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Blog: Desde Nueva York

15 octubre, 2014

Esculturas al aire libre

Ya los dias se sienten mas calurosos en Nueva York. Lejos queda la primavera tan fría que hemos tenido y muchos desean que hubiera durado un poco más. Porque el verano en esta ciudad es igual de duro que el invierno. El calor asciende fácil a los 40°c y la humedad del río Hudson se pega a la piel desde la mañana. Igual, absolutamente todo local tiene aire acondicionado, por lo que es fácil conseguir un pequeño respiro del calor entrando en cualquier barcito o negocio.
De todos modos, esta época es para mí la mejor para hacer muchísimos planes que no se pueden hacer durante el resto del año. Y uno de ellos es el que les propongo a continuación. La ciudad de Nueva York no sólo alberga museos fascinantes con colecciones de arte únicas. Sus calles son también museos al aire libre, donde esculturas de artistas ilustres se mezclan con artistas del grafitti cuyas obras son prácticamente efímeras.

Mi recorrido sería el siguiente:
De norte a sur, empezaría por la escultura de Alicia en el País de las Maravillas. En el lado este del Central Park, a la altura del estanque de los barquitos, aparece esta escultura de bronce bastante icónica. No sólo se la ve en bastantes películas, sino que es un lugar habitual donde juegan los niños a treparse a las figuras.

Hacia el sur, llegando a la intersección de la Quinta avenida y la calle 57 podemos ver una escultura muy curiosa con forma de arcos multicolores.

En la cuadra siguiente, sobre la calle 56 entre la Quinta y Sexta avenida nos topamos con una pequeña joya escultórica, nada menos que una representación de un toro de Miró. Toda de bronce y de tamaño reducido, sorprende porque se encuentra en medio de la vereda, como si de otro paseante se tratase.

A pocas cuadras, sobre la Sexta Avenida y la calle 54 encontramos la tan fotografiada escultura de Love, de Robert Indiana. Posiblemente una de mis favoritas, por el carácter pop que la define.

También sobre la Sexta avenida, a la altura del Rockefeller Center, encontramos dos gigantescas esculturas de Jim Dine, copias modernas de la clásica Venus de Milo.

Otra de mis esculturas callejeras favoritas está sobre Park Avenue y la calle 42, en frente del mítico edificio Seagram. Se trata de una figura similar a una araña de Alexander Calder. De color rojo y gigantescas dimensiones, no pasa desapercibida.

Ya más al sur, en la plaza llamada Madison Square Park, ubicada en la intersección de la Quinta avenida y la calle 23, está la enorme cabeza del artista plástico español Jaume Plensa. Es bastante impactante. Casi monolítica, convive diariamente con los cientos de personas que se tiran a tomar sol en el pasto de la plaza.

El arte callejero efímero toma más importancia en la parte de la ciudad más bohemia. El famoso Meatpacking District a diario presenta nuevas obras de arte en sus muros de carácter crítico. Mis favoritos se encuentran en la calle 13 y la Novena Avenida.

Por último, no puedo no destacar al sur de la isla, donde la calle Broadway acaba casi en la punta de Manhattan, el famosísimo “Charging Bull”. El toro de Wall Street, como es más comunmente conocido, es una alegoría de los ciudadanos de Nueva York, que a pesar de las caídas y obstáculos siempre vuelven a levantarse y a enfrentar el mundo con más energía.

Pero sin duda, mi pieza de arte urbano favorita es la que está a la altura de Time’s Square. Lo sorprendente de esta obra es que no sólo es una obra del ilustre Roy Lichtenstein, sino que se encuentra nada menos que ¡en una parada de subte!

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