Última Edición

Sophia - Despliega el Alma

  • Seguinos

Blog: Desde Miami

7 noviembre, 2014

Vivir en el país de la sobreabundancia

“Cada vez necesito menos cosas, y las pocas que necesito, las necesito muy poco”.

San Francisco de Asís.

Cuando llegué a vivir a Estados Unidos, hace ocho años, mi ropero era muy chico. De hecho, cabía en la valija que traje cuando me mudé. A medida que pasaron los años, fue creciendo: duplicándose, triplicándose, cuadriplicándose… (mejor no sigo porque me da vergüenza). Tardé, y me sigue costando todavía, darme cuenta de que había caído en una trampa. La trampa de comprar sin realmente necesitar. La trampa de comprar sólo porque es barato, para tapar alguna nostalgia o porque hay tantas opciones, colores, modelos diferentes que parece que uno los tuviera que tener todos.

Y sí, este país tiene cosas increíbles, que realmente admiro, y también tiene esta otra cara: la de la sobreabundancia, la sobreoferta, la de inventar necesidades, marketinearlas y que se conviertan en modas. Me siento injusta, generalizando y adjudicándoselo al país, porque -como en todo- uno puede elegir cómo quiere vivir y además hay mucha gente en Estados Unidos que elige hacerlo de otra manera. Sin embargo, hay una parte de la cultura y de la identidad de este país que empuja al consumo.

Lo primero que me impactó cuando llegué fue esta imagen:

miami2

Con todo mi respeto por los perros, y luego de haber crecido 28 años rodeada por ellos, siento que la naturaleza les dio 4 patas… para andar. Me costó acostumbrarme a vivir en una ciudad donde algunos perros sanos pasean en cochecito. ¿Era tal la abundancia que había en este país que había dinero para comprarle un cochecito con sombrilla a un perro? En mi casa de origen, los gastos en mascotas incluían la comida, el veterinario y algún hueso o juguete y ellos se la pasaban felices corriendo por el jardín. Pero no era un tema de dinero: un cochecito no tiene un precio prohibitivo, sino de necesidad. Por un lado, la necesidad inherente a la manutención del perro, como su alimento y atención veterinaria; por otro, la necesidad creada por la sobreabundancia de cochecitos, peluquerías, spas, hoteles y todo tipo de parafernalia para perros y otro tipo de otras mascotas. En el link que va debajo te dejo los 99 productos que figuran com opciones diferentes de cochecitos que venden en la tienda/supermercado de perros llamada: petsupermarket.com

Un lugar que enseguida me llamó la atención en este país:

miami3-new

Las farmacias, como la conocida Walgreens, son grandes centros comerciales disfrazados de farmacias. Olvidate de entrar a comprar una aspirina y no salir con dos cepillos para el pelo porque estaban 2×1; un pack de coca-cola porque si comprabas 1, la segunda quedaba al 50% de su valor; un juguete para llevar al cumpleaños de la próxima semana; una planchita de pelo que estaba en descuento si tenés la tarjeta de crédito de Walgreens; etc. Ah sí, porque acá la mayoría de los comercios de grandes cadenas te permiten tener tarjetas de crédito del local para que compres ahí u en otro lugares y recibas beneficios adicionales por gastar.

Otra imagen que no puedo dejar de destacar:

miami4

Este es el correo de mi casa después de 2 semanas sin abrirlo. Ofertas y descuentos de todo tipo, catálogos de ropa de marcas a las que nunca me suscribí, tarjetas de crédito de distintos bancos listas para ser activadas, entre otros. Más de lo que puedo procesar: lo miro rápido y descarto casi todo a la basura. Por dar un ejemplo, ¿creen que Crate and Barrel me dejó de mandar descuentos para comprar online o en su local, cuando en más de cuatro años de recibir su correo jamás los usé? No, no le importa a nadie; me los siguen mandando y gastando plata y papel. Las reglas del marketing de la abundancia.

miami5

Me acuerdo que la primera vez que fui a comprar un jean a Gap salí mareada. Mirá la imagen debajo de gap.com. Hay 8 modelos diferentes de jean de mujer. Como dice Barry Schwartz, el reconocido psicólogo que escribió el libro “The paradox of choice: why more is less (La paradoja de tener opciones: por qué más es menos)”, el hecho de tener tantas opciones, de vivir en un país que ofrece todo, puede parecer muy liberador, puede hacerte creer que tenés capacidad de elegir, pero también puede ser muy estresante porque te hace dudar sobre si la elección que tomaste fue la correcta o no; o hacerte sentir insatisfecho porque siempre hay más opciones. ¿No era más lindo cuando nos conformábamos con lo que teníamos, sin saber que había tantas opciones con las que comparar?

miami6-new

Y aunque este ejemplo de sobreabundacia todavía no me pega de cerca, porque mi hija es chiquita, me enteré de la historia relacionada a la famosa muñeca llamada American Girl y te la quiero compartir, porque creo que refleja parte de “la cultura americana”, como su nombre lo indica. Es una muñeca que cuesta alrededor de 120 dólares. Un cochecito para la muñeca vale unos 60 dólares, la bañadera 40 y la cuna 145. Además están todos los accesorios de ropa: para hacer deportes, para ir al colegio, etc. Podés ver el link: www.americangirl.com. Acá se puso de moda y pareciera que todas la chicas de 3 a 10 años tienen que tener su American Girl. Incluso me enteré que se festejan cumpleaños donde cada una tiene que llevar a su American Girl. Mmmm. Algo que caracteriza a esta muñeca es que favorece a la cultura de “mini- me” o “pequeño yo”, porque por unos dólares más tenés la opción de personalizarla para que sean parecidas a sus dueñas. Además, puede ir al “doll doctor” o médico de muñecas (hay que enviarla por correo a una dirección de la compañía que las produce) y ponerse aritos por 14 dólares. Me contó una amiga que el fin de semana pasado fue de viaje a New York con su familia, entraron al local de American Girl de la 5ta Avenida, y vio en la caja a una mujer que gastó 2.200 dólares sólo en ropa para la muñeca de su hija. Te dejo una imagen que vale más que 100 palabras:

miami7

Mi idea no es hacer una crítica o una denuncia a la cultura de este país, al que siempre le estaré agradecida, sino simplemente compartir el gran desafío que tengo todos los días por delante, tratando de estar consciente de elegir cómo quiero vivir y educar a mi hija dentro de una cultura de sobreabundancia. Porque no hace falta tener mucho dinero para acceder a tantas cosas acá. Ahí está el otro truco. Todos podemos endeudarnos, tomar crédito para casi todo, y acceder a opciones interminables.

El famoso psicólogo Anthony de Mello usaba la palabra “bastantidad”, un concepto que usaba para definir el estilo de pensamiento de personas emocionalmente fuertes. La “bastantidad” consiste en darse cuenta de que los seres humanos necesitamos muy poco para estar bien. Es aprender a decirnos “ya tengo bastante en cada momento de mi vida”. En cambio, lo que nos pasa muchas veces, es caer víctimas de una especie de insaciabilidad mental. Y como dice Rafael Santandreu, en su libro “Las Gafas de la felicidad”, no es sólo la “bastantidad” material a la que se refiere de Mello, sino a la inmaterial. En occidente somos insaciables también en referencia a las virtudes, los amigos, la extraversión, el entretenimiento, la pasión vital, la libertad, la necesidad de respeto, entre tantas otras cosas. Es decir, muchas veces enfermamos más por exigirnos bienes inmateriales que por dinero, autos o inmuebles. Es que si entramos en la dinámica de la insaciabilidad, tras satisfacer una de esas exigencias, vendrá otra y luego otra, en un bucle sin fin. Ninguna de ellas, por virtuosa que parezca, cabe en la mente de una persona fuerte.
Hete aquí el gran camino para el aprendizaje: vivir el “Ya tengo bastante, tanto material como inmaterial”.

¿Te gustaría recibir notas como esta en tu e-mail?

Suscribite aquí y te las enviaremos a tu casilla todos los meses

Comentarios ()