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Blog: Desde Miami

27 marzo, 2015

Volver a empezar, una y otra vez

Volver a la universidad embarazada de su segundo hijo, es el desafío que asume nuestra bloguera lejos de su tierra natal. Feliz de poder escuchar los sonidos del eterno recomenzar de la vida...

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Querida lectora,

Estuve unos días de vacaciones y me tomó un tiempo reorganizarme y reencontrarme con la hoja en blanco, ese recomenzar. Pero siempre agradecida de tener este espacio con vos, con la escritura y con mis distintas aventuras en Miami.

Hoy quiero contarte sobre una nueva experiencia que estoy viviendo. Por primera vez, después de ocho años acá y entrando en el séptimo mes de embarazo de mi segundo hijo, decidí estudiar en Estados Unidos. Entonces empecé un curso en la Universidad de Miami, cuya primera etapa dura un año (con posibilidad a extenderse a cuatro años más), para convertirme en una Coach Profesional certificada por la International Coach Federation.

Ante mí, se me abrieron un sinfín de preguntas: ¿Volver a la universidad a los 36?  ¿Estudiar en una nueva cultura, en inglés? ¿Cómo será hacer gran parte del curso online?

La primera sensación que tuve caminando por el campus de la Universidad, fue relacionada al espacio. “Si los americanos con los que curso conocieran el tamaño del edificio de mi querida Universidad de Argentina, se sorprenderían”, fue lo primero que pensé. No quiero asumir nada erróneo, pero creo que están acostumbrados a otros tamaños. Enseguida lo comentamos con Guille, una amiga argentina con quien coincidimos en el curso.

Una imagen de la moderna UM, la Universidad de Miami:

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El 80% de las clases son online. Pero ni siquiera con una computadora, sino con el teléfono. Debo confesar que al principio sentí una gran resistencia y un poco de desconfianza cuando me enteré que usaban esa modalidad. Aunque como trabajo en reclutamiento de personal y entrevisto a muchos candidatos que hicieron sus estudios de esa manera, ya me resultaba más familiar.

Sin embargo, otra vez la vida me sorprende: uno realmente puede tener clases online, armar un grupo de estudio, seguir atentamente a al profesor que da la clase, tener un compañero de estudio. Y todo, simplemente, por teléfono. Para agregar, la clase es una sesión que realmente me transporta a otro lugar, a un verdadero lugar de aprendizaje.

La nueva lección que estoy aprendiendo, a través de cursar y hacer las prácticas por medio de esta modalidad telefónica, es aprender a estar presente, en quietud. Puedo estar físicamente en una clase y sin embargo no estar. O hay quienes pueden estar a una distancia a miles de kilómetros (la mayoría de los profesores están en otros estados, como Colorado o Los Ángeles) y sin embargo estar muy presente, tanto que se siente el peso de su presencia a través de un teléfono, junto con el de los otros veinte compañeros conectados.

Llegamos a tema del coaching. ¿Qué es ser un coach? Bueno, yo creo que todos llevamos un coach dentro. Para entenderlo mejor, te cuento lo que no es ser un coach: no es terapia, no es consultoría, no es dar consejos al otro (salvo excepciones), no es ser un experto en la industria, no es una persona que determina qué es lo mejor para el coachee (la persona que está recibiendo el coaching). Es ser un socio, formar un equipo, convertirse en un partner del coachee acompañándolo en un proceso de buscar las respuestas que ya están dentro de él, a través de preguntas y afirmaciones que lo vayan guiando.

Como lo dice claramente nuestra querida Dorothy, en El Mago de Oz:

Si alguna vez salgo en busca de los deseos de mi corazón, no voy a mirar más lejos que mi propio patio/jardín. Porque está ahí, y para empezar nunca lo había perdido realmente”.

¿Por qué me decidí a estudiar coaching? Porque ya elijo desde otro lugar. Ya hice mi primer carrera universitaria a los 18 años, pero mucho cambió desde entonces. Es como un volver a elegir una vocación, después de darme cuenta que trabajar en entornos de negocios, con empresas, pero con un enfoque en las personas, es lo que más me interesa. Es querer encontrar herramientas para intentar ayudarme y ayudar desde otro lugar. Es no querer quedarme quieta, sino seguir buscando en la vida: proyectos, nuevos sueños, otros desafíos que recorrer.

¿Sabés por qué la mayoría del curso es online, por teléfono y sin imagen? Para desarrollar el difícil hábito de escuchar. Para aprender el arte de escuchar al otro. Cuando hay imagen, nos podemos distraer por lo que vemos, pero tanto como en la música y la radio, en el coaching tenemos que aprender a escuchar lo que el otro está diciendo y lo que quiere decir con lo que está diciendo. El tono de su voz, los acentos, las subas y bajas de energía, la emoción de su voz, las pausas, los silencios….todo tiene valor y está comunicando algo de la persona que tenemos frente a nosotros.

Todo esto me hizo pensar la cantidad de obstáculos que hay hoy en mi escucha, mientras el otro me habla. Te comparto algunos:

1. El multi tasking: o estar haciendo dos o más cosas a la vez.
2. Los medios tecnológicos: estar chequeando el teléfono para ver el próximo mail maravilloso o el whatsapp que me va a llegar.
3. El estar pensando en qué voy a hacer de comer o qué es lo próximo que tengo que hacer.
4. El estar pensando la respuesta o el consejo que le quiero dar a partir de lo que me está diciendo.
5. La excusa de la falta de tiempo.
6. La falta de un espacio adecuado para escuchar al otro, sin interrupciones externas.
7. Los pensamientos y el diálogo interno paralelo.

Todo esto hablando de escuchar realmente a otro. ¿Y qué pasa cuando tengo obstáculos para escucharme a mí misma? Lo que realmente me estoy dando cuenta es de la falta de espacios vacíos, en silencio, para escucharme.

No hace muchos años, era el acceso a la información y el movimiento lo que parecían nuestro mayor lujo. Hoy en día es generalmente la liberación de la necesidad de información, la posibilidad de estar quietos, lo que parece el mayor premio”, Pico Iyer, The Virtue of Stillness.

De vuelta a clase, desde un lugar distinto, en un país distinto y a través de un medio diferente. También me hace pensar en la belleza que hay en estudiar. Sobre todo por teléfono (online, como le dicen), porque cualquier persona, de cualquier parte del mundo, puede acceder al conocimiento desde cualquier parte del planeta.

Queda un largo camino por recorrer. En el medio, si todo sale bien, voy a parir a mi segundo hijo. Espero tener el oído más afinado en ese entonces para escuchar su nacimiento y los primeros sonidos de su bienvenida a este mundo.

De hecho, un profesor nos habló de la escucha atenta a los hijos, de cuán presentes estamos cuando estamos con ellos. ¿Intentamos ponernos en sus zapatos y ver el mundo desde su perspectiva?

Te dejo la pregunta y te doy las gracias por estar. ¡Hasta la próxima!

Pero antes de despedirnos, este regalo que crece en un patio de la Universidad…

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