Última Edición

Sophia - Despliega el Alma

  • Seguinos

Hijos

28 febrero, 2018

Preparando la vuelta al cole, entre enojos y fastidio

¿Qué podemos hacer para que aprender no sea una tortura? ¿Cómo los acompañamos en ese camino siempre desafiante que es adquirir nuevas habilidades? Una guía para padres dispuestos a armar con sus hijos un gran equipo, destinado a fomentar el entusiasmo y la confianza.


Por Licenciada Mariana de Anquin*

Se aproxima el final de las vacaciones, entonces pensás que invitar a los niños a leer, escribir y resolver un problema para repasar un poco es una buena idea, sobre todo si tu hijo tuvo un año escolar cuesta arriba.

Pero basta con que sugieras tu maravillosa idea para que el niño desate una catarata de enojos, quejas y fastidio total. A veces con solo nombrar la palabra “escuela”, o ver los útiles escolares en las vidrieras anticipando “la vuelta al cole” alcanza para que el rostro alegre de nuestro niño se transforme en una mueca dolor y espanto.
¿Por qué algunos se enojan tanto a la hora de practicar, repasar o simplemente conectar con el tema? ¿Por qué les sucede lo mismo cada vez? ¿Qué podemos hacer para que aprender deje de ser una tortura?

Lo primero que tenemos que saber es que el cerebro de todos los niños está diseñado para aprender. Aprender es una función primordial del cerebro, por eso cuenta con todo lo necesario para hacerlo sin esfuerzo. Sin embargo, muchos niños frente a situaciones de aprendizaje puramente escolares, pueden actuar como si el interruptor de aprendizajes de su cerebro estuviese en modo off. Se muestran muy resistentes, fastidiosos e incluso enojados a la hora de realizar tareas tan placenteras como leer un cuento, escribir una idea o sumar sus ahorros y calcular qué pueden comprar.

¿Por qué algunos se enojan tanto a la hora de practicar, repasar o simplemente conectar con el tema? ¿Por qué les sucede lo mismo cada vez? ¿Qué podemos hacer para que aprender deje de ser una tortura?

Para comprender por qué el enojo es la respuesta actual de tu hijo, tenés que saber algo: el enojo es un mecanismo de defensa. Si el niño está a la defensiva es porque tiene miedo, se siente asustado ¿Miedo de qué? Miedo de no ser capaz, de no ser inteligente; miedo a fallar y a ser rechazado. Son miedos que hablan de una sensación de incompetencia. Muchas veces ese enojo, esa resistencia a sentarse a ejercitar, es una clara señal de que no se sienten capaces de hacerlo bien. La tarea presentada es un desafío muy grande para su nivel de competencia actual. Como cualquier persona, ellos no quieren realizar aquello que aún no les sale con facilidad.

Te propongo algunas pistas para ayudarlos:

1. Generá un momento de descarga física

Una de las peores cosas que un niño puede hacer es enojarse con él mismo. El enojo sólo le sirve para encerrarse más rígidamente dentro de ese pensamiento negativo y fatalista: “Nunca podré leer bien” o “No soy inteligente”.

No dejes que se trague el enojo ni esas creencias tan limitantes acerca de su capacidad. Hay muchos métodos para liberar positivamente el enojo. Cuando lo notes alterado, invitalo a participar del “momento de descarga: fuera furia”. Algunas ideas: golpear un saco, picar una pelota, bailar como loco, reventar las burbujas del plástico de embalar, practicar un deporte, rayar con colores una gran hoja. Lo que se te ocurra para que pueda liberar la rabia, la frustración y el enojo que quedaron atrapadas en su cuerpo y en su mente.

Recordá que para llenarse de alegría primero tiene que vaciarse de miedos y enojos. Es importante liberar estas emociones para luego encender el interruptor de aprendizajes.

2. Dejá de darle el mismo ejercicio una y otra vez

Pedirle a un niño que haga algo que aún no puede hacer, no permite que lo logre. Si pudiese hacerlo, encantado lo haría. Así que insistir en eso no va a funcionar, ya que lo único que aprenderá es que “no puede hacerlo”. Entonces, dejá de darle el mismo ejercicio una y otra vez.

3. Comenzá con lo que el niño ya sabe hacer bien

Una vez que superamos la tentación de intentar que haga lo que no puede hacer, nos detendremos a observar lo que el niño sí puede. Su habilidad actual es nuestro punto de partida y vale recordar que es “su” habilidad actual y no “la” habilidad actual del resto de los niños la que nos indica la orientación a seguir. Una manera de ir de la inhabilidad hacia la habilidad, es partir de sus logros. No le digas qué fue lo que hizo mal; elogialo por el esfuerzo que puso, por lo que hizo bien. Recompensalo con un gesto, levantale el ánimo, de manera que la próxima vez que lo haga se sienta realmente bien por hacerlo. Cada vez le saldrá mejor, y mejor, y mejor. Y pronto tendrá una habilidad nueva.

4. Hacé equipo con él

La próxima vez que haga algo nuevo o diferente, algo que apenas está aprendiendo, intentá ponerte de su parte. Mostrale que estás de su lado, decile cosas como: “Nosotros venceremos a la maldita distracción “,”Contamos con un escudo anti-palabras difíciles, ellas no van a detener nuestra lectura”, “Juntos liquidaremos a esta atrevida multiplicación “, “Juntemos nuestras cabezas para activar el poder de nuestros súper cerebros”.

Cuando hacés equipo con tu hijo aumentás su confianza y encendés el entusiasmo en él. El entusiasmo ilumina el cerebro, lo que ayuda a marcar el comienzo de los cambios. El entusiasmo ayuda a hacer posible lo imposible. ¡Tené en cuenta que para él es grandioso hacer equipo con vos !

5. Recordá que, para aprender algo nuevo el cerebro, necesita hacerlo “despacito”

Tu apuro sólo sirve para bloquear su aprendizaje. Tu niño está haciendo lo mejor que puede hacer en este momento. Si supiera más y tuviera más habilidades y confianza, entonces haría las cosas más rápido.

Pero sólo podemos hacer rápido lo que ya sabemos, así que no hay que apurarlo. Así es como funciona el cerebro. Activá tu paciencia y bajá el rimo. Sé paciente. Desde el momento en que decidas ayudarlo a hacer un cambio en sus aprendizajes hasta que éste se manifieste, es probable que pase un tiempo. En ese proceso, tu hijo puede vacilar entre la actitud quejosa y la nueva actitud entusiasta. No te enojes con él por eso. Lo que deseás es ayudarlo, no demoler su confianza. Si te enojas, recordá que también vos podés tener tu momento de descarga. ¡A todos los padres nos pasa, todo el tiempo! Volvé a empezar. ¡Y recordá siempre que juntos son el mejor equipo!

Con todo mi cariño para vos y tu niño, Mariana.

* Mariana de Anquin es Licenciada en Psicopedagogía, autora del libro “Niños Brillantes ¡Todos lo son!” y co-autora de “Aprendizajes Amigables al Corazón”. Podés leer sus textos en marianadeanquin.blogspot.com.ar

¿Te gustaría recibir notas como esta en tu e-mail?

Suscribite aquí y te las enviaremos a tu casilla todos los meses

Comentarios ()