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Sophia - Despliega el Alma

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Blog: Esa sutil armonía

23 agosto, 2017

¡Señora!

Cuando alguien te lo dice por primera vez puede sonar como algo descabellado y crées que se trata de un grueso error. Pero conforme pasan los años la idea se instala con todo su poder: sí, sos una mujer entrada en años. ¿Y ahora?

Por estos días, una publicidad de tintura se hizo muy popular y hasta se volvió viral por Whatsapp por reflejar con humor el monstruo interno que se nos despierta a las mujeres +40 cuando algún desconocido nos llama “señora”. Y la realidad es que la escena nos afecta a todas por igual. ¿Pero qué es realmente lo que nos molesta?

Rondaba los felices 30 la primera vez que un desconocido me llamó “señora”. Me pareció tan desubicado. ¿Señora a mí? En ese momento dolió, pero se trataba de casos esporádicos que atribuía a desacertadas reacciones de desconocidos. Ahora, pasados los 40, esa misma escena se repite varias veces por semana, pero no por eso una se acostumbra.

La semana pasada empecé el gimnasio. Fui a la tardecita a probar una clase. Al finalizar, le pregunté al profesor si en el horario de la mañana también había prácticas. El muy insolente respondió: “Sí, además hay más señoras más grandes”. Lancé una mirada a todas las presentes: promediaban los 20 años. Volví a preguntar: “¿Qué me querés decir? ¿Que no puedo mantener el ritmo?”. Obvio que me fui y a la siguiente clase opté por el turno matutino, donde no hay tantas panzas chatas.

¿Pero por qué duele que nos llamen señoras? A nuestras madres eso no les pasaba. Por el contrario, para ellas era una señal de respeto, las ponía en ese lugar de mujeres casadas que tanto las enorgullecía. Pero a las de nuestra generación nos pasa exactamente al revés. La simple mención de la palabra nos pone los pelos de punta, nos hace ir corriendo hasta el espejo más cercano para ver si hay arrugas nuevas o si el color de la tintura ya nos abandonó hace días.

Entre las muchas acepciones que da la Real Academia Española, el sustantivo femenino responde a una “Persona respetable y de cierta categoría social, que muestra dignidad en su comportamiento o aspecto”. ¡Bien! Pero también −y acá viene el quid de la cuestión− a una “Persona de cierta edad”.

Es que nosotras, las chicas que atravesamos la adolescencia en los años 80 y dimos los primeros pasos por la universidad en los 90, enarbolamos la bandera de ser jóvenes por siempre, porque tenemos una imagen sobre nosotras mismas muy distinta de la que tenían aquellas mujeres de las generaciones que nos anteceden. Andamos por la vida con más energía que las adolescentes, vestimos elegantes aunque informales, llevamos el pelo largo como veinteañeras y bailamos solas en casa mientras nos ponemos a limpiar para sentirnos bien con nosotras mismas.

Claro que somos chicas grandes y hay cosas que ya no tenemos ganas de hacer. Pero eso es muy distinto a no poder hacerlas. Porque para nosotras, el verdadero secreto de esta larga  juventud es seguir disfrutando de las pequeñas cosas y poner el cien por ciento de nuestra energía en cada cosa que elegimos hacer. Como, dice la canción de Serú Girán: “mientras miro las nuevas olas yo ya soy parte del mar”… Pero, eso sí, ya convertidas en sirenas.

La belleza de la madurez

Sí, algunas marcas de belleza ya lo entendieron: detrás de las arrugas de cada mujer, hay una historia que no se debe borrar. Hay sonrisas, lágrimas y mucho aprendizaje. Por eso, algunas empresas comprendieron que el mensaje que debían darnos no era el de animarnos a una lucha sin cuartel contra nuestra edad, sino más bien el de animarnos a estar cada vez más a gusto con nosotras mismas, tengamos más o menos líneas de expresión. La consigna: no preocuparnos por seguir cánones irreales de belleza, sino por el camino recorrido y por recorrer siendo fieles a nuestro propio estilo.

Así llegaron nuevas propuestas, como las que les comparto a continuación, con la alegría de saber que no estamos solas en esto de sentirnos lindas por dentro y por fuera, a cualquier edad.

→Pieles radiantes

La línea Skin Nourishment de Burt’s Bees propone productos para el cuidado natural de la piel, con una de las sustancias más nutritivas de la naturaleza: la jalea real. Para la marca (creada en 1984 con la idea de tener un impacto positivo en las personas y también en su entorno), la cuestión radica en ayudar a que la piel luzca más hermosa de manera ecológica, sin interferir con productos agresivos. ¿O acaso hay algo más bello que una piel naturalmente luminosa y saludable?

→Llevarnos bien con el tiempo

Dermaglós Ultra Age es la nueva apuesta de la marca con sus líneas +30 y +50, con productos específicos para cada necesidad. La misión de la campaña es dejar atrás el lema “anti age”, para alentar sonrisas y expresiones positivas, acompañando la edad de quienes utilizan sus productos. “Amemos la edad y la experiencia que nos da. ¡Basta de dar batallas contra el paso del tiempo y contra nosotras mismas!”, propuso durante el lanzamiento Tini de Bucourt, espléndida a sus 67 años.

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