nos invita a mirar aquello que en la vorágine de la cotidianeidad postergamos o no queremos ver. Es importante preguntarnos si lo que hacemos tiene sentido, para visualizar dónde estamos y adónde queremos llegar, armando un plan de acción que nos conduzca hacia donde buscamos.

• Aunque se trata de un período de inspiración en el cual se nos ocurren muchas cosas, no hace falta salir corriendo a llevarlas a cabo: basta con anotar las ideas que se nos van ocurriendo; ya habrá tiempo para ponerlas en práctica.

• Tal vez, lo mejor sea relajarnos y darnos el permiso de escucharnos, para saber qué fue lo que nos hizo felices en ese tiempo de descanso y hacer un “copy-paste” de esos momentos durante el año para no tener que esperar otra vez el próximo viaje.

*Asesoró Agostina Fasanella.

Leé también «El viaje del héroe: un mito para llegar a ser quien en verdad sos»

¿Te gustaría recibir notas como esta en tu e-mail?

Suscribite aquí y te las enviaremos a tu casilla todos los meses

Comentarios ()