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28 septiembre, 2017 | Por

¿Qué hay entre tu smartphone y vos?

Él es parte de tu mundo a tal punto, que muy pocas cosas ocurren sin pasar por el tamiz de su pantalla. El vínculo plantea algunos interrogantes y muchos desafíos. ¿Cómo hacer de tu teléfono un aliado a la hora de conexiones más humanas?


Argentina es de los países que más lo usan: hay un celular y medio por persona.

Un reciente estudio señala que lo primero que hace el 70% de los usuarios de smartphones cuando se levanta por la mañana es mirar su teléfono. Ni lavarse los dientes, ni mirar el cielo a través de la ventana, ni poner la pava a calentar. Se lo usa de despertador, de pregonero, de servicio meteorológico. Y de otras tantas cosas tiempo atrás impensadas: entrenador de gimnasia, celestino, termómetro, calendario menstrual… Atrás quedó la idea de que los celulares eran “apenas” teléfonos que servían para hablar y, a lo sumo, enviar algún que otro mensaje de texto.  Eran épocas en las que los aparatos dependían de nosotros y no nosotros de ellos.

Todo cambió. Los transeúntes los llevan ante sus ojos mientras andan, muchas veces al borde del accidente. Y también lo hacen quienes andan en bicicleta o conducen autos (un relevamiento rápido desde el balcón de Sophia: cada diez que pasan, cinco conductores lo llevan escondido bajo el volante). En el subte, decenas de dedos se deslizan por cristales con sistema touch y ponen “Me gusta” a todo: rostros sonrientes, atardeceres, niños, perros, playas, pedidos solidarios, frases inspiradoras, chistes y quejas de sus “amigos” de Facebook. Qué extraño: de pronto alguien que lleva un libro entre sus manos parece salido del vagón de la era pre-smartphonica. Yo misma, mientras escribo esta nota, no puedo resistir la tentación: mensaje nuevo del chat “Amigas”. Respondo con tres emoticones de aplausos. Y vuelvo. ¿En qué estaba?

Lo miro mucho, poquito… ¿nada? La disyuntiva de cuánto usarlo se impone.

Ser o no ser un conectado permanente

Este año, otra vez las ventas de aparatos en nuestro país vuelven a alcanzar números récord: se estima que solo durante 2017 se habrán adquirido en la Argentina un total de 10,4 millones de teléfonos inteligentes, lo que significa un aumento del 15,5 % con respecto a 2016. Distintos informes destacan además que la gente revisa su teléfono cada vez más veces por día, en un promedio que va de las 80 a las 150, aproximadamente. Frente a esas cifras, que levante la mano el que no sienta, cada tanto, que quizás debería darse un respiro tecnológico.

Smartphones: un poco de historia

El 3 de abril de 1973,​ Martín Cooper, directivo de Motorola, realizó la primera llamada desde un teléfono móvil por las calles de Nueva York. El suceso dio el puntapié inicial a un proceso que llevó varios años de investigación y modernización, en una carrera por crear versiones nuevas y mejoradas. En la Argentina, recién fue en 1989 cuando empezaron a funcionar los primeros “celulares”, como dieron en llamarse acá. Por aquellos años, eran artefactos que poco tenían que ver con las características que presentan hoy: solo servían para marcar números y llamar y por su gran porte y peso eran instalados en los autos, o se llevaban colgados al hombro. Los primeros modelos se hicieron populares como “la valija” y “el ladrillo”, en referencia a sus dimensiones y peso. Fue a mediados de los 90 que sus proporciones se redujeron y comenzaron a tener más y mejores herramientas. Hasta convertirse en esos teléfonos inteligentes que hoy nos desafían a repensar nuestras formas de conectarnos. 

La licenciada Laura Jurkowski, psicóloga y directora de Reconectarse (reconectarse.com.ar), un centro de tratamiento de adicción a las nuevas tecnologías, explica: “Los celulares dejaron de ser usados solo para hablar por teléfono y se convirtieron en herramientas sumamente útiles que, sin embargo, tienen sus perjuicios. Son facilitadores de muchas cosas, a través de accesos simples y rápidos. Y si bien fueron pensados para comunicarnos, vemos muchas veces que, paradójicamente, terminan generando poca comunicación con el otro y con el entorno”.

Por esa razón, Renata Altenfelder, directora de Marketing de Motorola para Latinoamérica, señala que hoy su compañía apunta a revalorizar el contacto de los usuarios con aquello que los rodea, a través de la campaña #HelloBaires, que se enmarca en una propuesta global que lleva el nombre de varias otras ciudades de Latinoamérica. “No estamos para juzgar cómo usa la tecnología cada persona. No hay un manual que explique cómo hacerlo, pero en nuestra compañía buscamos la manera de mostrar cuál es, para nosotros, la forma positiva de conectarse. Siempre podemos abrir los ojos, si tenemos claro que la tecnología puede mejorar la relación de las personas con otras personas y con su entorno, para adueñarse de la calle de una forma positiva, recuperando espacios y generando momentos de encuentro y disfrute”.

El fenómeno no es nuevo, pero los especialistas señalan que se encuentra en su máximo apogeo. Para la licenciada Jurkowski, forma parte del sistema de cambio de hábitos que trajeron aparejados los avances tecnológicos. “Antes usábamos un mapa o la guía Filcar para llegar hasta un lugar. Y para encontrar información recurríamos a una biblioteca. Hoy, al acceder a tantas cosas, tan rápidamente, existe la pretensión de que hay que resolver todo ya. Se acabó la paciencia y la ansiedad se potenció. Y creció la construcción de falsas identidades: muchos viven en función de la aceptación y de la mirada del otro, mostrando solo aquello que creen que les gustará a los demás”. 

Claro, porque la gente expone sus vidas en las redes sociales y la comparación con el otro, sobre todo para los mas jóvenes, se vuelve inevitable. “Se pierde de vista que lo que uno pone en los perfiles no es un reflejo de la vida, sino de la parte que uno quiere mostrar”, sostiene Jurkowski y reconoce que son cada vez más los pacientes que consultan por el mal uso del celular porque, según dicen, les interfiere con las demás áreas de su vida: distrae durante los momentos junto a otras personas; genera peleas con la pareja, los amigos o los hijos; dificulta la concentración en el trabajo o en el estudio.

Hay luz más allá de las pantallas

Entonces, ¿cómo reforzar la conexión humana más allá de la tecnología? Renata Altenfelder enfatiza que se puede usar la tecnología para reconectar con aquello que le resulta importante a cada uno. “Yo viajo mucho y mi teléfono es lo que me une con mis afectos cuando estoy lejos de casa y me permite ver lo que pasa en el país al que voy. Debemos hacer un balance personal, preguntándonos cuál sería un uso razonable para que tecnología nos ayude a mejorar nuestra vida. Se trata de encontrar el equilibrio y de saber cuáles son los beneficios que tiene para cada uno de nosotros. La gente siente mucha culpa, en los dos sentidos: por estar conectado y por no estarlo”, describe.

Tener registro de nuestras acciones es la sugerencia de la licenciada Jurkowski porque, según explica, todos creemos que usamos nuestro smartphone menos de lo que en verdad lo usamos. “Siempre podemos proponernos momentos libres de celular para reforzar espacios de encuentro con nuestros afectos y estar sin que nada interfiera: leer un libro de papel, pisar el pasto, mirar sin sacar fotos, ir a un recital en vez de verlo por Youtube… Somos la ultima generación analógica y, de alguna manera, tenemos la responsabilidad de transmitirle a la generación digital que también existen otras maneras, lejos de la compu y del teléfono”, concluye la psicóloga.

Y es que, como bien dice Renata, quien representa a la compañía que creó el primer teléfono móvil hace 44 años (¿quién no recuerda la “valija” o el “ladrillo” de Motorola?), “al final, lo que todos los seres humanos buscamos es conectarnos, ser parte de algo y acercar aquello que está lejos, porque eso es lo que nos hace felices”.

¡Al grito de selfie! ¿Qué sería de este tipo de tomas sin los smartphones?

Leé también “FOMO: El síndrome de no querer perderse nada”.

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