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Blog: Desde Madrid

14 Abril, 2017

Un hallazgo para el Vía Crucis

Hoy es Viernes Santo, una jornada de honda reflexión para los cristianos, quienes recorremos el misterio de la muerte y la resurrección de Jesús de la mano de nuestros seres más queridos. Una marcha silenciosa, llena de imágenes y de sensaciones, que vale la pena compartir...

Cuando vivía en Argentina (tampoco es que pasó tanto tiempo), y las veces que hemos ido de visita en Semana Santa (que gracias a Dios han sido varias, aún perdiéndonos el eventazo que son acá estas fechas), nos juntábamos todos en el campo. Familia nuclear, familia extendida, amigos, primos, conocidos, amigos de otros que son amigos nuestros, esas sagradas multitudes.

Y en el campo, en pleno monte de caldenes y sin itinerario marcado, hacíamos el Vía Crucis con un librito que un día trajo María y que convertimos en tradición. Un paréntesis: en los últimos tiempos, me gusta poner en valor las tradiciones, también la paradójica tradición de la ruptura, de mi admirado Octavio Paz. Atención a ellas. Que en tiempos de borrasca marcan el camino. Que nos dan identidad, raíces, el elemento del origen, tan fundamental para la persona. Que contribuyen a la memoria, sede de la sabiduría para la vida.

Entonces, caminando lentamente, grandes y chicos leíamos las estaciones, nos armábamos de paciencia cuando el que se postulaba era el que recién empezaba la primaria y mientras repetíamos “porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo” iba calando en todos los penitentes la noción de que de verdad esa muerte había sido por cada uno. Dios se había encarnado para dar su vida y eso nos tocaba el corazón también en este siglo, también personalmente, porque el Señor rompe la historia y el espacio y su plan es por mí y para mí.

Ahora estoy en España, bastante lejos de Madrid porque hemos venido a la isla de la primavera eterna que queda a tres horas de avión y es casi África, pero también hago el Vía Crucis en Viernes Santo, con mis hijos y más familia.

Y se los quiero contar porque he dado con el más lindo que existe, probablemente: el que escribió Paul Claudel en verso, “Le chemin de la Croix”. Este poeta muerto en 1955 nos introduce en el Misterio con sus versos, para cada una de las catorce estaciones que los católicos conmemoramos devocionalmente desde antiguo. La que rezamos es la versión del escritor español José María Pemán.

Como muestra, les transcribo la Segunda estación: Jesús es cargado con la cruz. Y la imagen que acompaña es de otro momento, el del Cireneo (quinta estación), pero viene a cuento y es de uno de los pintores más venerados por la Corona española coleccionista, Tiziano:

“Vio venir el madero de la Cruz como un tallo de rosa.
Lo recibió en los brazos abiertos como se recibe una esposa.

Y el árbol seco va a dar su fruto sazonado.
Ya no habrá Cruz sin Dios crucificado.

No ha subido a la Cruz para decirnos una arenga.
Ha subido a humillarse y a tener Él solo la razón
por todo el que no la tenga.

Le hemos dado el madero por el pan,
según profetizaba Jeremías-
Él recibió la Cruz como nosotros sus Eucaristías.

Yo debiera decirle: Señor, espera, espera.
Yo llevaré por Ti la pesada madera…

Pero eso ha de decirlo Él mismo: si es su decreto soberano
que yo, pobre gusano,
llegue a saber de Amor de esa manera”.

Pueden verlo completo, por ejemplo, en la página de la Diócesis de Córdoba: www.diocesisdecordoba.com

Que tengan una feliz Pascua de Resurrección.

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