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Blog: Desde Madrid

12 marzo, 2015

Entre la vida y la obra

Un recorrido por el Museo Sorolla, donde la vida del pintor se refleja en sus trabajos y en ese palacio de 1900 donde su vida transcurrió. ¡La visita guiada corre por cuenta de la casa!

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Quien viene a Madrid no puede perderse el riquísimo patrimonio artístico que atesora el trío de museos del Prado, Reina Sofía y Thyssen Bornemisza. Pocas ciudades pueden presumir de concentrar colecciones tan impresionantes a tres cuadras de distancia. Para los viajeros empedernidos, para quienes pasen más tiempo aquí del previsto, o para los entusiastas del arte español nomás, sepan que existen otros museos de arte para visitar. Y fabulosos. Les presento hoy el Museo Sorolla. Ya verán que vale la pena.

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Ubicado en la Avenida General Martínez Campos, muy cerca de la Castellana, el museo es la que fuera la casa familiar de Joaquín, el pintor, fue donada al Estado por Clotilde, su viuda. Como Sorolla la construyó siendo ya un artista consagrado, es imponente; de los pocos palacetes de 1900 que siguen ahí, en pie y accesibles para todos.

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La puerta labrada de hierro nos deja en un jardín muy andaluz, (aunque con una pizca de estilo italiano), con un naranjo, azulejos, fuentes, esculturas, senderos… Un paisaje muy frondoso, que invita a quedarse admirándolo muy tranquilamente -como hicimos con mi amiga Lucia; poniéndonos al día el tiempo no pasaba- aunque ya no tenga las flores, las que vemos en las obras del museo, como este retrato de Clotilde García del Castillo, la mujer del pintor.

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También hay un patio andaluz dentro de la casa que, junto con varias representaciones de la Alhambra en su estudio, no deja dudas acerca del amor de Sorolla por Andalucía.

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El visitante tiene, en la propia casa del artista, en su estudio, en la propia intimidad de un pintor tan intimista (que pintaba, por sobre todas las cosas, a su mujer, su Clotilde, la madre de sus hijos, sus tres hijos y a sí mismo), el testimonio directo de la vida común de Sorolla y eso es lo que llega al corazón.

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Porque, a riesgo de parecer cursi, te confieso que lo que más me impactó de este pintor es su vida matrimonial: que no dejara de retratar a su querida mujer, que le escribiera cartas todo el tiempo en las que le dijera cosas como: “los hijos son los hijos, pero tú eres mi carne, mi cerebro y mi corazón”. Y se adivina en sus obras una mirada de padre, de amante, de cómplice que conmueve.
Pero claro, por sobre todo está la pintura, la luz del maestro de la luz. Porque Joaquín Sorolla alcanzó su fama mundial pintando las playas del Mediterráneo, su sol, sus pescadoras. Él era valenciano y ahora mismo puede verse la exposición temporal “Trazos en la arena”, que muestra la relación entre el artista y el mar, en dibujos, estudios y obras increíbles. Y en su obra más monumental, su “Visión de España” para The Hispanic Society of America de Nueva York, hizo un mural gigantesco con imágenes de las tierras y las gentes de España a plena luz del sol.

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A la salida, se come en Lateral Castellana 42. Que suene tan imperativo es adrede: no se puede una perder esa terraza techada y super trendy. Sobre todo cuando ya me declaré amante del de Velázquez, con lo que no se discute que me gusta lo que sirven -tapas y comida española- pero este es mucho más lindo. Así de lindo, con sus lámparas orientales y sus alfombras y su estantería verde.

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A ver si te animás a conocer este museo… ¡Juro que me lo vas a agradecer!

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