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Blog: Desde Miami

10 junio, 2015

La mudanza

A punto de dar a luz a su segundo hijo, Sol nos conduce por el recorrido de sus propios miedos, de frente a la decisión de encontrar un hogar definitivo lejos de su país. ¿Alguna vez tuviste que tomar una decisión así?

 

Desde que me fui a vivir a otro país, me costó mucho tomar decisiones que me arraiguen a mi nuevo hogar. Habiendo hablado el tema con varios amigos expatriados, veo que es algo que está por lo menos medianamente presente entre quienes compartimos esta situación. Creo que es porque cuantos más pasos daba para armar algo “permanente” afuera de mi lugar de origen, más pensaba que me alejaba de Argentina. Entonces, terminé varias veces dando más pasos de carácter temporario que permanente. Haciendo un paralelismo, es como el que alquila un lugar para vivir versus el que lo compra.

Cuando estás alquilando pensás dos veces los gastos que vas a realizar, porque el lugar no es del todo tuyo y el día que te vayas, las mejoras que le hiciste le van a quedar al dueño. Así, por ejemplo, por ahí puede pasar un año sin que pongas el palo para colgar cortinas.

Sin embargo, creo que de todas partes siempre nos llevamos algo…¿no? Nos llevamos sin duda la experiencia vivida. Y eso es lo que vive permanente en nosotros. ¿Pero qué pasaría si entendiéramos que el “temporario” de hoy es nuestra vida, la única que tenemos por ahora?

Las últimas semanas me enfrenté a una situación que me desafió y me puso incómoda. Pero como soy una convencida que la incomodidad es una gran maestra en mi vida, a la fuerza le abrí la puerta.

Como dijo el gran maestro Mahatma Gandhi: “El descontento sano es la antesala del progreso”.

Con ocho meses de embarazo, surgió la oportunidad de mudarnos a un lugar en el que íbamos a estar más cómodos. Irme de la casa en la que estuve los últimos tres años y justo en la etapa de nido pre bienvenida a mi segundo hijo, me generó grandes interrogantes y bastante estrés. Si me mudaba otra vez, sería dar un paso más acá, en Estados Unidos, cuando yo siempre pienso y pensé que la próxima mudanza sería la de la vuelta a Argentina. Y ahí estaba la oportunidad, invitándome a dar el paso.

De repente, aparecieron dos grandes fuerzas: la fuerza llamada “zona de confort familiar”, por un lado y, por el otro lado, la fuerza de la novedad, de la aventura. En ese movimiento entre una y otra empezó un proceso de gran indecisión interna. Como dice esta frase tan linda del libro “Be Happy”, de Patrick Lindsay:

Take advice, seek information drawn on other’s experience. Confirm your views, but make your own choices. Set your own course. Be responsabile for your life“.

Toma consejos, busca información en la experiencia de otros. Confirma tus puntos de vista, pero siempre toma tus propias decisiones. Marca tu propio rumbo. Se responsable de tu vida”.

En el proceso de decidir si me mudaba o no, salí a buscar opiniones. La de mi marido, la de mi amigo y psicólogo Rafa Santandreu, la de mi mamá, la de una amiga, la de la inmobiliaria, la del acupunturista y así, entre otros… Fue entonces que decidí mudarme. Me dije “listo, lo hacemos”. Paso adelante. Genial. Y firmamos el contrato para mudarnos.

Pero a las veinticuatro horas de la firma de dicho contrato, cambié de opinión. Sí, me arrepentí. Me paralicé. Entré en silencio. No podía avanzar.

Aunque objetivamente sabía que mudarme tenía sentido (un departamento un poquito más grande, hasta con un jardín compartido), dentro de mí había algo que no me dejaba dar el paso. Empecé a adjudicárselo al embarazo, que los  meses, que las hormonas, que el sentido de nido, que qué podía pasar si se me adelanta él bebe, que mi hija de 2 años no se iba a adaptar, que iban a ser muchos cambios, etc. Voces, voces y más voces.

Sin embargo, algo se movió. Recordé una gran historia que me contó Rafael, mi psicólogo, sobre su abuelo y te la quiero compartir hoy a vos también. Su abuelo vivía en España, en Sevilla, y quería irse a vivir a Madrid. Finalmente, un día, armó sus valijas, preparó el auto y emprendió el viaje a la nueva ciudad. Y en el camino, mientras conducía, empezaron a subir a su coche todo tipo de pasajeros.

Pasajero miedo: “Ojo, que no te va a ir bien en Madrid, mejor vuele a Sevilla”.

Pasajero ansiedad: “Ojo, que no creo que consigas un trabajo en Madrid, como el que tenías en Sevilla”.

Pasajero dudas: “¿Y qué pasará si no logras adaptarte y conocer gente nueva?”.

Y así se le fueron apareciendo distintos pasajeros que querían acompañarlo en su viaje. El abuelo de Rafael se dio cuenta de que si les prestaba atención a estos pasajeros no iba a llegar nunca a destino. Él ya había marcado un rumbo, que era llegar a Madrid. Por eso decidió tomar nota de que ellos estaban ahí presentes, “los pasajeros”, pero sin darles importancia para seguir avanzado. Finalmente llegó a destino y, luego de varios años, logró rearmar su vida felizmente.

Luego de escuchar opiniones, decidí tomar una decisión que sabía me iba a costar, por la inmensa cantidad de pasajeros que me iban a acompañar, incluyendo el más fuerte de todos: el que me dice que cada paso hacia adelante en esta tierra será uno más lejos de mi país.

cajas

La maravillosa Maritchu Seitún escribió algo que me ayudó a tomar la decisión:

“Cuando uno se muda hay que entender que lo nuevo es lindo y también feo y que a lo viejo le pasa lo mismo. Un buen proceso incluye las cuatro cosas: por un lado, lo lindo y lo feo de mudarse a un nuevo lugar y, por el otro, lo lindo y lo feo de quedarse en el lugar anterior. Creo que eso se puede extrapolar y considerar a cualquier cambio o decisión que uno quiera hacer en la vida”.

¡Qué importante es hacer el proceso entendiendo todas las partes! ¿No? Cuando tomo decisiones en mi vida intento siempre focalizarme en lo positivo de la toma de esa decisión, pero qué importante es ver ambas caras, la positiva y la negativa, para integrarlas.

cuarto

¿En cuáles decisiones de tu vida creés que no tenés que escuchar a los pasajeros que te quieren acompañar en el viaje, para contemplar y aceptar ambas caras de la decisión y seguir avanzando?

Hoy ya hace unas semanas que estamos instalados en la casa nueva y parece que la mudanza quedo atrás. Sin embargo, lo que no quedó atrás es eso permanente que me llevo, esté ya en un lugar temporario o no. Eso permanente de fijar un rumbo, de animarse a cambiar, de mudarse de situación y no dejar que los pasajeros tomen el control del auto.

¡Abrazos y hasta la próxima!

Y de paso, les regalo una foto de mi hija en la nueva casa antes de mudarnos…

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